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LITERATURA

Palabra de mujer, el legado que abrió paso a las voces contemporáneas

Este es un breve repaso por la obra de algunas de las escritoras más prominentes de la historia, desde las primeras feministas europeas hasta las autoras mexicanas que revolucionaron la literatura hispanohablante.

Inés Arredondo. Imagen Cafe con Letras.

Inés Arredondo. Imagen Cafe con Letras.

ARCELIA AYUP SILVETI

Historias indignantes, olvidadas y clandestinas. Historias de todos los tiempos y continentes. Historias de mujeres que se negaron a aceptar estereotipos y frenos, que contribuyeron en la literatura y en la equidad de género, algunas cuando esos espacios eran exclusivos de hombres. A un puñado de esas extrordinarias autoras me referiré hoy.

México, siglo XVI: Sor Juana Inés de la Cruz (1648-1695). Escritora, feminista, cocinera, autodidacta. Poeta enigmática, bella, cultísima, brillante, gigante de las letras, enhebraba rimas perfectas. Prefirió el convento al matrimonio, para así gozar de sus aficiones intelectuales y nutrirlas. Leía, escribía, cocinaba y cumplía con sus deberes en el convento. Se apoyaba en la comida para persuadir a su enérgico confesor, Antonio Núñez de Miranda, para que la dejara leer más tiempo. Mientras movía la pluma, descansaban las ollas, los aromas, los sabores y los amores. Entre sus frases más conocidas está: “¿Dónde los hombres usurparon el derecho de Dios de juzgar, acusar y castigar?” ¿Cómo podía lograr una mujer de su época escribir con tal magnitud y riqueza? ¿Qué más nos hubiera regalado si la tifoidea no se la hubiera llevado a los cincuenta y dos años?

Francia, siglo XVIII: Olympia de Gouges (1748-1793). Panfletista, dramaturga y filósofa política, luchó desde la burguesía por la abolición de la esclavitud y la equidad de género. En 1791 se publicó su obra Declaración de los derechos de la mujer y de la ciudadana. En los escenarios donde se le presentaba la oportunidad, preguntaba al público: “Si las mujeres estamos capacitadas para subir a la guillotina, ¿porqué no podemos subir a las tribunas públicas?”. Falleció a los cuarenta y cinco.

Inglaterra, mismo siglo: Mary Wollstonecraft (1759-1797). En 1792 publicó un libro incendiario para su época: Vindicación de los derechos de la mujer. En él exige educación e independencia para la mujer, así como los mismos derechos que los hombres. Se niega a que el papel femenino sea decorativo, de esposa o pieza de ajedrez. “Hacedlas libres y pronto se volverán sabias y virtuosas, a la vez que los hombres lo serán más. Pues la mejora debe ser mutua, o la injusticia a la que una mitad de la raza humana está obligada a someterse se volverá contra sus opresores”, escribió. Tenía treinta y ocho años al morir.

En el mismo territorio, pero en el siglo XIX, tres hermanas escritoras, Charlotte (1816-1855), Emily (1818-1848) y Anne Brontë (1820-1849), dieron vida a historias con protagonistas femeninas en novelas poderosas y brutales. Dejaron de existir muy jóvenes; Charlotte de treinta y nueve años, Emily de treinta y Anne de veintinueve.

Enriqueta Ochoa. Imagen Archivo El Siglo de Torreón.
Enriqueta Ochoa. Imagen Archivo El Siglo de Torreón.

SIGLO XX EN MÉXICO

De Torreón, Coahuila, destaca la portentosa Magdalena Mondragón (1913-1989). Narradora, poeta y dramaturga, fue la primera mujer en América Latina en dirigir un periódico nacional, Prensa gráfica, en 1950. Antes de eso, trabajó en El Siglo de Torreón y estudió en la Escuela de Filosofía y Letras de la Universidad Autónoma de México (UNAM). Conocía el poder de sus palabras, de ahí que sea considerada un parteaguas en la historia. 

Para encarnar a los personajes de su estrujante libro Yo, como pobre (1944), Mondragón tuvo la determinación de convivir varios meses con pepenadores de la Ciudad de México en la década de los cuarenta. Conoció las miserias, enfermedades, perros callejeros, muertes y prostitución de este ignorado segmento de la población. La obra recrea, con un característico ingenio mexicano, escenarios vivos y atmósferas que estimulan la imaginación de cualquier lector. La escritora falleció a los setenta y seis años, después de una lucha contra el cáncer.

Puebla vio nacer a otra grande de las letras: Elena Garro (1916-1998). Dramaturga, novelista, poeta, periodista, actriz y coreógrafa, sus historias, tan fantásticas como verosímiles, introdujeron en la literatura nacional la cosmovisión de los pueblos de provincia, del imaginario campesino e indígena en una época en la que estos grupos habían pasado a segundo término. Se considera, junto a Juan Rulfo, creadora del realismo mágico. Su novela Recuerdos del porvenir (1963) es una de las obras hispanoamericanas más perfectas de la época contemporánea. Se casó con Octavio Paz, ganador del Nobel de Literatura, de quien se ha dicho sentía celos profesionales hacia ella y que incluso llegó a quemar su obra. Garro vivió hasta los ochenta y dos años.

Otra admirable torreonense es Enriqueta Ochoa (1928-2008), cuyos poemas han sido traducidos a varios idiomas. Recibió gran cantidad de premios, entre ellos la Paca de Oro 1979 como Hija Predilecta de Coahuila y la Medalla de Bellas Artes 2008. Fue profesora en la UNAM, la Universidad Autónoma del Estado de Morelos (UAEM), la Sociedad General de Escritores de México (SOGEM) y la Escuela Normal Superior del Estado de México (ENSEM). También coordinó talleres literarios del Instituto Nacional de Bellas Artes en diversos estados. En 1994, Conaculta, el Ayuntamiento de Torreón y el Icocult crearon el Certamen Nacional de Poesía Enriqueta Ochoa. La poeta trascendió con ocho décadas de edad.

En Culiacán, Sinaloa, nació Inés Arrredondo (1928-1989). Crítica literaria, ensayista y gestora cultural, escribió sobre temas que sólo los hombres habían abordado hasta entonces, como el erotismo, la locura, la muerte, la perversión, el amor, la pasión, la pérdida de la inocencia, la infidelidad y la traición. Sus textos son reflexivos y poseen una exquisita prosa poética. Falleció a los sesenta y uno.

Rosario Castellanos (1925-1974) nació en la Ciudad de México y al poco tiempo sus padres la llevaron a Comitán, Chiapas. Mujer de contrastes, vulnerable y fuerte, defiendió los derechos de las mujeres e indígenas de Comitán, lucha que trasladó a su obra literaria. Era tímida, con autoestima baja y sufría crisis depresivas. Aquí un fragmento de su poema “Entrevista de prensa”: “Escribo porque yo, un día, adolescente, me incliné ante un espejo y no había nadie. ¿Se da cuenta? El vacío. Y junto a mí los otros chorreaban importancia”. Se refugió en las letras para evadirse de sí misma, para olvidar su belleza lejana, para no mirar su propia figura.

Vivía entre el amor y el desamor. Enloqueció por el filósofo y periodista Ricardo Guerra, quien se casó con otra mujer. Chayito, ―como la llamaba Jaime Sabines―, redactó 73 cartas desgarradoras para su amado, editadas como Cartas a Ricardo. Finalmente él se divorció y contrajeron matrimonio, concibiendo a su unigénito Gabriel. A los cuarenta y nueve años, Castellanos sufrió una descarga eléctrica mientras era embajadora de México en Israel y catedrática en la Universidad Hebrea de Jerusalén. Se puso en tela de juicio si esta versión había sido real. Jaime Sabines escribió en su poema “Recado a Rosario Castellanos”: “Sólo una tonta podía dedicar su vida a la soledad y al amor. Sólo una tonta podía morirse al tocar una lámpara”. La escritora dejó un legado de veintitrés fascinantes libros. 

Chimamanda Ngozi Adichie impartiendo una TED Talk. Imagen Osita Nwegbu.
Chimamanda Ngozi Adichie impartiendo una TED Talk. Imagen Osita Nwegbu.

SIGLO XXI

Actualmente, la nigeriana Chimamanda Ngozi Adichie, de 47 años, es una de las más importantes exponentes del feminismo y emblématica escritora contemporánea. En Todos deberíamos ser feministas (2014) y Querida Ijeawele, o Cómo educar en el feminismo (2017) aborda experiencias de opresión y violencia en su país, pero también la revalorización africana y el valor de la amistad. 

Estas excepcionales escritoras allanaron el camino para que, en la actualidad, las mujeres gocemos de una mayor libertad de expresión y autonomía. Cada una de ellas, desde sus espacios-tiempos, contribuyeron—Chimamanda lo sigue haciendo— en esta lucha que continúa. La fuerza de sus letras pervive.

giraluna3312@gmail.com

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