Los árboles a diferencia de otras plantas, son plantas con un tallo leñoso que se ramifican a cierta altura del suelo formando la copa. La altura de los árboles suele ser variable y constituye la característica clave para diferenciarlos de los arbustos que son más pequeños, aunque en ocasiones algunos árboles por efecto de las condiciones ambientales se desarrollan como si fueran arbustos. Otros en cambio son verdaderamente espectaculares ya que llegan a tener alturas de más de 100 metros de altura y llegar a vivir miles de años, tal es el caso de las secuoyas gigantes, la secuoya más grande del mundo, tiene entre 2200 y 2700 años de edad. Nosotros tenemos nuestros propios árboles milenarios: los ahuehuetes, que no son tan altos pero que, si son hermosos y majestuosos, particularmente en su hábitat.
Los árboles aparecieron en el planeta hace aproximadamente 3800 millones de años en el periodo devónico, aunque otras fuentes indican que fue en el período carbonífero cuando aparece la primera flora arbórea y los primeros reptiles. En esta misma escala geológica hace aproximadamente 4 millones de años se iniciaba la cronología de la historia hacia el homo sapiens.
De acuerdo con un artículo del National Geographics durante el periodo carbonífero aparecen las primeras extensiones boscosas en la superficie terrestre, el crecimiento de estos bosques tuvo dos efectos trascendentales: descarbonizó la atmósfera eliminando grandes cantidades de dióxido de carbono y generó grandes cantidades de oxígeno atmosférico, cerca del 35% de los gases que constituyen el aire, mientras que en la actualidad la proporción es de 21%.
Como ya se ha mencionado antes, en esta misma columna, los árboles han sido expoliados históricamente por el Homo no tan sapiens, su idea de que en cualquier momento que se le pegue la gana puede quitar o remover a un árbol o a un conjunto de ellos, ha sido el común denominador de su actuación histórica; y en lo que va del año, en la Comarca Lagunera han ocurrido algunos sucesos que se podrían alinear en tal actuación. La tradicional escasez de argumentos para justificar tales acciones, crearon en algunos jóvenes una consciencia ecológica que los llevó a organizarse en un movimiento contestatario que ha intentado detener y/o influir en las obras u ocurrencias de los municipios. Este movimiento ha hecho estallar valores socioambientales y ha sabido combinar en su práctica la contestación y la creatividad. Aunque, debemos aceptar, que su porvenir es incierto.
La última ocurrencia sucedió en Lerdo, y lo supe precisamente por las observaciones que hicieron las jóvenes en redes sociales y no puedo dejarla de lado, debido a su grave impacto ecológico: se derribaron árboles maduros secos o parcialmente secos de gran altura, en donde perchaban las auras desde hace ya muchos años. Las aves carroñeras como el zopilote aura y el zopilote cabeza negra perchan en árboles altos por estrategia de supervivencia, caza y ahorro de energía. Desde estas alturas se mejora el campo de visión de estas fascinantes aves, su excelente vista les permite detectar cadáveres a kilómetros de distancia además de vigilar a sus competidores. Igualmente, requieren las grandes alturas porque como son aves pesadas se les dificulta emprender el vuelo desde sitios bajos; en cambio lanzarse desde grandes alturas les ahorra energía y se aprovechan las corrientes aire caliente que necesitan para planear sin esfuerzo.
Esperamos y deseamos que logren adaptarse a la pérdida de hábitat en el parque.