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EL FUTBOL Y SU PODER DE UNIÓN

ADRIANA VARGAS

Aunque a algunas personas nos cueste reconocerlo, pocos deportes o actividades sociales tienen tanto poder de unión y de convocatoria como el futbol. Más aún si se vive en una Copa del mundo, porque podremos ser ajenos a este deporte el resto del tiempo, pero un color se nos tiñe en la piel o en la sangre cuando nuestro equipo juega.

El escritor español Manuel Vázquez Montalbán definió el fútbol como “una religión en busca de un Dios”. Ya lo había dicho también el escritor mexicano Juan Villoro en la frase que le dio título a su libro “Dios es redondo”, una de sus primeras publicaciones dedicadas a este deporte desde un punto de vista cultural y visto como ritual. En una reciente entrevista en el periódico El País, Villoro expresó que “apostar a un equipo es como una forma laica de ejercer la religiosidad”.

Muchas personas han encontrado en el futbol un ritual que crea comunidad y sentido de pertenencia. Aunque en esta Copa del mundo, en la que México es escenario de 13 partidos, la FIFA se ha dedicado a despojarle su lado comunitario al futbol. Es el mundial más caro de la historia, inaccesible para quienes incluso en anteriores celebraciones habían podido asistir por lo menos a uno o dos partidos.

En la literatura, en el cine y en muchas manifestaciones de la cultura el futbol ha servido como punto de reflexión. Varios cantantes le han dedicado sus letras a las leyendas de este deporte, como es el caso de Maradona, la gloria de Argentina. Pero, además, como es una actividad ligada a los recuerdos de la infancia, el futbol ha servido como inspiración de muchas historias.

También ha sido motivo de desencuentros, esto me lleva a pensar en el libro del periodista polaco Ryszard Kapuscinski “La guerra del futbol y otras historias”.

Esta crónica nace de cinco días de cruentas luchas y saqueos entre Honduras y El Salvador, cuyo aparente motivo fueron una serie de partidos de fútbol entre equipos de ambos países que buscaban clasificarse para la Copa del mundo.

Sin ir más lejos, en la historia reciente hemos visto cómo las barras de distintos equipos en México han protagonizado riñas en algunos casos con consecuencias fatales.

Es cierto que cuando el futbol se convierte más en un espectáculo comercial por encima de un deporte, deja de tener interés para muchas personas, eso me incluye a mí. Pero no puedo negar que el partido inaugural de la Copa del mundo este año, en el que México resultó ganador, nos dejó un buen sabor de boca, un aliento en el ánimo y un motivo de alegría del que difícilmente uno deja de contagiarse.

Esos momentos, en que nuestro equipo resulta ganador, hay un poder de unión de punta a punta del país. Un instante de esperanza que hace falta en un año tan complicado para México social y económicamente.

Ojalá que no solo el futbol nos recuerde en esencia por qué debemos de sentirnos unidos como mexicanos o latinoamericanos, otros deportes también lo hacen, algo similar debe de ocurrir con la música y las artes en general.

X: @Lavargasadri

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