Latinoamérica cambia, es evidente el desagrado que vivimos los habitantes de países pobres que llegamos a esperanzarnos con promesas de un populismo que genera severo empobrecimiento; el mejor ejemplo es Venezuela, que ha perdido millones de ciudadanos productivos, quienes buscan mejores alternativas de vida; ellos tienen las habilidades/capacidades profesionales y la fortaleza emocional para cambiar de rumbo y destino de sus familias.
Otros, sin posibilidades de encontrar acomodo en el extranjero, deben someterse a las limitaciones en vivienda, salud, alimentación y hasta servicios básicos. Ya hemos observado videos de venezolanos buscando entre depósitos de basura que comer o utensilios para mejorar su calidad de vida.
Un caso que llama la atención es Argentina, con Javier Milei, conocido por su histrionismo -incluya su imagen personal- y su efusividad, mostrando interés por regresar a su país al mundo de intercambio y negocios comerciales, en concordancia con "el imperialismo". Los efectos se han observado al detener la inflación que era monstruosa y reactivar a la productividad nacional. La crítica es por el endeudamiento.
Brasil, con Luiz Inácio Lula da Silva, mostrando inteligencia política, encontrando un punto medio en la interpretación de la filosofía del bien común, dialogando con la izquierda y la derecha, imprimiendo un estilo propio.
No debemos olvidar que es el país con mayor potencial económico/comercial, aun cuando no logra frenar la pobreza de sus pobladores. Recuerde las chabolas, viviendas paupérrimas, con limitada y pobre construcción, en zonas suburbanas sin servicios públicos adecuados y viviendo en hacinamiento; última alternativa para los pobres.
Chile, otro de los países de Sudamérica, que se mostraba políticamente como izquierdista, ha dejado de lado sus posturas populistas, al confirmar su ineficiencia para mejorar las condiciones de vida -contrariamente empobrecer- para apoyar a la derecha con Antonio Kast, republicano, que recién ganó las elecciones nacionales, derrotando a Janet Jara, de izquierda populista.
Ecuador, ha hecho lo mismo y con Daniel Roy Gilchrist Noboa Azín, joven de 35 años, ecuatoriano/estadounidense, electo presidente nacional, ahora busca potenciar las capacidades productivas de su país, alineados a las ideas trompistas.
Igual sucedió en Bolivia, con el triunfo de Rodrigo Paz Pereira, del Partido Demócrata Cristiano, supo vencer en las elecciones a la oposición de izquierda, obsesionada con las ideas utópicas de un populismo marxista, que los estancó en su propio desarrollo nacional. Propuso, desde su campaña, un capitalismo productivo y comercial para todos.
Paraguay, desde el año 2023, eligió a Santiago Peña Palacios, un político y economista paraguayo que alcanzó la presidencia con el apoyo del Partido Colorado; él, previamente ocupó cargos en el Directorio del Banco Central del Paraguay y fue ministro de Hacienda, entre 2015 y 2017.? Proyectó para 2025, un crecimiento del PIB del 3.8%, explicado principalmente por una dinámica positiva en el sector servicios, apoyando sobre todo a las ramas del comercio, servicios a los hogares y la intermediación financiera.
De Centroamérica: Honduras, con Nasry Asfura, en representación del Partido Nacional de Honduras (PNH), apoyado por Trump, fue declarado presidente electo para el periodo 2026-2030.
Lo mismo en la República Dominicana, con Luis Rodolfo Abinader Corona, economista, empresario y político dominicano.
En El Salvador, reelecto Nayib Armando Bukele Ortez, muestra una postura socialista, curiosamente alineada al imperialismo, con buenos resultados, aunque sufriendo críticas humanistas.
Costa Rica, con Rodrigo Alberto de Jesús Chaves Robles, economista y político, se han sumado a Panamá, en combatir a la pobreza.
Perú, se ha sumado a la lista del cambio político, con José Jeri, que promete la transición democrática y reconciliación nacional.
Permanecen: Guatemala, con César Bernardo Arévalo de León; Colombia, con Gustavo Petro y Cuba, con un dominio dictatorial y opresivo de Miguel Díaz-Canel; viven sumidos en la miseria. Venezuela ya cayó.
En nuestro caso, con un México, tras siete años de vivir el populismo, vamos mostrando, poco a poco, lenta caída en todos los rubros medibles para la calidad de vida.
Somos un país que, como lo definieran André Breton y Salvador Dalí, vivimos un surrealismo difícil de comprender: piense en la popularidad de la presidenta -más del 70%- contra la ineficiencia de sus programas de gobierno; las permanentes denuncias de corrupción, abuso, narcotráfico y crímenes afines, de colaboradores de su gobierno, contra la indiferencia de los mexicanos ante la violencia padecida.
No atendemos la caída de la economía nacional y las consecuencias de la política populista, que han dejado en Latinoamérica el declive de la calidad de vida, deslizándonos suavemente, una baja que pudiera pasar desapercibida hasta ser difícil de remediar… y no entendemos.
Criticamos, denunciamos, hasta hacemos chistes ante las brutalidades cometidas -salvajismos y errores de ignorantes- y con ello desahogamos el enojo y seguimos tolerantes.
Permanecemos encerrados en nuestro nicho de confort, olvidando que "nadie hará lo que no hagamos por nosotros mismos". ¿Qué piensa?
ydarwich@ual.mx