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MUERTOS SIN SEPULTURA

ALEJANDRO TOVAR MEDINA

Hallar el sentido del tiempo será siempre una aspiración superior del hombre que busca desafanarse de hábitos nocivos. Lo va consiguiendo cuando mira con otros ojos la pobreza y desigualdad que propician sus ilusiones repetitivas. Avanza en esa lucha cuando la figura de la razón aparece como en un córner, con su silueta que emerge entre un mar de cabezas.

Tenemos que desprendernos de chicos que viven enmascarados de héroes, cuando sólo son jugadores comunes llevados al estrellato por los medios, donde suponen que son leones y esa visión cuenta con nuestra tolerancia, avalada por esperanzas que sólo son sueños del hombre despierto. Miramos el centro de Quiñones y el deficiente remate del chico rayado, Armando González, saltamos con él para liquidar a Diego Costa (Porto) y todo fue con un triste encuentro con las sombras ajenas, con los eternos aromas que van dejando desaliento y enfados.

¿A 70 días del Mundial, debemos ilusionarnos? Si miras en la cancha a Vitinha (PSG), Bruno Fernandes (Man City), Pedro Neves (Chelsea), Joao Cancelo (Barcelona), Ramos (PSG), Rafael Leao (Milan), Pedro Neves (Al Hilal), entre otros astros, miras la diferencia del nivel de calidad, ese fino detalle de virtud que nadie puede ver con indiferencia, salvo los comentaristas de los medios, que sólo repiquetean nombres, pero no señalan detalles, quizá porque están atados y algo ciegos.

Agustín González “Escopeta” (1900-1985) fue el decano de los locutores de radio.

Se hacía acompañar de un español, Cristino Lorenzo, que era medio ciego por diabetes y usaba lentes que parecían de soldador. Él comentaba con lo que desarrollaba su compañero y todas las tardes hacían un programa de radio desde el café Tupinamba, en Bolívar, con invitados y noticias variadas. Hoy, los que escuchamos están casi igual. Unos quizá por falta de medios y los actuales tal vez por estilo. Aquellos nunca dijeron del golazo de Carlos Eduardo Vivó Gobán (78) un zurdazo maravilla que batió a Carbajal desde 30 metros. Primer triunfo de Costa Rica sobre Mexico en 1960.

Total que ilusionados sufrimos la eliminación en Haití en 1973. El equipo del Ing. Javier de la Torre (f) fue hostilizado y maltratado por la afición local, el arbitraje fue parcial para los Haitianos y los alzados mexicanos, con equipo de lujo (Kalimán, Lapuente, Calderón, Borja, etcétera) fueron arrollados 4-0 por Trinidad y Tobago en un hecho vergonzoso.. Claro, Haití calificó al Mundial de Alemania y la delegación mexicana tuvo que ser evacuada del aeropuerto en secreto.

Todo es una cadena. En los Juegos Olímpicos de 1968 se dice que los jugadores inconformes por falta del pago por pasar a cuartos de final aflojaron y perdieron con Bulgaria y sucumbieron con Japón 2-0 en la lucha del bronce, con goles de Kunishige Kamamoto. Todo es pena y fantasmas que no duermen, como en 1966 en Wembley. Ernesto Cisneros ya había superado a Troche y Caetano de Uruguay. Sale Mazurkiewicz y el disparo pega en la base del poste. Se firma un 0-0.

Son fantasmas que se van soltando como la silueta del árbitro portugués Pedro Proenza, que en el estadio Castelao de Fortaleza, Brasil, en 2014 marca un penal a Rafa Márquez sobre Argen Robben. Un clavado propio de un artista. Penal, gol de Huntelaar y derrota. Vemos así que, con facilidad, el futbol nos obliga a que se exagere al recorrer las cuentas de los defectos y virtudes.

Se define a la esperanza como “un estado de ánimo que surge cuando se presenta como alcanzable lo que desea”.

Ella, condiciona nuestra vida, más de lo que nos imaginamos.

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Escrito en: Al Larguero Columnas Deportes Alejandro Tovar Medina

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