Primera de dos partes
Daniel Cosío Villegas fallecido hace ya 50 años se le puede definir como abogado, economista, historiador, investigador, ensayista, creador de instituciones culturales (Fondo de Cultura Económica, La Casa de España transformada luego en El Colegio de México del que él sería presidente a partir de 1958), cofundador de la Escuela de Economía de la UNAM, generador de publicaciones periódicas como El Trimestre Económico, Historia Mexicana o Foro Internacional, director y coautor de la voluminosa Historia Moderna de México (10 muy gruesos tomos publicados entre 1955 y 1972 y de los cuales el escribió cinco), generador y coordinador de los 23 volúmenes de Historia de la Revolución Mexicana, publicados por El Colegio de México, autor de 20 libros de investigación o de ensayo político (el último apareció de manera póstuma). Y la lista podría seguir como profesor, impulsor de otras obras colectivas, diplomático, etc.
Don Daniel Cosío Villegas-quienes le tratamos en su madurez siempre anteponíamos el “don” a su nombre- fue un intelectual notable por la independencia política de su pluma y de su conducta pública en un régimen de naturaleza autoritaria y donde esa independencia “desde dentro” no era frecuente. Y fue por esa independencia y no por su ideología -don Daniel fue básicamente un liberal en política, aunque no necesariamente en economía- que nunca se le abrieron las puertas para ocupar un puesto de mando en la estructura formal del poder político autoritario y presidencialista de la postrevolución.
Al cumplirse medio siglo de su fallecimiento, El Colegio de México le rindió un homenaje y ahí me correspondió examinar su obra en materia de política exterior.
Don Daniel nació en la Ciudad de México en 1898. En la madurez del Porfiriato y justo en el año en que Estados Unidos declaró la guerra a España, hundió a su flota sin mayor problema en Manila y debió cederle Cuba, Puerto Rico, Guam y las Filipinas.
Como resultado de lo anterior Estados Unidos confirmó su vocación imperial y entró a formar parte del Club de las grandes potencias. Y esa coyuntura trajo aparejada una modificación en el equilibrio del poder mundial. Una modificación no muy radical pero que para México y para Cosío Villegas, significó la acentuación del desequilibrio estructural en la relación bilateral con el vecino del norte.
En 1956 Cosío Villegas publicó Estados Unidos contra Porfirio Díaz que en realidad sería parte medular de la parte dedicada al Porfiriato en la gran Historia Moderna de México. El nacionalismo mexicano y de Cosío Villegas tiene su razón de ser en la confrontación, a veces abierta y otras soterrada, pero siempre presente y en condiciones de extrema desigualdad de intereses mexicanos con los de la gran potencia vecina.
En 1947, justo cuando arrancaba ya la Guerra Fría, apareció el duro juicio de don Daniel sobre la Revolución Mexicana hecha gobierno en un amplio ensayo que tituló “La crisis de México”. Ahí y a contracorriente de los diagnósticos optimistas de los intelectuales que apoyaban y eran parte del régimen postrevolucionario en su etapa de ascenso, Cosío identificó y calificó el problema político central de México no como resultado de fallas circunstanciales sino como su problema central y de orden moral. Se trataba, según Cosío, de una crisis producto de la contradicción y corrupción sistemática entre los valores sociales y culturales que la Revolución Mexicana había proclamado como su esencia, su razón de ser, y el ejercicio efectivo del poder presidencial sin contrapesos. Desde entonces Cosío Villegas concluyó que de seguir sin reconocer la contradicción entre el discurso y la realidad y no ponerle remedio, el entonces nuevo régimen llegaría a un callejón sin salida que ni la oposición de derecha (el PAN) o de izquierda estarían en posibilidades reales de resolver. En esas condiciones y sin una reforma desde dentro, los hombres e intereses en el poder se verían tentados a recurrir al apoyo de Estados Unidos -como efectivamente lo harían con la firma de las “cartas de intención” al FMI o del TCAN-, apoyo que quizá lograran, pero a un precio muy alto, pues México dejaría de ser México para convertirse en lo que Estados Unidos quisiera hacer del país, es decir que perdiera el espacio relativo de soberanía ganado por la Revolución. Una década más tarde, en 1956, apareció el libro que Cosío Villegas tituló: Estados Unidos contra Porfirio Díaz que en realidad sería parte medular de uno de los tomos de la Historia Moderna de México.
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