Actualmente nos encontramos en una encrucijada en lo relativo a la gestión no sólo del agua sino también de los recursos naturales relacionados con el vital líquido, tales como: los ecosistemas que hasta ahora han podido mantener su integridad ecológica, como el Cañón de Fernández y la Sierra y Cañón de Jimulco.
La definición universal y más aceptada de Gestión de Recursos Naturales y además respaldada por organismos como la Unión Internacional para la conservación de la naturaleza y la Organización de Naciones Unidas (UICN ONU), establece que es el manejo del uso humano de la biosfera para obtener el mayor beneficio sostenible actual sin comprometer las necesidades de las generaciones futuras. La forma operativa de este concepto se ejecuta bajo el enfoque de Gestión Integrada, lo que significa que no se protegen recursos aislados, sino ecosistemas completos aplicando criterios biofísicos y gobernanza participativa.
Estas definiciones no sólo son bellas y sofisticadas, también son científicamente impecables, no obstante, la crisis global ambiental avanza debido a fallas estructuralesy de diseño institucional. Así las explican algunos aplicando las aportaciones de importantes científicos, como Holling y Ostrom: Incentivos económicos desalineados, esto es, el mercado opera bajo ganancias inmediatas, mientras que la naturaleza requiere una planeación a siglos. Las empresas destruyen el entorno porque la contaminación se trata como una externalidad que no pagan en sus costos de producción. El modelo local de cooperación de Ostrom es difícil de replicar a nivel global. Si un país hace sacrificios económicos para reducir emisiones, otros pueden aprovecharse y seguir contaminando la atmósfera común. Un sistema rígido industrial que se expresa en una gran dependencia de los combustibles fósiles y de la sobreexplotación de recursos de tal manera, que los gobernantes temen que una transición ecológica rápida provoque un colapso financiero inmediato, prefiriendo arriesgar la estabilidad climática futura.
Aunque la definición más aceptada de Gestión de recursos queda en entre dicho, quizá antes de pensar en cambiarla o de proponer otra, se tendrían que revisar algunas aportaciones científicas que no se mencionan en los enfoques clásicos de gestión de recursos naturales. Por ejemplo, las de Elinor Ostrom, Premio Nobel 2009, sobre la gestión de los comunes. Este científico demostró que el modelo “Tragedia de los Comunes esfalso cuando hay comunidad. Este autor demostró que las comunidades locales pueden autogestionar de manera exitosa y sostenible los recursos de uso común (bienes comunes, como el agua) mediante la cooperación y reglas claras, desafiando la idea de que todo debe privatizarse o ser controlado por el estado.
Otro caso, probablemente más conocido, es el Holling y Gunderson, quienes concluyeron que un sistema de recursos no es lineal, es “Panarquico”, esto es, pasa por 4 fases: crecimiento, conservación, colapso y reorganización). Aunque en lo personal, me quedo con las aportaciones de Holling, sobre el concepto de resiliencia ecológica (la capacidad de un ecosistema para absorber impactos antes de colapsar) y diseñó el ciclo adaptativo, proponiendo que la gestión ambiental debe ser flexible y aprender continuamente de la incertidumbre.
En la siguiente colaboración exploraremos cómo usar el modelo Ostrom para romper el ciclo de la Tragedia de los Comunes y las fases del ciclo adaptativo de Holling para entender los colapsos en la naturaleza. Aplicado a la Comarca Lagunera. Tocaremos el caso concreto de la gestión del agua y del manejo de las áreas naturales protegidas.