La intérprete, considerada una leyenda del cine mexicano y una de las figuras más prolíficas de la industria, "falleció en paz, en su rancho en Jalisco, acompañada por sus seres queridos", señalaron sus allegados.
De acuerdo con el mensaje, los servicios funerarios se realizaron de manera íntima y privada, en apego a su voluntad.
"Agradecemos profundamente el cariño de todas las personas que, a lo largo de los años, apreciaron su trayectoria y disfrutaron de su trabajo y su compañía, y solicitamos respeto y comprensión en este momento. Su recuerdo permanecerá vivo en quienes la conocieron", se apuntó en el comunicado.
Nacida el 9 de octubre de 1929 en Querétaro, Peluffo construyó una carrera de más de siete décadas en cine, televisión y teatro, con más de 200 películas y programas desde finales de la década de 1940.
Su primera aparición en pantalla fue en la producción estadounidense Tarzan and the Mermaids (1948), rodada en locaciones de Acapulco, lo que marcó el inicio de una trayectoria internacional.
En México debutó con La venenosa (1949) y consolidó su fama en la década de 1950.
Peluffo nunca fue empujada por nadie a despojarse de la ropa frente a la cámara en La fuerza del deseo, uno de sus filmes más polémicos. Cuando aceptó interpretar a "Silvia" en la película de Miguel M. Delgado, lo hizo por convicción propia. En el filme de 1955 le dio vida a una modelo que, consciente de su belleza, desata la pasión y la rivalidad entre "Ricardo" (Abel Salazar) y su maestro (Armando Calvo), llevando la historia a un desenlace trágico.
Mientras el estreno provocó murmullos y escándalo a su alrededor, para ella aquel desnudo tuvo otra dimensión: la de una expresión artística. Formada en el arte, lo asumió como una imagen estática y estética, sin provocación ni morbo, semejante a la modelo que posa para un pintor bajo la luz paciente del estudio.
Las críticas no tardaron en alcanzarla; en la calle le reprochaban con severidad, algunos con indignación abierta, otros con desconcierto. Incluso en su propio hogar hubo sobresalto; su padre no ocultó su impresión, aunque su madre defendió que había sido una decisión libre, ajena a presiones o necesidades económicas.
Entre los señalamientos también hubo voces que la llamaron "valiente". Aquella mezcla de censura y admiración marcó un momento decisivo en su vida y en el cine mexicano.
Lejos de replegarse, Ana Luisa volvió a asumir ese riesgo en títulos como El seductor (1955), La ilegítima (1956) y La diana cazadora (1956), cuyo cartel advertía que era una película solo para adultos y proclamaba, con tono desafiante, la osadía de sus protagonistas.
El alboroto fue inmediato. Pero también lo fue la fama: de pronto, casi de la noche a la mañana, se convirtió en una figura magnética que llenaba teatros y despertaba la curiosidad de un público que no podía apartarle la mirada.
A lo largo de su carrera compartió créditos con figuras emblemáticas de la Época de Oro del cine mexicano como Germán Valdés, Manuel Valdés, Pedro Infante y María Félix.
En 1977 protagonizó Flores de papel, presentada en el 28 Festival Internacional de Cine de Berlín, lo que reafirmó su presencia en circuitos cinematográficos internacionales.
Además de su extensa filmografía, Peluffo participó en telenovelas de gran audiencia en México, entre ellas Lazos de amor (1995), El privilegio de amar (1998) y Contra viento y marea (2005), con las que alcanzó nuevas generaciones de espectadores.
Con su muerte, el cine mexicano pierde a una de sus figuras más longevas y representativas, cuya trayectoria abarcó desde la Época de Oro hasta la televisión contemporánea, y que dejó una huella indeleble en la historia cultural del país.