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Aranceles de Trump

La experiencia internacional confirma que los países que comercian con libertad tienen mejores desempeños económicos que los que se encierran detrás de barreras.

Aranceles de Trump

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SERGIO SARMIENTO

“Los aranceles son maravillosos, si te gustan los aumentos de precios, el debilitamiento de los empleos y la inhibición de la innovación”, escribió Matthew Rooney, director ejecutivo del Instituto George W. Bush de la Universidad Metodista del Sur en Texas. “Los estadounidenses —y especialmente la clase media— están en riesgo por las consecuencias económicas de una política comercial proteccionista. Estados Unidos debería ver la historia para obtener una lección sobre la importancia de tener un comercio global más abierto”. 

No sorprende que la advertencia contra los aranceles del presidente Donald Trump venga del Instituto Bush, de larga trayectoria republicana. Tradicionalmente han sido los miembros del Partido Republicano quienes han defendido el libre comercio, mientras que los demócratas han buscado imponer barreras e impuestos proteccionistas. 

Uno de los defensores más notables del libre comercio fue el republicano Ronald Reagan, presidente de 1981 a 1989, quien sostenía: “Entre más libre sea el flujo del comercio mundial, más fuertes serán las mareas de progreso humano y la paz entre las naciones”. En 1987 argumentó que mucha gente piensa que imponer aranceles sobre las importaciones es hacer “algo patriótico, al proteger los productos y empleos americanos. Y a veces, por un tiempo corto, funciona, pero sólo por corto tiempo… En el largo plazo, estas barreras comerciales lastiman a cada trabajador y consumidor estadounidense”. 

El experimento histórico más notable sobre este fenómeno lo ofreció la Ley Smoot-Hawley de Estados Unidos en 1930. Apenas comenzaba la Gran Depresión y muchos políticos pensaban que la mejor respuesta era imponer aranceles muy fuertes para proteger a los productores nacionales. El resultado, sin embargo, fue profundizar y alargar la crisis económica durante casi una década, y no sólo en Estados Unidos, sino en el mundo. El comercio internacional se desplomó entre 50 y 65 por ciento y esto arrastró al resto de la economía. 

La experiencia internacional confirma que los países que comercian con libertad tienen mejores desempeños económicos que los que se encierran detrás de barreras. En 1950, Corea era un país muy pobre, con un producto interno bruto (PIB) per cápita de apenas 998 dólares. Si acaso, la parte norte era más próspera que el sur. Hoy Corea del Norte sigue siendo uno de los países más pobres del mundo, con un PIB per cápita de apenas mil 320 dólares al año. En cambio, Corea del Sur es rico, con uno de 36 mil 227 dólares, pues adoptó un sistema de libre empresa volcado al comercio exterior, mientras que su contraparte del norte, “el reino ermitaño”, prefirió encerrarse en un comunismo que rechazaba el libre comercio. 

Singapur también era un país pobre en 1950, con un PIB per cápita de 3 mil 572 dólares, apenas arriba de los tres mil 510 de México. Como no tenía recursos naturales, se dedicó al comercio internacional. Para 2025 se había convertido en una de las naciones más ricas del mundo, con un PIB por persona de 98 mil 814 dólares, superior incluso a los 90 mil 027 de Estados Unidos. 

El presidente Trump ha impuesto aranceles a todo tipo de productos y países. La resistencia de las propias empresas estadounidenses, y de los tribunales, ha sido enorme, pero el mandatario siempre regresa a esta medida. Parece que su intención es contraria a su propio lema político: “Make America great again”. Él está empeñado en hacer pobre a Estados Unidos otra vez.

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Escrito en: Sergio Sarmiento aranceles Trumo

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