¿A dónde llevan a México?
Conforme pasan los años de los gobiernos de izquierda se llega a la conclusión de que los avances de México han sido laxos y mediocres en la mayoría de los indicadores económicos y sociales.
El crecimiento del PIB con López Obrador y ahora con Claudia Sheinbaum ha sido menor al uno por ciento, una cifra insignificante si se consideran las expectativas del país y el gasto exorbitante en diferentes rubros.
El pasado gobierno optó por llevar a cabo proyectos faraónicos que no han dado los resultados esperados, en lugar de invertir en las necesidades más apremiantes de las ciudades y comunidades mexicanas que requieren mejoras con urgencia.
Todavía peor los proyectos fueron mal planeados, con sobregiros espectaculares y con una mínima expectativa de retorno de la inversión.
En el caso del Tren Maya el beneficio será solo para turistas y algunos habitantes locales que realmente no tenían la urgencia de un transporte de tales dimensiones.
Torpemente se aplazó una vez más la modernización del sistema ferroviario en el centro del país donde realmente es urgente y donde los beneficios económicos y sociales serían infinitos para millones de mexicanos.
¿Imagina usted lo qué podría significar para la economía y la población del país contar con una red ferroviaria moderna, eficiente y accesible que conectara la ciudad de México con Guadalajara, Querétaro, Puebla, Veracruz, San Luis Potosí, Cuernavaca, Acapulco, entre otras poblaciones importantes? Pero en cambio se optó por llevar la super derrama económica a una región inhóspita y con un potencial limitado. Casi casi como construir un aeropuerto para aviones 787 en un lejano poblado de la sierra de Sonora o Chihuahua.
Cancelar el aeropuerto de Texcoco fue otra barbaridad que se ha comentado hasta el cansancio. La terminal aérea Felipe Ángeles no cumple con los planes de descentralizar el tráfico aéreo capitalino, tan es así que el aeropuerto de la CDMX sigue operando con enormes deficiencias y una buena dosis de inseguridad.
Su gran ventaja es la cercanía con la capital azteca, pero sin posibilidad de crecer.
De la refinería Dos Bocas, la línea Mexicana de Aviación, la Mega farmacia, el Banco del Bienestar, entre otros proyectos fallidos, mejor ni hablamos.
Pero el problema central de la llamada Cuarta Transformación, que bien podría ser rebautizada como la Gran Regresión, es su política de exclusión, ataque, descalificación y hostigamiento en contra de quienes no están de acuerdo con Morena o quienes cuestionan sus acciones con el ánimo de avanzar como país.
Esto puede semejarse a un partido de futbol donde el director técnico de Tri, Javier Aguirre, recomienda a sus pupilos golpear a sus oponentes, pero además fomentar divisiones en el equipo y aconsejar no pasar el balón a tal o cual delantero o centro para que no brille.
Así son los morenistas, aplastan a sus oponentes e impiden que el país progrese, muy similar a lo que hacía en sus malos tiempos el PRI. A los alcaldes y gobernadores de oposición les bloqueaban los presupuestos y acciones federales en perjuicio de la ciudadanía, ¿Y en que terminó ello? Pues cuando los mexicanos pudieron votar con libertad escogieron a otro partido como sucedió el año 2000 con el PAN.
Quizás el líder obrero Pedro Haces ya advirtió que Morena tiene contados sus días y que corre el gran riesgo de perder terreno en el 2027 y la presidencia en el 2030.
De ahí que ha permitido que sus líderes se afilien a otros partidos en caso necesario, en lugar de apertura la respuesta furibunda de la presidenta Sheinbaum fue amenazarlo veladamente con expulsarlo de Morena.
En suma, tenemos un país estancado con un horizonte sombrío, una clase alta amedrentada y sin invertir, una clase media empobrecida y una clase baja con mejores ingresos, apapachada pero poco productiva.
Si a ello agregamos la caída en los rankings de la educación y el crecimiento de la corrupción y la inseguridad en los últimos ocho años, nos queda un coctel por demás explosivo.
¿Para eso queríamos un gobierno de izquierda? NOTICIA FINAL… Una encuesta del INEGI revela que el 74 por ciento de la población mayor de 18 años percibe inseguridad en su localidad y en el país, esto representa una reducción del 1.6 por ciento comparado con el año anterior. Los peores calificados son el estado de México, Morelos y Tabasco y los mejores son Coahuila, Yucatán y Aguascalientes.
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