Este 11 de febrero se conmemora el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia, una fecha creada por la ONU para romper estereotipos y cerrar brechas de género en materia de ciencia y tecnología, un campo que por muchos años ha sido principalmente representado por los hombres.
Cómo no recordar en este día a la gran Julieta Fierro, científica mexicana y astrónoma que falleció en septiembre del año pasado, dejando un legado de divulgación científica y de impulso a las mujeres a dejarse fascinar por la física, la química o las matemáticas.
En una conferencia la científica dijo que las mujeres profesionistas de hoy en día siempre están cansadas, exigen demasiado de sí mismas, se exigen cumplir en el hogar, en la profesión, en la maternidad y resaltó que no es necesario ser buenas en todo.
Se necesitan muchas Julieta Fierro, su ausencia ha dejado un vacío enorme en la comunidad científica y en la lucha por romper los estereotipos de género. Pero las cifras nos muestran un ligero avance, por ejemplo, Coahuila es uno de los estados con más mujeres estudiando carreras STEM (ciencia y tecnología) con un 28 por ciento. A nivel nacional solo el 13.5 por ciento de las mujeres que ingresan a la educación superior eligen este tipo de carreras.
Se estima que, al ritmo actual, la brecha de género en STEM en Latinoamérica tardará alrededor de 52 años en cerrarse.
Sin embargo, es importante reconocer que la participación de las mujeres en el conocimiento científico ha existido desde tiempos remotos. El libro “Sabias. La otra cara de la ciencia” de la española Adela Muñoz Pérez, ofrece un recorrido por la historia de mujeres que realizaron una labor importante en la ciencia desde la antigüedad.
Este libro revela que existieron mujeres desde la antigua Grecia con una gran contribución al conocimiento, algunas de ellas fueron Teano, esposa de Pitágoras en la vejez, quien contribuyó al teorema de la razón o número áureos. Esto nos habla de que las mujeres estuvieron presentes en el inicio de la ciencia, pero su contribución individual no se documentó.
La autora también habla de la mujer griega más famosa de la antigüedad, Aspasia de Mileto, pareja de Pericles, quien fundó una escuela para mujeres jóvenes en Atenas. Por supuesto nos cuenta la historia de Hipatia de Alejandría, quien además de ser la más grande matemática de su época, destacaba en el cultivo de la astronomía, también tenía una escuela de filosofía. Lamentablemente, ella vivía en una ciudad violenta, un día una turba exaltada la asesinó en una época de fanatismos.
En una fecha como hoy vale la pena asomarse a este y otros libros que difunden el importante papel de las mujeres en la ciencia, porque incluso en muchos casos, su papel fue el principal y no el secundario como la historia lo ha hecho ver.
X: @Lavargasadri