Leí los primeros episodios del libro “Un corazón extraviado” de María de Alva en el camino de un viaje a Monterrey. Me alegré de saber que Pedro Garfias vivió en Monterrey y en Torreón, me dije: ya tenemos un punto más en común con la capital neolonesa.
Mientras continuaba leyendo las coincidencias seguían apareciendo, es un gusto enorme saber que en las dos ciudades el escritor del exilio español encontró amigos, en Monterrey un trabajo en la universidad y en Torreón se encantó con la gran bailaora de flamenco Pilar Rioja, a quien en repetidas ocasiones fue a verla en sus presentaciones en los teatros.
El año pasado entrevisté a Pilar Rioja para un reportaje en la revista Siglo Nuevo, ella me habló de Pedro Garfias, así como de otros personajes españoles que pasaron por esta ciudad, como León Felipe. La nuestra también ha sido una región amable con los exiliados republicanos. Aquí Pedro Garfias dejó su huella en los recitales de poesía acompañado de Pilar Rioja y otros artistas españoles, en el Teatro Princesa.
Por cierto, la autora recuerda las palabras del poeta Gabriel Zaid, quien en una ocasión escribió en un texto “una de las cosas que hacen importante a Monterrey es que Pedro Garfias haya andado por aquí”. Si hubiera sabido del paso de Garfias por Torreón, no dudo que hubiera dicho lo mismo y todavía con más ironía.
Desde el inicio sentí una cercanía con las historias que cuenta este libro, ha sido muy bello leer la recuperación que María de Alva hace de aquellos años de la República en España, previos a la Guerra Civil.
En sus páginas podemos conocer ese despertar de conciencias, el apogeo de la libertad de pensamiento en Madrid, una ciudad en plena ebullición hacia el arte, con un gran movimiento estudiantil y artístico donde Pedro Garfias encontró un espacio de escritura, amigos, un amor y mucha nostalgia.
María de Alva narra de una forma cálida la época que antecedió a la gran diáspora de españoles republicanos, quienes encontraron en México, así como en otros países latinoamericanos un lugar donde sentirse seguros y aceptados.
Lo hace intercalando estos episodios con su historia personal y nos cuenta cómo surgió su interés en conocer más sobre la vida del escritor andaluz, un poeta olvidado que perteneció a la gran generación del 27, pero que nunca fue oficialmente reconocido dentro de este importante grupo de autores.
La narración María nos lleva por diversas metáforas, las de vivir con un corazón extraviado en el lado derecho de su cuerpo y encontrar a un personaje cuyos sueños y lucidez literaria estuvo extraviada también por mucho tiempo, por no decir olvidada.
Ahora gracias a este libro, podemos reencontrarnos con el poeta que cruzó los mares para llegar hasta las tierras norteñas de México con su reveladora palabra.
Una de las partes que más disfruté es cuando el propio Pedro Garfias nos narra con asombro e incertidumbre la llegada del barco Sinaia, en el que viajaban1,600 exiliados españoles, al puerto de Veracruz: “México me pareció un país abigarrado, lleno de sensaciones, de voces, música, olores irreconocibles.
Esa primera imagen se me quedó para siempre. Todo parecía caber ahí, también nosotros”.
Bienvenido este corazón extraviado a la Comarca Lagunera.