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19 segundos y la solución del caos vial

MANUEL VALENCIA CASTRO

Uno de los argumentos que más se repitieron para justificar la construcción del sistema vial abastos Independencia y sus lamentables impactos ambientales, fue que los vehículos que pasarán por ahí cuando esté terminado, se ahorrarán 19 segundos, supongo que en relación al tiempo que se hacía cuando había el semáforo.

Ignoro a quien se le ocurrió tal argumento o de dónde salió, pero lo que si sé es que no tardaron ni 19 segundos en pensarlo ni en su desmoronamiento antes de lograr algún viso de convencimiento en las personas que se oponían a la construcción del dichoso sistema vial.

En lo que a mi respecta y seguramente para muchas personas más, se han convertido en los 19 segundos más largos de nuestras vidas, porque las maniobras de la construcción no sólo exacerbaron el caos vial in situ, y de las calles paralelas y circundantes, también ocasionó la formación de largas filas de coches, motos y transporte público, que se mueven a vuelta de rueda y que en las horas pico se puede tardar más de una hora en pasar el área disturbada. Esto también ha provocado una mayor contaminación del aire por óxidos de Nitrógeno, monóxido de carbono, material particulado, dióxido de carbono y dióxido de azufre, entre otros.

Lo que se tendría que preguntar ahora mismo es ¿la estrategia de construcción de pasos a desnivel es la más adecuada para resolver el caos vial de la ciudad? ¿dicha estrategia responde a las necesidades de las personas que, por razones diferentes, tienen que moverse?

De acuerdo con un diagnóstico del IMPLAN, anterior a la construcción de las obras viales aquí citadas, "la infraestructura de movilidad no es incluyente ni equitativa", no es difícil saber por qué: la base en las que se apoya y justifica la construcción de infraestructura vial es el índice de motorización, el cual se calcula estableciendo una relación entre el número vehículos motorizados y el número de habitantes, lo más común es el número de vehículos por cada mil habitantes, esto termina centrando todo en el automóvil como medida principal de movilidad y deja de lado otros modos de transporte y necesidades urbanas. En otras palabras, se construyen más vías y distribuidores pensando en el crecimiento del parque vehicular y se incentiva aun más el uso del automóvil, lo que termina saturando las nuevas infraestructuras en poco tiempo. Esto está ocurriendo en Torreón y en la zona metropolitana, esto además genera desigualdad en movilidad.

Antes de pensar en la planeación de obras viales costosas, sería recomendable pensar de una forma más integral e iniciar considerando aquellas acciones que sean de bajo costo y alta factibilidad. Por ejemplo, optimizar rutas de autobuses, aumentar frecuencia en horas pico y renovar unidades viejas con modelos más eficiente; esto no requiere construir infraestructura nueva, sino reorganizar lo que ya existe.

En varias ciudades latinoamericanas se han implementado corredores exclusivos para autobuses con inversión moderada y gran impacto.

Fortalecer ordenadamente el uso de bicicletas y actividad peatonal, a través de la creación de ciclovías sencillas y señalización, ampliar banquetas y mejorar la iluminación.

Esto requiere de poca inversión y genera beneficios inmediatos en salud y descongestión. La gestión inteligente del tráfico con recursos limitados a partir de sincronizar semáforos, establecer horarios escalonados para escuelas y oficinas, para esto, sólo se requiere tecnología básica y coordinación institucional, sin necesidad de grandes sistemas. Pero bueno, como se ha estado presumiendo mucho dinero para la construcción de obras viales, habría que considerar lo anterior como un primer paso de corto plazo entre uno y tres años, luego se pasaría a un segundo paso de mediano plazo de tres a siete años que podría incluir lo siguiente: construcción de carriles preferenciales para autobuses en avenidas principales y centros de transferencia modal con paradas que conecten autobuses con bicicletas y taxis regulados.

En el largo plazo de siete a 15 años, se pondrían en práctica proyectos de transporte masivo, como trenes suburbanos y Metrobús, además, crear las condiciones para transitar hacia la electrificación progresiva del transporte público con autobuses eléctricos o híbridos en rutas de alto flujo.

El caos vial no es un destino inevitable, sino el resultado de decisiones urbanas y culturales que pueden transformarse. Apostar por ciudades más humanas, con transporte público eficiente, espacios peatonales y tecnologías inteligentes, es una tarea urgente. Resolver el tránsito no sólo significa llegar más rápido, sino vivir mejor: con aire limpio, menos estrés y mayor calidad de vida.

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