Para mi colega Manuel Molano.
Nada se arregla con Trump. Los conflictos no terminan, sólo se extienden y complican. Preocupados, los senadores demócratas impulsaron una iniciativa para obligarlo a obtener autorización del Congreso si decidiera reanudar acciones militares contra Irán, las cuales los mercados no descartan. Trump no cesa de afirmar que un "arreglo" diplomático es inminente, cuando lo cierto es que desde hace un mes las conversaciones mediadas por Pakistán están en un punto muerto. Las negociaciones, destinadas a intercambiar exigencias, no van a ningún lado. Pareciera que de lo que se trata es de amagar y sacar ventaja del lado estadounidense, mientras del lado de Israel y de Irán es prolongar la confrontación y resistir. En Estados Unidos se discute abiertamente que Trump no está sabiendo cómo poner fin a la guerra innecesaria e ilegal en Medio Oriente, cuyas consecuencias son cada día más graves y los riesgos más elevados.
Los recientes ataques iraníes a las inmediaciones de la principal planta nuclear de los Emiratos Árabes Unidos pusieron de manifiesto los peligros de la inercia bélica, que ha ido en una escalada constante. Al menos ocho refinerías importantes del Golfo Pérsico están total o parcialmente fuera de servicio, al igual que la principal planta de gas natural de Qatar. La pérdida de las exportaciones de crudo y productos refinados desde el Golfo como combustible para aviones, nafta, diésel y gasolina no podrán sustituirse en el corto plazo. Será muy difícil y tomará tiempo expandir la producción fuera del Golfo, donde se concentra gran parte de la producción mundial de hidrocarburos, al igual que desviar los envíos de petróleo y gas fuera del estrecho, incluso en el mediano plazo. La principal fuente adicional es Rusia con la que se crearon dificultades y severas limitaciones por la guerra en Ucrania. Con la rápida reducción de existencias habrá escasez no solo de energéticos. Seriamente afectados están también los suministros de helio, metanol, fosfatos, urea, amoniaco y azufre, lo que perjudicará la producción de microchips y de fertilizantes, la cual reducirá la producción mundial de alimentos.
Estados Unidos ha endurecido las exigencias nucleares, habiendo presiones de todos lados. La desastrosa tregua regional se tambalea y los países del Golfo están divididos. Trump exige que Irán entregue inmediatamente los 440 kilogramos de uranio enriquecido al 60%, reduzca su programa nuclear a una sola instalación activa bajo monitoreo; renuncie definitivamente a reclamar indemnizaciones económicas por los daños de la guerra, libere el paso del estrecho de Ormuz y cese de cobrar peajes por el paso de embarcaciones, además de mantener congelados los activos financieros iraníes en el extranjero. Irán considera que las conversaciones no garantizan que estadounidenses e israelíes no reanuden los ataques aun si llegara a aceptar discutir algunas de esas condiciones. Irán exige el levantamiento total de las sanciones, la liberación completa de los activos financieros retenidos, compensaciones económicas por los cuantiosos daños sufridos y el reconocimiento de su soberanía sobre el estratégico estrecho de Ormuz.
Mientras tanto, en plena crisis por la inseguridad energética internacional, Xi y Putin acaban de ultimar un acuerdo. Para no dejar ninguna duda de sus posturas, emitieron una declaración conjunta en relación con la emergencia de un mundo multipolar y policéntrico y anunciaron unas relaciones internacionales de otro tipo. De manera explicita declararon que los intentos por un número de Estados (entiéndanse los occidentales) por manejar por todos si solos los asuntos mundiales e imponer sus intereses al resto del mundo, mientras restringen las oportunidades soberanas de desarrollo de otros países, han fracasado.
Trump no acaba de entender la política internacional, pero sí sabe que tiene entrampado al mundo en varios frentes, de lo que puede aprovecharse en lo personal. Su administración ahora blande de nuevo el garrote muy cerca de México, contra Cuba. Resulta evidente que no dejará de coaccionar y alistar las cañoneras, tampoco de amagar con acciones unilaterales, con tratar de imponer tratos desventajosos, aranceles y sanciones contra aquellos países que se dejen. Trump considera que así está haciendo de nuevo grande y fuerte a los Estados Unidos. Sin embargo, muchos estadounidenses saben que en los hechos ello no está sucediendo.
Las dos potencias se oponen a este hegemonismo. China y Rusia acaban de declarar que las normas básicas del derecho internacional, universalmente reconocidas, las reglas largamente acordadas en las relaciones internacionales están siendo pisoteadas de forma sistemática, por lo que cada vez está siendo más difícil para los Estados coordinar y resolver los conflictos dentro de las instituciones de gobernanza global, muchas de las cuales están perdiendo su eficacia. La agenda global de paz y desarrollo enfrenta nuevos desafíos. Existe el peligro de una fragmentación de la comunidad internacional y los riesgos de un retorno a la" ley de la selva".
Incluso, tras su muy reciente reunión cumbre en Beijing, han hecho un llamado a la comunidad de naciones para que se adhieran a cuatro principios básicos: el de la apertura del mundo a una cooperación inclusiva y mutuamente beneficiosa; el de una arquitectura de seguridad internacional indivisible e igualitaria; el de la democratización de las relaciones internacionales y la mejora del sistema de gobernanza global, y, finalmente el de la diversidad de civilizaciones y valores en el mundo.
El fiasco de Trump le costará muy caro al mundo, aun si se consigue un alto al fuego estable con Irán. Un colapso está en curso.