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PRISIONEROS DE LA NOSTALGIA

ALEJANDRO TOVAR MEDINA

¿Es grato recordar los tiempos sin el internet ni el teléfono móvil? Seguro que éramos otro tipo de personas, con un buen grado de libertad para elegir por nosotros mismos y con la obligación, los curiosos, de visitar los libros, releer muchos de ellos y reactivar la capacidad que nutre el conocimiento. Y en esos pasajes uno ubicaba a los monstruos sagrados en cada materia. Y el caso se da por las marejadas que levanta Isaac del Toro (Ensenada, 22), que transita en el Tour de Francia con otro mosquetero: el esloveno Tadej Pogacar (27) ambos del UAE Team Emirates.

Son dos caballos de la carretera, escaladores indómitos, al mejor estilo de Bucéfalo y Babieca, pero éstos no con Alejandro Magno y Cid Campeador, sino con Isaac y Tadej en una lucha abierta contra el clima, la montaña y el valle, actores básicos de una aventura que recuerda los días mozos cuando las notas venían, como por el viento, con los triunfos de Anquetil, Hinault, Induráin, Fausto Coppi, Bartali, Pantani y el asombro semana a semana con la figura del belga Eddy Merckx (81) que ganó la Tour francesa en 1969, 1970, 1971, 1972, 1974 y también se inmortalizó en el Giro de Italia donde impuso su dominio en 1968, 1970, 1972, 1973 y 1974. Los medios franceses e italianos lo adoraban, decían que era un demonio despiadado e irracional. Y pues tenían razón. Lo que hace Isaac tiene un gran valor, porque competir en Europa, cumbre del ciclismo y figurar, es de cracks.

La ética demanda que los informadores no vayan tan lejos en cuanto a suspicacia, pero bien sabemos todos que la imaginación domina al mundo, y las sospechas al arbitraje del Mundial ya superan lo que llegó a ser solamente especulación. Pierluigi Collina (66), el patrón en FIFA, que fue un astro de la especialidad, defiende a todos pero no siempre a los elementos del VAR. Lo cierto es que se les señala como favorecedores de los argentinos, en detrimento de varios. ¿Hasta dónde debe inclinarse la sospecha? Porque es claro que la reincidencia aumenta el factor de las dudas. Hay miradas perspicaces de quienes saben ver misteriosos significados en hechos cotidianos.

Si antes Havelange y Blatter fueron acusados de privilegiar los factores económicos, hoy Infantino los tiene como prioridad absoluta, sin recato, sin importar ser el centro de todas las miradas. La FIFA es ahora mismo como una gran persiana americana como la de Cerati y Soda Stereo. Ahí se puede ver todo, y al fondo de la bodega está el futbol secuestrado, utilizado para proclamarse héroes, cuando el juego pide ser rescatado, y con ello, todo lo que antes correspondía a los pueblos del mundo. El futbol dejó de ser de todos, ahora es una empresa. Como juego, nos maravilló y ha ido derivando en una especie de amor tóxico.

Por eso la nostalgia cada vez se instala con mayor descaro, porque se hacen comparaciones aunque nadie se lo proponga.

Se va la gente despidiendo de Neymar, de Kane, de Cristiano, como antes de Pelé, de Stielike, de Iniesta, de Rossi, de Maldini y, conforme el Mundial agoniza, van llegando otros y otros, como agua de río, sin darnos cuenta de que nosotros mismos vamos apareciendo cada vez menos, pues ya como otros contemporáneos, buscamos lugares soleados para gente sombría, y ahora los gritos nuevos corresponden a otras generaciones.

El juego parece convertirse en un lujo y uno piensa que en un penal el futbol se parece más a la vida.

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Escrito en: Al Larguero columnas Deportes Alejandro Tovar Medina

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