Imagen: David Ruano
Si no hay vuelo, no hay poema. Las palabras de Anna Gual (Villafranca del Panadés, 1986) son un batir de alas en el lado oculto de su geografía existencial. Tras lo visible, lo invisible. En la oscuridad de ese cielo la poeta catalana escucha el trinar de sus ancestros. Si existir es escarbar, escribir también lo es al indagar en los temas fundamentales de su poesía: la soledad, el cuerpo, la naturaleza, la identidad.
Anna Gual trajo sus versos a la trigésima novena edición de la Feria Internacional del Libro en Guadalajara, donde Barcelona fue la invitada de honor. Además de presentar su libro Las ocultaciones (Vaso Roto, 2025), también participó en el Salón de la Poesía. Enese tumultuoso espacio, fue su voz la que respondió con alma desnuda las interrogantes sobre su obra.
Cuarenta y siete poemas conforman Las ocultaciones. El idioma original es el catalán, pero Joan de la Vega ha traducido el poemario de Gual al español. La autora afirma que, ante un mundo globalizado, escribir en su lengua madre implica un acto de resistencia. El catalán es un idioma de matices; escribirlo significa ir a lo natural, a lo orgánico y al flujo de su pensamiento.
La poesía, asegura, es una herramienta luminosa que encuentra lo oculto en la oscuridad. Fue a partir del fallecimiento de su abuela que los versos de Las ocultaciones la alumbraron. Anna Gual transitó un proceso desbordado de dolor y aceptación. De pronto, los integrantes de su familia comenzaron a tomar otros papeles. El verso constituye un puente ante la contradicción: “No siempre acompaña la mística”, plasma la autora en uno de ellos.
Anna Gual escribe desde antes de ser. La palabra la abunda, emerge en la tesitura de cada vocal y consonante. “Aquello que narramos / pasa en la cara opuesta / de lo que pasa”. La poesía es la lupa con la que escarba en sí misma. Su canto, el relieve de la arcilla en la que indaga. Arqueóloga de su propia identidad, transita sobre el poema como camino sagrado, pero nunca como último destino. Agudizar en las sombras de lo narrado, ver lo que dictan; la realidad es un fantasma incapaz de huir al poema que la redacta.

¿Cuál es la historia oculta detrás de Las ocultaciones?
Las ocultaciones nació de un hecho puntual, muy concreto: el fallecimiento de mi abuela. Era la última abuela que estaba viva y este momento autobiográfico que no tenía mucha importancia, pasó a tenerla, dado que en mi familia todo mundo pasó a ocupar otro papel. Mi padre pasó a ser abuela. Yo, que era sólo hija, pasé también a ser madre. Y en ese momento concreto, digamos, empecé a tener revelaciones, a notar cómo mi abuela, por ejemplo, estaba más presente que cuando estaba viva. Es decir, cuando estaba viva yo la notaba cerca, cuando la iba a ver, y cuando falleció, de alguna manera, la notaba a mi lado. Entonces, empecé a escribir algún poema alrededor de esto, de lo que percibimos con las sensaciones, pero fuera de los cinco sentidos. Y así fue que empecé a escribir poemas, primero más personales y después otros más en el campo de la fábula y de la imaginación en la vida de otras personas, que hablan de lo que se esconde, de lo que está oculto, de lo que habita también la parte misteriosa de la vida y que, a la vez, aunque esté oscuro, lo percibimos, lo notamos y nos acompaña.
Vaso Roto presenta una edición bilingüe de tu poemario en catalán y español. En un mundo globalizado, ¿qué representapara ti escribir poesía en catalán?
Para mí, poesía en catalán significa dos cosas que amo, tanto la poesía como el idioma catalán. Y sin duda, escribir en idioma catalán es preservar un territorio íntimo en un mundo como el actual, que tiende a uniformarlo todo y que todo sea igual, con una misma voz y sin matices. Si algo es el catalán es una lengua con matices, y es la lengua en la que mi cuerpo piensa, mi corazón siente y por todo ello no es sólo una elección lingüística, sino también un acto de resistencia. Por lo tanto, escribir en catalán significa ir a lo natural, a lo orgánico, a la manera en la que fluye mi pensamiento, pero también escribir catalán en este mundo tan globalizado, escribir una lengua minoritaria y minorizada, es sin duda un acto político en el que creo firmemente. Y es por elloque los ocho libros que he publicado, todos ellos de poesía, están escritos en catalán. Y sin duda, los que vendrán en el futuro también seguirán siéndolo.

Me referiré a la parte final de tu poema “La Arcilla”: ¿Hay algún camino sagrado hacia la palabra o la palabra es ese camino sagrado?
Para mí, la palabra es el camino sagrado y en ningún caso es el destino final. No hay en literatura, no hay en poesía, un sólo destino, sino que hay muchos caminos. Y para mí, es la palabra, con su significado, este camino sagrado que nos lleva a un mundo lleno derevelaciones, a un mundo lleno también de desocultaciones. Y justamente, la palabra nos permite transitar en ese espacio que habita lo invisible y lo visible, el espacio que está entremedio de estos dos términos; la palabra está ahí y hace relucir lo más oculto que habita el ser humano y también lo más oculto que habita el mundo o el universo, y también la importancia de la poesía que pone de relieve la palabra, cada una colocada en su medida dentro del poema, para que cada poema sea así un camino sagrado que tenga que recorrer tanto el escritor que ha escrito el poema, como el lector que entra en ese camino y que va descubriendo todos los matices del poema, y que le resuenan a él o a ella de una manera singular y única, porque un poema tiene tantas lecturas como lectores tenga.
¿La poesía es el lugar donde todo se derrumba o donde todo se construye?
Para mí la poesía es ambas cosas a la vez. Por un lado, es el territorio donde algo cae y algo tiene que caer para que, a la vez, otra cosa tenga que resurgir. Para mí la poesía es el derrumbe; no es un fracaso, no lo entiendo como un fracaso, sino como una forma de transformación. Cada revelación que hay en la poesía es algo que ha muerto para que pueda nacer algo distinto, no sé si mejor o peor, pero sí distinto. Como un nuevo día, la poesía, cada poemario, cada poema, cada verso, es una reconstrucción de versos anteriores, seguramente de otros poetas que nos han precedido a lo largo de los siglos. Y lo que hacemos, aparte de escribir, es reescribir encima de las cenizas de nuestros antepasados escritores y poetas. Y qué alegría que pueda ser así, qué alegría que la poesía pueda ser un espacio en ruinas y, al mismo tiempo, un andamio y un lugar de construcción de nuevos mundos.
En “Bengala” hablas de la soledad y la genealogía. ¿Cómo influye ese linaje que precede al poeta en tu escritura?
Es así, el poeta está solo, vive solo, reflexiona solo, pero a su vez, se siente empujado por la escritura que le precede. Los gestos heredados, las voces antiguas, incluso los silencios de otras personas habitan al poeta, y van modelando el ritmo de los versos, la cadencia, la temperatura de lo que uno escribe. Y son justamente estos versos heredados los que hacen que el proceso de escritura pueda transitar, de manera ambivalente, la soledad con un mundo muy lleno de voces. Diría que los escritores,desde el minuto uno en que escribimos, partimos de algo que ya está escrito y somos la continuidad. Para nosotros, lo cito en unos versos, existir es escarbar y también escribir es escarbar en los temas universales que ha tratado la poesía.

Entonces, ¿escribimos con el puño de nuestros ancestros?
Sí, escribimos con el puño de nuestros ancestros, con la determinación de nuestros ancestros, con el golpe también de nuestros ancestros. Pero no sólo eso, también con su manera de mirar, de respirar, de andar por el mundo, básicamente con su mirada. Lo decía en las anteriores respuestas: para mí, escribir es entender que hay una multitud de voces, de personas y de poetas que nos habitan, y es en el proceso de la escritura que dejamos que ese cauce de voces desemboque en el poema y en el poemario.
Leyendo “La simbología” me nació una cuestión: ¿La poesía intenta traducir la realidad o las imágenes poéticas van más allá de lo que percibimos a simple vista?
La poesía no se conforma con traducir; justamente busca aquello que la realidad no muestra, busca esos caminos oscuros y les pone luz. Ilumina lo que hay entre líneas, lo que palpita debajo de la tierra y, todo eso, como una mina, como un minero, saca a la luz todo ese significado y lo muestra al lector. Así que, para mí, la poesía no es sólo una traducción de la realidad, sino que es una revelación de realidades y, al fin y al cabo, la imagen poética no traduce, sino revela. Me interesa mucho la poesía que abre preguntas y que no se muestra únicamente como una forma de conocimiento, que también debe serlo. Me interesa mucho la poesía que abre ventanas, que abre interrogaciones y que permite reflexionar al lector que se acerca al poema.
En “La bestia”, escribes: “Aquello que narramos / vive en la cara opuesta / de lo que pasa”. ¿Puedes ahondar en esta imagen?
Sin duda estos son unos versos que amo, porque representan no sólo unos versos, sino seguramente parte de mi poética y de mi manera de mirar el mundo. Así, lo que narramos, lo que poetizamos, lo que poetizo, es realmente lo invisible que habita detrás de lo visible; detrás de la realidad hay muchas realidades. En mi poemario lo que he intentado es descocultar estas ocultaciones y que la gente, el lector o la lectora, note que hay muchas más realidades, no sólo la que nos ofrece la vista o los ruidos, sino que hay una realidad invisible, muy fuerte, llena de sensaciones que nos permiten estar más en paz con nosotros mismos en el punto exacto en el que las reconocemos y no las negamos. La cara opuesta a lo que vivimos, justamente, es el significado de lo que vivimos. Uno tiene que ahondar en la cara opuesta de los hechos, de las evidencias, de lo objetivo, para transitar ese camino más personal, para conocerse y reconocerse, y habitar también la cara opuesta de la vida, habitarla con más determinación, con más firmeza. Y parafinalizar esta pregunta, la poesía permite dar luz a las sombras y es a través de estas sombras que podremos entender y admirar la luz; son los dos polos opuestos de la vida: la sombra y la luz. Justamente creo que la poesía, y el poeta o la poeta, debe poner especial énfasis en la sombra, para que después el lector aprecie, de manera noble y significativa, la luz de uno mismo y del mundo.

¿Has encontrado respuesta para la pregunta que planteas en “La angustia”: escribir para quién, si no es para amparar a alguien?
En mi caso, mi poesía habla de manera obsesiva de unos cuantos temas. Habla del linaje, habla también de la naturaleza, habla del misterio y habla mucho, muchísimo, del hecho de escribir. Me interesa mucho pensar por qué escribimos y de ahí estos versos. Y para mí, escribir es ofrecer refugio, aunque sea un refugio momentáneo. Quizá esa sea la función más humilde y a la vez más alta que pueda ofrecer la poesía. Si escribo para alguien es para alguien que quiera reconocer su temblor, su espacio de dudas. Escribo para hacer refugio a todo ello.
Sobre tu bello poema “La lechuza”, ¿has conocido a alguien que escriba y que no vuele?
Quien escribe, siempre vuela. A veces puede ser un vuelo pequeño, diminuto, minúsculo, imperceptible, pero siempre hay una elevación en el hecho de escribir, porque escribir, al fin y al cabo, es construir mundos nuevos, dejar ir la creatividad, la imaginación. Todo acto de creación es una elevación. Y para mí, todo el que escribe, de alguna manera, más arriba o más abajo, siempre está volando. Escribir es un compromiso a ello, es querer abandonar la gravedad que habita en el mundo y volar aunque sea, como decía, un vuelo imperceptible. Pero sí que hay un despliegue de alas interiores; si no hay vuelo, no hay poema.
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