Una noticia encendió las alertas en el mundo editorial la semana pasada. Se reveló que la novela “Donde el agua trabaja”, del autor peruano David Silva Rojas, contenía un 99% de texto generado por Inteligencia Artificial, según el detector Pangram. Esta obra obtuvo el Premio Internacional de Novela Breve de Almadía y ante la noticia, la editorial suspendió las presentaciones.
Quizás como pertenezco a una generación que aún cree en la creatividad y mis lecturas y procesos de escritura fueron alimentados en un mundo totalmente análogo, me cuesta creer que una novela premiada después sea señalada por escribirse en un 99% con la IA.
Aclaro que aún no he leído el libro, solo he escuchado y leído puntos de vista de autores de Latinoamérica que rechazan que se le otorgue a una aplicación tecnológica el poder de señalar o catapultar un producto literario. Escritoras como Brenda Navarro y Dahlia de la Cerda han cuestionado esta noticia y piden una explicación sobre quién le otorgó y con qué autoridad ese permiso a la plataforma para realizar dicha prueba.
El autor, como es evidente ha defendido que el texto es completamente suyo, es su palabra contra la de la IA. Independientemente de si es o no algo verídico, el hecho nos lleva a una reflexión sobre los procesos creativos y el uso de la imaginación. ¿Cómo se puede demostrar que un proceso tan largo y tan interior como escribir una novela no le fue delegado a una máquina?
La reflexión también lleva a invitar a los jóvenes y no tan jóvenes a volver a hacer comunidad a través de la lectura y de la escritura, a convertir a la escritura en un acto cotidiano, que ese interés se despierte de forma genuina, por medio de cuadernos, diarios, espacios donde anotar nuestras reflexiones.
El acelerado mundo académico convierte en algo inevitable el uso de la Inteligencia Artificial. Es común que los estudiantes de preparatoria y de universidad utilicen la IA para resolver problemas e incluso para generar textos, reportes, hasta ensayos argumentativos. Es una labor más del docente descubrir cuando las tareas están realizadas totalmente con IA y penalizarlas.
Por ello es necesario propiciar espacios de reflexión, incentivar el uso del pensamiento crítico, porque escribir es pensar, es perder el miedo a la hoja en blanco. Tanto en el ámbito educativo como fuera de él, es necesario invitar a leer, a conversar, a escribir sin tecnología de por medio.
La escritora brasileña Clarice Lispector expresó acerca de este oficio:
"Escribo como si fuese a salvar la vida de alguien. Probablemente mi propia vida."
Sería increíble pensar que ese acto tan acto tan valiente y transformado en autora con ella pudiera algún día estar en tela de juicio. Porque escribir es sin duda resultado de un profundo sentimiento humano.
Por ello invito a quien esté interesado en cultivar la palabra a ir a los clubes de lectura, empezar a tomar notas a mano de nuestros pensamientos, a hacer diarios o a escribir cartas.
X: @Lavargasadri