Un buen amigo decía que la historia truculenta de Rubén Rocha Moya, ex gobernador de Sinaloa, podría convertirse en una exitosa película que seguramente sería vista por decenas de millones en el mundo entero.
Lo anterior a propósito del filme mexicano “La Captura” que aborda el arresto de Joaquín “El Chapo” Guzmán en Los Mochis, Sinaloa, y que ha conseguido audiencias récord en Netflix, en semanas recientes.
Todavía más el drama del político sinaloense de Morena podría rodarse como serie de televisión y desbancar a tantas series famosas como The Crown, Games of Thrones y Friends.
La trama arrancaría con el secuestro del poderoso capo Ismael “Mayo” Zambada por parte del hijo de su socio y compadre Guzmán Loera, suceso en donde indirectamente participó Rocha, por cierto originario del pueblo de Badiraguato, Sinaloa, cuna de jefes del narcotráfico en México.
De ahí en adelante no le ha faltado al llamado “Rochita”: desde un clima de violencia extrema en la entidad por el choque frontal entre “mayitos” y “chapitos” hasta la solicitud de captura con fines de extradición por parte del Departamento de Justicia de Estados Unidos, acusado de vínculos con el Cártel de Sinaloa que datan de las elecciones estatales del 2021.
Pero bien dice el refrán mexicano que “no tiene la culpa el indio sino quien lo hace compadre”. Rocha Moya ha sido en extremo protegido por los gobernantes de Morena iniciando con el ex presidente López Obrador quien lo impuso como candidato a gobernador de Sinaloa cuando las encuestas no le favorecían.
Desde entonces los sinaloenses han vivido una pesadilla que se ha prolongado por casi seis años, sin olvidar las tragedias anteriores cuando Ovidio Guzmán fue arrestado y horas después liberado en circunstancias muy extrañas.
Cuando llegó la acusación contra “Rochita” y nueve más funcionarios y políticos ligados a su gobierno, la cúpula morenista puso el grito en el cielo, empezando con la presidenta Claudia Sheinbaum, quien calificó la acción de injerencista y defendió a capa y espada la inocencia del entonces gobernador y sus discípulos.
En lugar de analizar a fondo las investigaciones de la autoridad norteamericana, seguramente fincadas en declaraciones de criminales mexicanos, entre ellos Zambada y Guzmán Loera, el gobierno enarboló la bandera tricolor para defender a un grupo de presuntos cómplices de la delincuencia organizada.
“Rochita” solicitó licencia indefinida de su cargo pero se mantuvo en Sinaloa muy cerca del poder y regocijado por las constantes defensas de Sheinbaum y otros funcionarios mexicanos quienes insistían en la ausencia de pruebas en contra de los acusados.
Luego vinieron más complicaciones para los morenistas, entre ellos para Andy el hijo de López Obrador a quien le quitaron la visa de Estados Unidos y semanas después armó un sainete como si fuera un alto funcionario del régimen.
Esta medida además de las constantes advertencias del gobierno de Trump contra políticos mexicanos inmiscuidos con el narco, debió poner muy nervioso a “Rochita” quien decidió libremente retomar el poder en Sinaloa, seguramente con previo aviso y consulta a su padrino de Palenque.
Técnicamente la acción de Rocha Moya es legal, si la autoridad decía que era inocente, si no tenía restricciones jurídicas y si se considera que Sinaloa es un estado libre y soberano, pues tenía el derecho a regresar al mando.
Incluso podría haber salido del país porque no contaba ni siquiera con un brazalete electrónico para ser localizado, cualquiera político ladino lo habría hecho.
Pero bueno como en este país los estados están sometidos a la federación y porque “Rochita” se pasó de largó a la inquilina de Palacio Nacional, surgieron las represalias y en cuestión de horas el sinaloense fue puesto en su lugar, pero repetimos todavía sin restricción legal alguna salvo que ya carece de fuero.
En suma el vergonzoso caso Rocha Moya para Sinaloa y en general para los mexicanos es producto de error tras error cometidos por las máximas autoridades y por los encargados de impartir la justicia en el país, sector que vive uno de sus peores momentos de la historia.
Como las instituciones de justicia no operan bien los gobernadores andan sueltos, de ahí que Sheinbaum se ha convertido en una juez suprema y plenipotenciaria.
Un día defiende a Marina del Pilar, luego a “Rochita”, otro día censura a Maru Campos y luego le lava la imagen a la gobernadora viajera de Quintana Roo.
No imaginamos a un presidente de un país democrático como Francia, Estados Unidos o Gran Bretaña, dedicar buena parte de su tiempo a defender y a juzgar a los encargados de los poderes estatales.
Así las cosas en este México insolente, cría cuervos y te sacarán los ojos.
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