Sucedió hace 90 años. Segunda parte. La Opinión publicó el 17 de junio de 1935: Fue declarada ilícita una huelga de campesinos. Los huelguistas tienen 24 horas para volver a sus trabajos. Ayer supimos en la Junta Municipal de Conciliación de Durango, que la huelga que declararon en la hacienda Manila los campesinos del Sindicato Librado Rivera, acaba de ser declarada ilícita.
Cuando supieron eso los compañeros -narra Manuel Murúa- se me empezaron a colear, pues ellos no tenían mucha experiencia y yo les dije: Nomás no se me chiveen, vamos bien, está mejor que den color.
Inmediatamente me fui a Gómez y le dije a los compañeros de la Federación, a Arturo Rodríguez, que era Secretario General, a Domingo Garibaldi, a Mariano Padilla:
Bueno, ¿cómo le vamos a hacer? Aquí está lo que dice el presidente de la Junta de Conciliación y Arbitraje de Durango. Vamos a pedir amparo.
-Pues, puede que tengas razón.
Seguro, a eso vine, pero no tengo dinero. Ustedes saben lo que hacen, nosotros estamos muy fregados.
-Vamos a ver un licenciado.
Nos fuimos a Torreón y vimos al licenciado Olvera, le planteamos el asunto y le hablamos a lo macho, que sin dinero queríamos que nos sirviera, que nos hiciera ese trabajo, y nos lo hizo ¡Fíjense! Dijo: Sí, yo me espero por mis honorarios, señores.
Inmediatamente nos formuló la demanda de amparo pidiendo la suspensión de la resolución de la Junta.
Fui al Juzgado de Distrito, hablé con el Juez, le planteé el asunto y le dio entrada al amparo, luego, el mismo día que estallaba la huelga. Como a las cuatro de la tarde me dio la copia.
La Opinión publicó el 19 de junio de 1935: Se amparó el sindicato de Manila ayer. Puede decretar la huelga a los dueños de la hacienda. Los acuerdos de la Junta Central de Conciliación de Durango fueron declarados nulos. A las once de ayer se celebró en el Juzgado 20 de Coahuila a cargo del licenciado Martínez Adame la audiencia privada previa del incidente de suspensión del juicio de amparo promovido por el señor Manuel Murúa a nombre del Sindicato de Campesinos Librado Rivera de la hacienda de Manila, contra los actos de las Juntas de Conciliación y Arbitraje Municipal de Durango y Gómez Palacio.
El día que declaramos la huelga, habíamos puesto las banderas rojinegras a las seis de la mañana, los dejé y me fui a meter el amparo. En la tarde, cuando me dio la copia el juez, no tenía ni un centavo y me regresé a pie desde Torreón a Gómez y de ahí al rancho, llegué ya de noche.
Como a las seis de la tarde les habían roto la huelga los cuicos, y la'cordada los había hecho bolita ahí, les quitaron la bandera:
¿Qué pasó?, les dije.
-No, pues, nos quitaron la bandera, rompieron la huelga.
No tengan cuidado.
Los dejamos trabajar nomás un día, vamos y les quitamos la bandera y al otro día estalló otra vez el movimiento de huelga. Ahí estuvimos.
Empezaron a dar color los del sindicato blanco, tras del señor que se llamaba Martín Macías, que le decían "huaraches de zalea". Éste era el que visitaba por allá a los patrones, y el que fue a formar un sindicato blanco que le llamó Maclovio Herrera, para encararlo al nuestro, Librado Rivera. Lo formaron con diez o quince que no entraron con nosotros, con empleados de confianza, la criada, un herrero, un carpintero, el albañil, el mulero, los celadores, total que lo acabaron. Luego empezó gente a buscar trabajo: "Sí, hombre, afiliate al Sindicato Maclovio Herrera, estate ahí, busca la sombra de un árbol", estaba ahí un pinabete, "se te paga un peso diario y ahí te estás".
Luego, a poco, tenían mayoría, hicieron el sindicato como comité agrario y tenían muchísimos.
Cuenta uno: Yo no era miembro del sindicato, pero era un trabajador de la hacienda. Una vez me mandó invitar el patrón al sindicato blanco, tendría derecho a camión para ir al mandado y a sembrar maíz, lo que no tenían los del sindicato rojo, solamente los del sindicato blanco Maclovio Herrera.
Eso me mandó decir el patrón con un primo hermano que ya falleció y se llamaba Evaristo. Andaba con los dos lados.
Le dije: Mire, don Evaristo, ¿no le parece que tanto el sindicato rojo como el blanco el mismo derecho tienen a la hacienda, al trabajo y a bienes?
-Sí, pero así me dijeron.
Pues dígales que yo no conozco de organización, que si me quieren dar trabajo que me den, si no que me dejen. Nomás con que me dejen vivir aquí en Manila.
Me mandaron otro enviado, el chofer del hacendado y le contesté igual. Y cada compañero que platicaba así conmigo, le decía la labor que estaba haciendo en contra del sindicato rojo, que lo estaba esquiroleando en vez de ir a la huelga, que el patrón quería la gente para favorecer sus bienes: Este hombre puede favorecerles hasta con mejores sueldos de los que paga el sindicato rojo, pero cuando el sindicato rojo deje de existir ustedes van a vivir peor que ahora.
Así les quité uno que otro trabajador. Pocos, no muchos.
Después, viene conmigo ese don Victoriano diciendo: Ustedes están equivocados, no saben ni lo que están haciendo. Ustedes piden $1.50 de salario y nosotros estamos pidiendo $5.00. ¿Cuál organización es mejor, la de ustedes o la nuestra?
No pues, según la de ustedes, porque piden 5.00, nada más que asegurémelos. Cuando nosotros perdamos la huelga, ustedes no van a ganar ni 1.50.
Así es que hagan favor de retirarse, yo soy un humilde trabajador que tengo tiempo trabajando y luchando por un mejor trato para los trabajadores, una mejor vida para el pueblo.
La segunda vez que nos rompieron la huelga, nos pidieron fianza para ampararnos definitivamente y ahí fue donde nos atrancamos un poquillo. Pero luego encuentro a uno del sindicato blanco y me dijo:
-Oiga, ¿dónde se ponen estos telegramas?, mire.
Él no sabía, se valieron de aquel hombre ignorante. Lo leí. Iba dirigido al Presidente de la República, denunciando la conducta que observaba el Juez del Distrito de La Laguna.
[continuará]
Manila: Una huelga victoriosa de peones agrícolas.
@kardenche