Don Fernando Marcos solía citar esta frase para pensarla y meditarla, aunque él exigía que sus alumnos lo hiciéramos rápido: “La promesa de libertad puede convertirse en una fuente de ansiedad”. Hombre culto, experimentado, inteligente como pocos, miraba con ojos de radar pero su dominio de los temas todos y personalidad, le hacían ver también, como una especie de tirano.
Nació y murió en la capital mexicana (1913-2000) y siempre estuvo pendiente de todo, como que quien observa tiene la libertad del anonimato y la actitud furtiva del espía. Estudió derecho y fue maestro normalista. También jugó futbol e hizo los méritos para ir al Mundial de Italia 1934, donde fueron eliminados por USA en la fase previa, pero antes, en compañía del “Pirata” Fuente (1914-1972) en un desfile en pro del dictador Mussolini, respondían con palabrotas mexicanas al fervor italiano y fueron arrestados.
Cuando no estaba de humor, o alguien de aquellos jóvenes aspirantes a locutores, que ilusos no daba la talla, solía decir con cierto desprecio: “Para andar en ésto (la crónica, la narración) lo primero que se necesita es voz”. De eso él sí podía presumir, su voz dulce y melodiosa fue el alma de aquellos famosos noticieros del cine “Cámara”, de la empresa de Manuel Barbachano Ponce (1925- 1994) a la que llegó como abogado y fue invitado cuando falló un día el locutor titular.
Primero defendió a trabajadores cinematográficos. Ganó la disputa y los patrones de la industria lo contrataron. Después de estar en varios cargos fue Productor Ejecutivo de varias películas importantes de la firma Clasa Films, como Nazarín (1959) dirigida por Luis Buñuel. Raíces (1954) de Benito Alazraki y en algunas coincidió con Emilio Fernández (1904-1986). De él dijo: “Un adelantado a su tiempo. Un visionario del cine, con un carácter muy fuerte”.
Fue árbitro de primer nivel y entrenador de varios equipos (Marte, Necaxa, Asturias, Toluca y América). Del cine se llevó a las canchas el megáfono “porque no me gustaba gritarle a los jugadores”. Se emocionaba al recordar su mejor momento como DT, el triunfo de la selección nacional, con Marcos al mando, sobre Inglaterra por 2-1, en un abarrotado estadio de CU, el 23 de mayo de 1959. México perdía 0-1 (D. Kevan) pero remontó con tantos de Raúl Cárdenas y Salvador Reyes.
Como la poesía de un instante, como los perfumes del ayer que siempre viven, recordó, con unos tragos de por medio, en aquella mesa con varios que lo escuchábamos atentos en Chicote, el famoso bar de la Gran Vía en Madrid, a donde acudimos por Televisa al Mundial de 1982, la formación triunfal: Antonio Carbajal en el arco; Juan Bosco, Jesús del Muro, Ignacio Jáuregui: Pancho Flores, Raúl Cárdenas, Sabás Ponce; Alfredo del Águila, Carlos González, Salvador Reyes y Raúl Arellano.
Tenía mil anécdotas, como aquella en que un joven actor muy fino era víctima de las burlas de Jorge Negrete en el set, hasta que el muchacho le dio de bofetadas sin reacción y sin que nadie interviniese. O el saludo de Carbajal a la Reina Isabel en Wembley, Mundial de 1966. Se les había dicho que reverencia y extender el brazo derecho.
Antonio le dijo: ¿cómo está mi reina?