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Apuntes sobre la crisis del orden internacional

Mauricio Meschoulam

En Davos, el primer ministro canadiense Mark Carney afirmó que el mundo atraviesa "una ruptura" y no "una transición", y que el orden internacional basado en normas se está apagando bajo la presión de las grandes potencias. Su discurso, por supuesto, obtuvo un amplio reconocimiento a nivel global. Pero no es la única visión. Comparto siete apuntes al respecto:

1. Primero, cabe preguntarnos si realmente todo el orden multilateral basado en normas y leyes está colapsando, o si existe aún un marco institucional que logra resistir o al menos sobrevivir en medio de las aguas turbulentas actuales. Esto pasa necesariamente por reconocer, dentro de ese sistema complejo, qué es lo que funciona mejor y qué es lo que hoy resulta claramente menos eficaz.

2. Eso nos lleva a más preguntas: ¿antes sí funcionaba ese marco institucional y ahora ya no? ¿Qué es lo que ha cambiado? ¿En qué medida podemos identificar un deterioro real en su eficacia? Más aún, ¿qué hay detrás de ese deterioro? Y si estos deterioros son visibles desde hace 15 o 20 años, ¿qué es lo que no hemos sabido detectar ni corregir nosotros como Estados miembros?

3. En cambio, si consideramos que aún existen normas e instituciones internacionales que se mantienen vigentes, incluso con sus deficiencias, habría que preguntarse por qué esas sí parecen resistir mejor los embates actuales.

4. De ahí se desprenden preguntas adicionales sobre cómo incorporamos los cambios en el contexto de globalización, segmentación transnacional de los procesos productivos, y competencia por rutas, posiciones y recursos críticos, los cuales hoy parecen favorecer conductas disruptivas.

5. Para contribuir a la discusión, planteo dos ideas. Primero, entender la paz de manera compleja implica reconocer que ésta no se reduce a la ausencia de violencia. La dimensión positiva de la paz incluye actitudes, instituciones y estructuras que la construyen y la sostienen (IEP, 2025). Dicho de forma simple: un marco institucional que contribuya a la paz es necesario, pero resulta insuficiente si no se atienden los factores y estructuras sistémicas que, según la evidencia, están fuertemente correlacionados con la violencia cuando se descuidan, y que, en cambio, generan condiciones de paz cuando se fortalecen adecuadamente. El diálogo y la negociación son indispensables, pero no bastan. Esto importa porque si el día de mañana tendremos que pensar en un marco institucional más eficaz, este tendrá que orientar su acción de forma integral y colaborativa, entre Estados miembros, hacia esos factores estructurales.

6. Segunda propuesta: partir de entender al mundo como es, y no como quisiéramos que fuera, implica reflexionar a fondo sobre cómo alinear las agendas e intereses de los Estados que conforman el sistema internacional con los incentivos y los resultados, de modo que respetar un orden internacional basado en reglas sea, en el largo plazo, más conveniente que violarlo.

7. Por último, México no está aislado de esta discusión. Somos un país que cree en la solución pacífica de controversias, en la proscripción al uso de la fuerza y en un entorno global basado en el orden multilateral y en las leyes construidas durante décadas. Así, a lo largo de nuestra historia, hemos contribuido de manera firme y activa en la construcción de ese orden legal e institucional, hoy en crisis. Como resultado, tenemos una amplia experiencia, combinada con la necesidad firme que se requieren para contribuir de manera constructiva con este debate.

Instagram: @mauriciomesch

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