Ana Pruneda, la gran pasión mexicana por la danza flamenca. EL SIGLO DE TORREÓN / Enrique Castruita
Mientras la guitarra se deshacía en acordes y arpegios, y el lamento del cantaor se precipitaba sobre el escenario, la bailaora Ana Pruneda emergió de la oscuridad con una bata de cola, siendo bañada por la luz.
Sus movimientos se convirtieron en versos de pasión y furia; su zapateado, un retumbar del suelo. Pruneda dio cátedra de su arte y se adueñó de la noche. Con el abanico ocultó el paisaje de su rostro, luego cortó el aire. Frente al público tuvo en la danza el lenguaje de su cuerpo, como un dialecto, como una voz de otras tierras que habló sin palabras.
Fue el pasado fin de semana cuando la bailaora Ana Pruneda ofreció dos funciones en el espacio independiente de Fábrica de Arte. La acompañaron el cantaor mexicano Alberto Solís y el guitarrista estadounidense Dustin Jack Carlson, en un espectáculo producido por Karla Aguilera. Ambas noches registraron ‘sold out’.

Egresada de la Escuela Nacional de Danza Nellie y Gloria Campobello del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBAL), Ana Pruneda es bailaora, coreógrafa, directora artística y maestra de flamenco y danza española. Entre sus maestras estuvieron María Elena Anaya, Mariana Landa, Cristal Vieira, Érika Suárez, además de sus instructores en España: Milagros Mengíbar, Úrsula López, Rafael Campallo, Andrés Peña y Pilar Ogalla.
“Hasta la fecha guardo sus enseñanzas y su forma, así como las de todos mis demás profesores”.
Horas antes de su segunda función, Ana Pruneda conversó con El Siglo de Torreón sobre su trayectoria y el discurso central de su espectáculo.

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Su primer flechazo con la danza está relacionado con Torreón. Ana era entonces una niña y su madre, la soprano Margarita Pruneda, había trabajado con Pilar Rioja.
“Y cuando vi bailar a Pilar, dije: ‘¡Dios mío! ¡Quiero hacer esto!’. Yo tenía siete años”.
Más tarde vinieron las películas de Carlos Saura. Recuerda la impresión que le causó Flamenco (1995) y ver a Belén Maya conquistar la pantalla gracias a lo innovador de su danza.
“Es realmente maravilloso. Luego, a veces, en la cuestión de la innovación en el flamenco se olvida la aportación de Belén Maya”.
Para Pruneda, la bailaora de flamenco conjunta cualidades atractivas para las mujeres, en una hermosa combinación de elegancia, sensualidad y fuerza. La danza, asegura, le permite proyectar todas estas distintas facetas de su personalidad que, tal vez, no se manifiestan de una manera obvia, pero que se expresan en la vida cotidiana.

Durante su formación, la bailaora mexicana vivió siete años en Sevilla. A la orilla del río Guadalquivir adquirió gran experiencia y pudo aproximarse con mayor claridad a la raíz de la cultura flamenca. Además de sus maestros ya mencionados, también tuvo el privilegio de tomar clases con Belén Maya.
“Cuando tienes la posibilidad de realizar esa inmersión en la cultura y en el lugar donde realmente surge el flamenco, se vive de una manera distinta; es un arte muy contextual que depende mucho del contexto; el estilo es súper importante. No solo se trata de hacer notas, hacer pasos o hacer ritmo, sino que se trata de un lenguaje que uno tiene que conocer, respetar, dominar y disfrutar, para después sentirse libre dentro de él”.
Más allá de la técnica, advierte, en el flamenco importa el contexto, el lenguaje y su comunicación como bailaora con sus demás compañeros. Su paso por Sevilla le permitió aprender a responder en el escenario ante el trabajo de los músicos y reposar su danza en ellos.

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El proyecto de Ana Pruneda junto a Alberto Solís y Dustin Jack Carlson buscó hablar sobre la conexión entre la cultura de los gitanos y el surgimiento del flamenco en ese contexto marginal, con otras culturas marginales del mundo. Desde los palos gitanos hasta la milonga argentina, los artistas mostraron su talento ante un público que les agradeció con vítores y aplausos.
“El flamenco es una investigación del cuerpo, de las capacidades técnicas y físicas, de las emociones… pero, para mí, eso es un poco la capa que lo ha rodeado. Para mí, el centro, que además estoy encontrando ahorita y significa algo muy importante en mi búsqueda artística, es mi identidad como artista, como mexicana, como flamenca y como mamífera en el planeta Tierra”.