La época navideña y Rotary comparten una relación profunda que va mucho más allá del calendario.
Ambas se encuentran unidas por valores universales que cobran especial fuerza en estos meses: la solidaridad, la generosidad, la amistad y el compromiso con el servicio a los demás. La Navidad, entendida no solo como una celebración religiosa sino como un tiempo de reflexión y encuentro humano. Coincide de manera natural con nuestro espíritu rotario de “Dar de Sí, antes de pensar en sí”.
Durante la Navidad, las personas suelen abrir más el corazón a las necesidades ajenas. Se intensifica el deseo de ayudar, de compartir y de tender la mano a quienes atraviesan dificultades. Este impulso coincide plenamente con la razón de ser de Rotary, una organización que trabaja todo el año por el bienestar de las comunidades, pero que en esta temporada encuentra un terreno especialmente fértil para multiplicar su impacto. Campañas de apoyo alimentario, colectas de juguetes, visitas a asilos, hospitales o comunidades vulnerables son expresiones muy visibles de cómo el ideal rotario se traduce en acciones concretas durante estas fechas.
La Navidad también es tiempo de amistad y convivencia, otro pilar fundamental de Rotary. En los clubes rotarios, esta época suele fortalecer los lazos entre socios y sus familias mediante reuniones, posadas y actividades de integración. Estos encuentros no son solo sociales; refuerzan el compañerismo que hace posible el trabajo en equipo y el liderazgo colaborativo que caracteriza a Rotary, La amistad rotaria, cultivada en un ambiente de respeto y servicio, se ve revitalizada por el espíritu festivo y reflexivo de la Navidad.
Asimismo, la Navidad invita a la introspección y la evaluación personal. En Rotary, este ejercicio se relaciona directamente con la Prueba Cuádruple: ¿Es la verdad?, ¿Es equitativo para todos los interesados?, Creará buena voluntad y mejores amistades?, ¿Será beneficioso para todos los interesados? Estas preguntas cobran especial relevancia en una época que nos llama a actuar con honestidad, justicia y compasión. La Navidad se convierte así en un recordatorio práctico de los principios éticos que guían la vida rotaria.
No olvidemos la dimensión de paz que simboliza la Navidad y que armoniza con uno de los grandes objetivos de Rotary a nivel mundial: la construcción de la paz y la comprensión entre los pueblos. El mensaje de esperanza, reconciliación y buena voluntad que caracteriza estas fechas se refleja en los proyectos humanitarios, educativos y de desarrollo sostenible que Rotary impulsa en todo el mundo, sin distinción de credos, culturas o ideologías.
Podemos concluir que la relación entre la época navideña y Rotary es natural y profunda. La Navidad refuerza y visibiliza los valores que Rotary práctica durante todo el año: servicio desinteresado, amistad sincera, ética en todos sus actos y un fuerte compromiso con la paz. Para nosotros los rotarios, esta temporada no solo es un momento de celebración, sino una oportunidad renovada para vivir con mayor intensidad nuestra vocación de servir y transformar positivamente la vida de los demás.
En esta Navidad, quienes formamos parte de Rotary renovamos nuestro compromiso de servir por encima de nosotros mismos. (Service above Self) Es un tiempo para compartir, tender la mano y recordar que la verdadera riqueza está en ayudar a los demás. Así como la Navidad nos invita a la esperanza, Rotary nos impulsa a convertirla en acción: con amistad, solidaridad y servicio desinteresado. Que estas fiestas fortalezcan nuestros lazos, iluminen nuevos proyectos y nos inspiren a seguir construyendo comunidades más justas y humanas. Que el espíritu navideño nos acompañe todo el año, dentro y fuera de Rotary.
UNIDOS PARA HACER EL BIEN
SALUDOS Y SALUD
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Humberto Valdez amigo rotario de Saltillo nos envía este texto que transcribimos en seguida: Llevo dos apellidos y aunque para muchos sean solo palabras impresas en un documento, para mí son dos historias completas, dos caminos que se cruzaron y me dieron un origen que llevo tatuado en el alma. No son simples letras: son raíces, son memoria, son fuerza. Son el eco de dónde vengo y brújula que me guía hacia donde voy.
Del primero estoy orgulloso porque pertenece al hombre más fuerte que he conocido. No solo hablo de músculos o de resistencia física, sino de esa fuerza silenciosa que se demuestra con sacrificios diarios, con madrugadas sin quejarse, con manos marcadas por el trabajo y una espalda que cargó más peso del que cualquiera imagina.
Ese apellido huela a tierra, a sudor honesto, a responsabilidad, a ese amor que no siempre sabe expresarse con palabras, pero que se siente en cada gesto. Él me enseñó que la vida no siempre es fácil, pero que rendirse no es opción. Me enseñó a levantar la cabeza incluso en los días en los que el mundo parece más grande que uno mismo. Por eso llevo su apellido en alto, porque no solo es suyo; ahora es parte del ejemplo que me sostiene cuando siento que ya no puedo más.
El segundo apellido es pura admiración y respeto porque viene de la mujer más valiente de mi vida. Su valentía no es de película es de esas que se viven en silencio, que se demuestran en las pequeñas cosas que muchos no ven: en cómo se secaba las lágrimas sin que nadie notara que lloró, en cómo seguía dando amor incluso cuando estaba rota, en cómo convertía la preocupación en ternura y el cansancio en cuidado.
Esa mujer llevaba en su mirada la historia de todas las batallas que enfrentó sola, de todas las veces que fue escudo, consuelo, guía y abrazo. Ella fue la prueba de que la fortaleza no siempre grita; a veces susurra mientras sigue adelante, paso a paso, día tras día.
Por eso, cuando junto mis dos apellidos, siento que llevo un escudo hecho de dos corazones que dieron todo por mí. Son un recordatorio constante de que vengo de personas que supieron luchar, amar, y resistir. Que mis raíces están formadas de esfuerzo y de valentía y que mi historia comenzó mucho antes de que yo aprendiera a escribir mi nombre.
Hoy entiendo que mis apellidos no son casualidad. Son mi herencia emocional, mi orgullo más grande. Son el abrazo invisible de mi padre y de mi madre acompañándome en cada paso que doy. Y mientras tenga la oportunidad de llevarlos, prometo honrarlos con mi vida. Porque cuando llevo mis apellidos, los llevo a ellos… Y eso nunca dejará de ser mi mayor honor.