La palabra persona nos viene del griego a través del etrusco y luego del latín. En el primero de estos idiomas existía la voz Prósopon, con el significado de máscara teatral.
En el teatro griego, los actores representaban a sus personajes usando caretas según fuera el carácter de cada uno: alegre, triste, iracundo, etc.
Las máscaras expresaban la personalidad de los protagonistas, y luego Prósopon terminó por denotar al sujeto mismo en cualquier lugar, en vez de al personaje representado.
El vocablo Prósopon pasó al pueblo etrusco y se convirtió en Phersu, de ahí los romanos lo tomaron y derivó en la voz Persona, como la conocemos ahora también en español.
El concepto de persona adquirió fama desde los debates cristológicos del siglo IV en el Concilio de Nicea, cuando los obispos conciliares tomaron la noción de hipóstasis para explicar al Logos como Persona Divina. Posteriormente, la noción se aplicó al Espíritu Santo, a los ángeles y a los seres humanos.
Tiempo después Manlio Severino Boecio, filósofo del siglo VI, compuso la definición de este término que duró por muchas centurias, y en el ámbito eclesiástico aún perdura. Boecio dijo que Persona es una naturaleza racional en una sustancia individual, o lo que es lo mismo, que para considerar a alguien como persona, debemos reconocerle entendimiento, memoria y voluntad, independientes y distintos de los de todos los demás.
Con el tiempo la definición de Boecio no llenó el concepto en toda su amplitud, pues por ejemplo, en el campo jurídico concebimos como persona a una empresa, a lo que denominamos persona moral, y tiene todas las características de un individuo ante los tribunales, pues ejerce actividades, puede ser representada para defender sus derechos, le pueden exigir el cumplimiento de obligaciones, etcétera. Entonces la persona jurídica como se concibe en la actualidad, ya no es solamente una sustancia individual de naturaleza racional, el concepto de extiende a una entidad capaz de ejercer alguna actividad y ser sujeto de derechos y obligaciones, cualquiera que sea su naturaleza, aunque su individualidad no sea necesariamente biológica.
En Argentina un orangután hembra llamada Sandra, habitante de un zoológico de Buenos Aires, fue declarada Persona no Humana por una juez en un procedimiento de habeas corpus mediante el cual se solicitó -a nombre de este orangután- su liberación y traslado a un santuario, por lo que a partir de la sentencia ya no se le considera un objeto, sino una persona que es sujeto de derechos, sobre todo los fundamentales, como el derecho a la vida, a la salud y a no ser maltratada.
La doctrina de la Iglesia Católica destaca por la defensa que hace sobre la Dignidad de la Persona Humana, a quien, según esta corriente de pensamiento, se le debe reconocer un lugar muy elevado en la escala jerárquica del universo, por encima del dinero, las cosas, las ideas e incluso de grupos que por alguna razón ideológica pretendan afectar a una sustancia individual de naturaleza racional.
El debate sobre cuándo se empieza a dar una persona con todos sus derechos y obligaciones sigue alargándose. Algunos aseguran que la persona individual comienza a existir en el momento en que el sujeto es concebido, y a partir de ahí tiene todos los derechos inherentes a todas las personas, otros en cambio afirman que el embrión aún no se puede considerar como sujeto individual, por tanto no tiene derechos en absoluto, y se puede suprimir sin violar ninguna ley de la naturaleza. No se le ve final a esta discusión, pues más depende del modo de pensar de los individuos y grupos, que de la esencia misma de quien está como sujeto central del debate.
Ingmar Bergman, cineasta sueco, escribió, produjo y dirigió Persona, una película enigmática y que admite múltiples interpretaciones, al grado que ha sido llamada el Monte Everest del análisis cinematográfico. Lo que vemos en esa historia solamente se puede narrar con cine, no hay texto escrito o hablado que exprese lo mismo de la película. Se trata de una relación entre dos mujeres, enfermera y paciente, que se funden en una sola, si acaso esto que le digo es una interpretación correcta del filme, pues su explicación admite glosas múltiples y contradictorias.