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A la ciudadanía

Megaproyectos (I)

GERARDO JIMÉNEZ GONZÁLEZ

Toda actividad humana tiene un impacto en el ambiente, la cual siempre tendrá una justificación porque responde a satisfacer una necesidad de subsistencia, una demanda económica u otro motivo basado en una valoración cultural sustentada en la creencia de que somos la especie dominante en la cadena de la vida.

Esta valoración cultural es lo que se ha denominado visión antropocéntrica, donde creemos que todo lo que nos rodea, sea inerte o con vida, gira entre nosotros y para nosotros.

Pero la naturaleza es caprichosa y nos cobra factura cuando rebasamos los umbrales que le rigen.

Esto ha sucedido desde que domesticamos plantas y animales, acentuándose cuando lo que nos ofrece lo transformamos industrialmente, provocando desequilibrios ecológicos que nos afectan, entonces se siembra la duda de si estamos haciendo bien las cosas y si estas corresponden a lo que hemos denominado progreso o desarrollo.

En esta etapa de la evolución humana ya nos dimos cuenta de ese impacto, la ciencia nos provee los medios para entender los procesos que surgen de la relación entre la sociedad y la naturaleza. Basados en ella, buscamos amortiguar el daño que estamos causando a los sistemas naturales y a nuestra propia vida, hemos inventado las regulaciones ambientales, ahora el reto es dimensionar las actividades humanas y aplicar las normas que nos indican hasta donde podemos realizarlas.

Esto es una constante en la vida humana y cada vez resulta mas preocupante nuestra capacidad y voluntad de sujetarnos a esas regulaciones, de ajustarlas a la realidad o de crear nuevas, ya que en no pocas ocasiones evadimos cumplirlas, las soslayamos en aras de cumplir nuestros objetivos de extraer bienes que aumenten la riqueza disponible o simplemente satisfacer una necesidad inmediata. De hecho, a nivel planetario, nuestra presencia ha provocado alteraciones graves que amenazan no solo nuestra existencia, sino todas las formas de vida, que mejor ejemplo de esto es el cambio climático que indujimos en apenas tres centurias.

Esta constante es mas preocupante cuando proyectamos actividades que provocarán alteraciones de una dimensión mayor que las realizadas cotidianamente, a lo que podríamos denominar megaproyectos. Estas grandes obras pueden provocar alteraciones en la naturaleza en escalas mayores de espacio y tiempo, incluso a nivel planetario como la presa de Las Tres Gargantas en China, que podría alterar el equilibrio de la tierra, o como la creación de megalópolis que ocupan amplios espacios físicos, con enormes concentraciones demográficas que demandan recursos en dimensiones estratosféricas y generan desechos en esas magnitudes.

Pero también hay megaproyectos diseñados para escalas locales, cuyos impactos se reflejarán en los sistemas naturales y en poblaciones humanas menores, los cua- les no por ello son menos importantes. En los lugares donde vivimos tenemos como ejemplo la construcción de algunas de megaobras, como es el caso de las grandes presas El Palmito o las Tórtolas, y la suma de otras menores con las que se intervinieron los cauces de los ríos Nazas y Aguanaval, provocando la disminución de los caudales que fluían por ellos, desecando parte de los mismos, las lagunas donde desembocaban y disminuyendo la recar- ga de los acuíferos.

Se construyeron en épocas en las que no existían regulaciones en la intervención de los ríos de México, incluso las existentes siguen siendo laxas, pero estas presas se justificaron económica y socialmente, se trató de domesticar los ríos para utilizar de manera controlada el agua en la agricultura y garantizar las cosechas, o para evitar las inundaciones que afectaran a las poblaciones humanas que vivían en la parte baja de la cuenca, se hicieron con la tecnología disponible y se soslayaron los impactos ambientales, quizás porque se desconocían o simplemente se omitieron, como los cambios que se provocaron en los eco- sistemas ribereños, transformando su flora y fauna, o en la recarga de los acuíferos, que disminuyó provocando el balance entre extracción y recarga de agua en ellos.

Estos dos casos, si bien son emblemáticos, no fueron megaproyectos que hayan provocado una reacción, al menos inmediata, entre los habitantes de esta región, fueron proyectos realizados con fondos públicos que se justificaron de la forma en que acabamos de mencionar, entre la población lagunera no presentaron oposición más allá de los afectados puntuales. Sin embargo, durante las cuatro últimas décadas se han implementado o se pretender implementar mega proyectos que si han provocado una reacción entre los ciudadanos, donde la gran debilidad de quienes los promueven ha sido la falta de consultas entre ellos, mismos que vale la pena mencionar.

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