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ADRIANA VARGAS
ADRIANA VARGAS

Hay autoras que escriben como si nos estuvieran hablando de manera directa, en una charla, en una habitación o en un café. Como si nos estuvieran contando sus anécdotas y supieran que nos vamos a reconocer en ellas. Cuando te encuentras con un texto así, la magia sucede y se crea un vínculo muy especial.

Eso me ha pasado con autoras como la argentina Leila Guerriero, periodista y escritora, que tiene un estilo que combina la crónica con el ensayo personal, para hablar de temas tan íntimos como públicos y de conciencia social.

Lo mismo me ha sucedido y lo he dicho varias veces con la española Rosa Montero, que por cierto acaba de publicar una novela que ya es boom en Latinoamérica y en España “Un día en la vida de Clarita”.

Pero hoy me quiero referir a una escritora argentina, Samanta Schwebling, quien este año obtuvo el Premio Aena de Narrativa Hispanoamericana dotado con unmillón de euros, por su libro de cuentos “El buen mal”.

Llegué a esta autora por una entrevista en El País cuando recibió el premio, en la que relató que se fue a vivir a Alemania, lejos de su país porque ahí podía dedicarse más de lleno a la escritura, con trabajar la mitad de la semana ganaba el dinero que en Argentina obtenía por trabajar toda la semana.

Leí su libro “El buen mal” integrado por cinco relatos donde el elemento sorpresa y los giros inesperados en las historias son la constante. Con el primer cuento es suficiente para quedarse atrapada en la lectura. “Bienvenida a la comunidad” nos cuenta la historia de una mujer que se ata un yunque al cuerpo y se lanza a un lago intentando quitarse la vida.

Cuando falla en el intento, regresa a casa a hacer de cenar a sus hijos pequeños.

Todos los relatos tienen la característica de la sorpresa, de giros inesperados que nacen de la curiosidad, las pasiones humanas, que relatan las rupturas, las enfermedades o las ausencias.

Uno de los cuentos que más me atrapó es “La mujer de Atlántida” que narra la historia de un par de hermanas adolescentes que en unas vacaciones de verano en la playa se divierten descubriendo casas abandonadas. Hasta que en una de casas conocen a una mujer que vive hacinada y deciden cuidarla.

La curiosidad las lleva a un desenlace muy inesperado, del cual la autora nos va dando pistas durante el cuento, pero que descubrimos en un final envuelto en tragedia y después en nostalgia.

Leila Guerriero ha dicho sobre este libro “la atmósfera de estos cuentos, construidos con una nitidez sobrecogedora, presagia que, en algún momento, todo va a torcerse, y que los efectos de esta torsión perseguirán a los protagonistas para siempre”.

Vale la pena asomarse a la obra de esta escritora de 48 años. Estoy segura que más de un lector encontrará rasgos en común con la vida propia en sus historias, porque a fin de cuentas nacen de esa reflexión profunda sobre nuestra condición humana.

X @Lavargasadri

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