En esta tercera columna es importante abordar el problema de la calidad del aire en la región, un tema en el que destacan vacíos y omisiones en la política gubernamental que indican la escasa atención que se le presta dentro de la agenda ambiental local. Entre los más importantes encontramos la existencia de una insuficiente infraestructura y equipamientos, de información sobre los contaminantes presentes y las implicaciones que tiene en la salud de la población y en otros aspectos, así como de acciones destinadas a enfrentarlos.
Las primeras crisis ambientales en México surgen de las implicaciones que tuvo la contaminación del aire atmosférico en la salud humana, particularmente en las urbes con mayor densidad demográfica que también concentraban gran parte de las actividades industriales y medios de transporte. Entonces no existían normas e instituciones ambientales que regularan e intervinieran con políticas públicas en esta materia, por lo que eran abordadas por las del sector salud, particularmente por los daños en la población residente en ellas.
Con el tiempo se emiten esas normas, se crean instituciones que establecen políticas en atención a esta problemática con una perspectiva ambiental, la cual en el mayor de los casos sigue siendo reactiva y no preventiva, en gran parte por la falta de fondos públicos asignados para ese fin. La prevención implica la realización de estudios e investigaciones académicas y de las propias instituciones oficiales, para obtener información que oriente la toma de decisiones, siendo de fundamental importancia crear la infraestructura que permita conocer las causas que las provocan y medir sistemáticamente los elementos que indiquen los umbrales que afectan a la población.
En las ciudades metropolitanas de la Comarca Lagunera se carece de una red de monitoreo de calidad del aire atmosférico, la infraestructura existente es insuficiente para conocer el estado en que este se encuentra. De hecho, si se le pregunta al ciudadano común responderá que no solo ignora o no sabe dónde acceder a esa información o, incluso, como interpretarla, ya que si esta indica que se encuentran presentes partículas menores de 10 micrómetros es importante que sepa que se refiere a partículas inhalables que afectan diferentes regiones del aparato respiratorio.
El acceso a la información y la interpretación de esta permitirá a los habitantes de estas urbes organizar sus actividades de manera precavida, por ejemplo, en que horarios o en que lugares se expondrá mayormente a ser afectado y que tipo de daños sufrirá. La prevención no solo se origina en las acciones gubernamentales, también entre quienes vivimos y trabajamos en esta región.
Esta omisión en la política ambiental gubernamental indica la escasa atención que se ha puesto en un tema que puede ser grave para la salud de la población. Recordemos que la presencia del plomo se identificó a partir de los diagnósticos que hicieron médicos en la salud de infantes, desencadenando un conflicto ambiental y de salud pública que tuvo serias repercusiones políticas, que implicó cambios en los sistemas de filtración de la fuente donde se originaron, destinar fondos para atender a los afectados y otras acciones que se hubieran prevenido si existiese esa red de monitoreo.
Es importante reflexionar sobre el tipo de ciudad o urbe que queremos para vivir con calidad de vida, donde la calidad del aire es una cuestión medular en la medida que tiene que ver con nuestras actividades cotidianas, laborales o domésticas. Esperemos que no se prolongue la desatención a este rubro, que se convierta en una prioridad en la política ambiental, sobre todo de los gobiernos locales.