FOTO: Ramón Sotomayor
Sigmund Freud acuñó el concepto de pulsión sexual como una característica propia del ser humano. Así lo define en el texto Pulsiones y destinos de pulsión (1915): “El estímulo pulsional no proviene del mundo exterior, sino del interior del propio organismo”. Agrega que “no actúa como una fuerza de choque momentánea, sino siempre como una fuerza constante”.
Es esta pulsión sexual la que es abordada por la artista lagunera Patricia G. Santiago (Torreón, 1978), a través de su exposición ‘Pieles Perpetuas’, que forma parte de su serie ‘Cargos Orgánicos’, compuesta por 12 piezas, y la cual permanecerá abierta al público hasta el 14 de enero en la galería de Casa La Morelos.
A pesar de que en un primer momento lo que se observa en las piezas está relacionado con lo pornográfico, lo erótico o lo sexual, la artista afirma que cada traza posee un trasfondo espiritual.
“Por ahí me llegó un comentario de gente que ha visitado la exposición que, cuando uno está vacío, recurre al deseo. Este juego de lo pleno y lo vacío, para mí, es recurrir a lo carnal y al deseo. Es encontrarme, ir al fondo de ese frasco vacío, ir a tocar esas energías primitivas”.
Portadora de una formación académica sólida y un dominio técnico construido durante años a través del estudio y la práctica, Patricia G. Santiago comenzó su camino pictórico en el taller del maestro Tomás Ledesma, quien le ayudó a fortalecer sus bases formales y definir su vocación artística. Más tarde, fue aceptada en la Escuela Nacional de Artes Plásticas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Fue en ese periodo cuando pudo profundizar en teoría del arte, métodos experimentales y procedimientos pictóricos avanzados.
La técnica empleada en la docena de obras que conforman a ‘Pieles Perpetuas’ consiste en una base de acrílico y óleo sobre lienzo. En ella, Patricia G. Santiago deja que los cuerpos hablen, que lo sensual y lo sexual abran sus límites y, como siempre ha propuesto en sus exposiciones, espera que sea el espectador quien cierre el acto.
“Trato de hablar de la sexualidad, no como un poder, porque ahí está la frase (de Oscar Wilde): ‘Todo en la vida es sexo, menos el sexo; el sexo es poder’. Y estos mecanismos del poder polarizan a la sexualidad, la extrapolan en dos géneros y, a partir de ahí, igual con la violencia y fuegos internos, es esta preocupación de las energías, en este caso, de la sexualidad”.
Patricia G. Santiago, quien hasta agosto pasado se desempeñó como coordinadora de Artes Visuales en el Instituto Municipal de Cultura y Educación (IMCE), compartió que, para ella, al igual que el arte, la sexualidad es una pregunta abierta. A través de sus obras, invita al cuestionamiento a partir de lo perceptual.
“Lo que quiero compartir en esta serie es que la sexualidad es una energía para todos, como el agua que fluye. A partir de ahí podemos resetearnos y volver a nacer, como esta idea de buscar la belleza que vuelve a abrir al mundo en lo real y ver un mundo nuevo. Entonces, todos tenemos pulsión sexual, en una menor o mayor medida, sólo que para encajar en una estructura o en una sociedad, de pronto nos limitamos o nos estructuramos para la convivencia”.
Patricia G. Santiago pinta cuerpos en escenas colectivas, deja indefinidos los rostros y omite plasmar los órganos sexuales de los personajes. Todo esto tiene una intención, incluso hasta feminista. Hay una idea de que la mujer siempre debe acceder ante las fantasías sexuales de los hombres, pero esa idea debe debatirse, refutarse. Y esto no quiere decir, aclara la artista, que las mujeres no tengan fantasías sexuales. Asimismo, al ser pinturas de imágenes tomadas en internet, respeta la decisión de las personas que participan en estas escenas de sexo colectivo, por eso trata de mantener su anonimato.
“Cuando pinto estas piezas sí siento como angustia, dolor... esta parte de que a lo mejor esta gente tiene necesidad, y a lo mejor lo goza, o ni lo piensa. Entonces, no sólo estoy pintando imágenes, también hay una cuestión de flagelación algo fuerte y de mucho respeto. Por eso trato de ocultar las caras, que no sean tan explícitas, de enmascarar un poco por ese respeto. Creo que esta sacralidad, guardar el misterio, es algo que sí me gusta cuidar”.
