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Su SALUD ORAL

EL VALOR DE UNA SONRISA

Estamos a unos días de la Navidad 2025, época de reuniones, regalos, días bonitos y también tristes. A propósito de la Navidad, a continuación comparto un relato escrito por Antoine de Saint-Exupéry, célebre autor de El Principito. Este famoso escritor y aviador francés escribió una historia fascinante, basada en una supuesta experiencia personal, que tituló La Sonrisa.

Narra que, durante la guerra civil española, en la que combatió contra Franco, fue capturado por el enemigo y arrojado a una celda. En esas circunstancias, se dispuso su ejecución para el día siguiente. Este es su patético testimonio: estaba seguro de que iba a morir. Estaba terriblemente nervioso y angustiado.

Miró al vigilante a través de los barrotes de la prisión. Él no hizo contacto visual alguno. Después de todo, no se mira a una cosa, a un cadáver. Lo llamó… Cuando se acercó, inadvertidamente su mirada se encontró con la mía. En ese momento le sonreí; no sé por qué, pero lo hice. Quizá estaba nervioso, quizá fue porque, cuando estás muy cerca del otro, es difícil no sonreír. En todo caso, le sonreí.

En ese instante, fue como si una chispa se hubiera encendido en nuestros corazones, en nuestras almas humanas. Sé que no lo quería, pero mi sonrisa atravesó las barras de la prisión y generó también una sonrisa en sus labios. Manteniendo la sonrisa, lo vi ahora como a una persona y no como a un carcelero. Su mirada parecía tener una nueva dimensión hacia mí.

"¿Tiene hijos?", me preguntó.

"Sí, aquí, aquí", respondí, y saqué mi cartera, buscando nerviosamente las fotografías de mi familia. Él también sacó las fotografías de sus hijos y comenzó a hablar de sus planes y esperanzas para ellos. Mis ojos se llenaron de lágrimas. Le dije que temía no volver a ver a mi familia, que no tendría oportunidad de verlos crecer. Las lágrimas llenaron también sus ojos. De repente, sin decir una palabra, abrió la puerta de mi celda y, sigilosamente, me sacó por calles desoladas hasta los linderos, donde me liberó. Sin decir nada, regresó a la ciudad.

Saint-Exupéry termina su relato con la sugestiva reflexión: "Una sonrisa salvó mi vida."

Algunas personas parecen más sensibles que otras, y esto es una cualidad admirable. Las parejas bien avenidas son sensibles el uno con el otro y no presentan exigencias cuando uno de ellos ha tenido un día difícil.

Pero ser sensible también puede ser una desventaja. Las personas inseguras son tan sensibles que se sienten heridas ante la más leve observación. Este síndrome se conoce como hipersensibilidad. Con el tiempo he aprendido que todas las personas somos muy sensibles al trato amable. La sensibilidad tiene formas tanto físicas como mentales. Continuará...

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