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A la ciudadanía

Megaproyectos (II)

GERARDO JIMÉNEZ GONZÁLEZ

En la columna anterior mencionamos que la construcción de las grandes presas de El Palmito y Las Tórtolas no generaron una reacción ciudadana en contra, lo que sí sucedió con la construcción de la termoeléctrica en Villa Juárez, en la década de los 80’s del siglo pasado. Un megaproyecto gubernamental de la Comisión Federal de Electricidad (CFE) que fue cuestionado por ciudadanos ante la pretensión de instalar esta planta de generación de energía eléctrica en la parte terminal del río Nazas (del Río Vivo), ya que para operar requeriría volúmenes importantes de agua, los cuales que se extraerían del Acuífero de Villa Juárez.

Años anteriores al anuncio de esta mega obra, el gobierno federal había identificado a este acuífero como la “burbuja de agua” que abastecería a la zona metropolitana, entonces conformada por Torreón-Gómez Palacio y Lerdo, ante la previsión de un posible desabasto que enfrentaría la población que residía en estas ciudades, por lo que dicha burbuja se contempló como la reserva futura de agua potable.

Un informe oficial publicado en la década anterior (SAHyOB, 1977), proponía que, ante el abatimiento y contaminación que presentaba el Acuífero Principal, recomendaba que de esta fuente se garantizar el suministro de agua potable a la zona más densamente poblada de La Laguna.

Los ciudadanos que se inconformaron con la instalación de la termoeléctrica en Villa Juárez señalaron que esta constituía una amenaza a esa reserva futura de agua, ya que requeriría una batería de pozos que le proveyeran de este recurso o existía la posibilidad de bombearla del cauce del río. Entonces, el Acuífero de Villa Juárez no estaba sobreexplotado como ahora, el cual se recargaba con las filtraciones del río Nazas debido a que su cauce y los canales que derivaban agua para irrigar cultivos no se habían revestido de concreto, como sucedió en el resto que fue desecado y sustituido con un canal artificial.

Los ciudadanos que se manifestaron tenían una razón legítima para inconformarse, no contra la planta termoeléctrica, sino por el sitio donde se pretendía construir, ya que existían otras opciones que el gobierno federal desoyó y la impuso, con las consecuencias que hoy vemos cuando observamos cómo avanza el desecamiento del cauce del río Nazas en esa parte, una evidencia que invisibilizamos, nos hacemos majes, y como termitas nos vamos comiendo el río en aras del “progreso” o “crecimiento” económico.

A esa protesta ciudadana se le identifica como el primer movimiento ciudadano ambientalista de la región, en el que participaron cientos de paisanos, se expresó de manera colectiva a través de la asociación civil En Defensa del Ambiente, liderada por ciudadanos valientes y audaces que enfrentaron al aparato gubernamental en la época final de la “dictadura perfecta”, como la llamó el escritorMario Vargas Llosa y, como todo movimiento ciudadano que se opone a este tipo de mega obras, duró varios años. Finalmente, en 1989 la planta se construyó, dejando un mal sabor de boca entre los laguneros que previeron la afectación que finalmente ocurrió, cuando pudo evitarse de instalarse en otro sitio.

En aquel tiempo enMéxico apenas se empezaban a definir normas ambientales que regularan las actividades económicas (la LGEEPA se promulga en 1988 y la SEMARNAT se crea en el 2000), por lo que las existentes eran laxas, aunque tal parece que a algunas de ellas lo siguen siendo y suceden casos en que su aplicación se sujeta a decisiones económicas o políticas que continúan justificándose en aras del “progreso” o “crecimiento” económico. Por las oficinas de gobierno no permeaba la idea de prever, con base a protocolos normativos, los impactos y riesgos socioambientales que implicaban, ni mucho menos consultar a los ciudadanos sobre las afectaciones de ese tipo que pudieran suceder.

La mayor parte de los protocolos que hoy nos rigen se crearon después, con nuevos instrumentos legales que regulen el uso de bienes comunes como el suelo, el agua, el aire, la energía y la biodiversidad, aunque no siempre por iniciativa gubernamental, sino porque la realidad nos rebasa o por los conflictos que surgen derivados de las denuncias ciudadanas ante las afectaciones que provocan.

Posteriormente a este movimiento ciudadano, en la región han surgido otros, ya sea por las afectaciones que provocan el propio crecimiento económico y la urbanización desordenada, como sucede con la contaminación del aire atmosférico, por la protección de los ecosistemas y la biodiversidad o por la sobreexplotación del Acuífero Principal, pero también por la imposición de nuevos megaproyectos, el caso de las presas que intervienen el río Aguanaval, la planta de cianuro, la afectación del humedal en el río Nazas y ahora la planta de fertilizantes, por mencionar los que más han atraído la atención pública.

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