EDITORIAL Caricatura editorial Columnas Editorial

Columnas

Palabralia

Arrebol

J. SALVADOR GARCÍA CUÉLLAR

Arrebol es una palabra bella por sí misma, rezuma poesía sin necesidad de que un trovador la fuerce o la exprima. Así como existen vocablos ásperos, duros o altisonantes, hay otros que hablan solos de la belleza y la bondad, como arrebol. Basta con pronunciarla para que evoque imágenes de luz, color y música.

Arrebol proviene de la palabra latina Rubeus, que significa un cierto matiz de rojo. Aunado a la proposición ad, dio como resultado arrubare, luego arrebolar y por último arrebol. El término se refiere al color que el sol pinta en el cielo tanto durante el crepúsculo del día como en el de la noche, y por extensión retórica, los poetas lo han aplicado a las mejillas ruborizadas, a los labios encendidos de juventud y a las sonrisas que se tiñen de carmín.

Los pintores, los compositores y los poetas se han sentido atraídos por el arrebol, materia prima para la sensibilidad artística. Atardeceres y amaneceres se multiplican en lienzos y partituras, también abundan los poemas que contienen esta palabra, así lo muestra un recorrido por la tradición de las artes.

La canción popular lo ha celebrado con entusiasmo. Chabuca Granda, en la primera estrofa de Fina estampa, menciona este vocablo tres veces, y lo hace con naturalidad, sin que se note forzado en su cadencia ni en sus significados. Atribuye este color tanto a los geranios como a los claveles que bordean la vereda, pero también a las mejillas de las chicas. Su tonada "picadita", de ritmo staccato, acompaña y refuerza la vivacidad del vocablo y lo convierte en un destello sonoro.

Pero esta palabra no solamente adorna las canciones, la poesía ha multiplicado los ejemplos de su uso. Alfonso Reyes la emplea en La amenaza de la flor para dirigirse a la amapola y pedirle que lo engañe cuando su aroma y su arrebol alcancen la plenitud. Leopoldo Lugones la incluye en El martín pescador, y Pablo Neruda lo hace aparecer en Jardín de invierno. Cada uno lo adapta a su universo, pero todos coinciden en que la palabra tiene un fulgor que excede lo meramente cromático.

Pero como arrebol es un color, lo más natural es que los artistas plásticos hagan obras donde este tono es dominante. Entre ellas está la famosa pintura de Claude Monet titulada San Giorgio Maggiore al crepuscolo. En este paisaje que retrata la ciudad de Venecia al atardecer, edificios misteriosos surgen mágicamente del ambiente circundante, como si flotaran en el fondo. Aunque las figuras son sutiles, se puede reconocer la Iglesia de San Giorgio Maggiore con su campanario, y a la derecha, apenas se adivinan las cúpulas de Santa María della Salute. Muy impresionista es este cuadro, pues de inmediato notamos que el artista pintó la luz natural y el instante fugaz mediante pinceladas rápidas y colores puros.

Jorge Isaacs en su poema Sólo amistad, califica al arrebol de lujoso, epíteto que revela la magnificencia de la palabra. El arrebol es suntuoso, tanto en canciones como en poemas y pinturas.

Pablo Neruda, en Jardín de invierno, contempla el crepúsculo y ve cómo el arrebol se apaga y se convierte en cenizas cuando la noche se apodera del mar. Y en sentido contrario, cuando leemos su poema Barrio sin luz, vemos que lo transforma en un color monstruoso e innoble, asociado a la sordidez de un suburbio, al dolor de corazones rotos y a la putrefacción de hastíos y de lágrimas. Así, el arrebol puede ser esplendor o desgarro, belleza o fealdad, según el contexto que lo acoja.

En la tradición hispánica, el arrebol ha unido a la naturaleza y a la emoción. El cielo encendido del amanecer se convierte en deseo ardiente y sensibilísimo afecto. El ocaso arrebolado es metáfora de la nostalgia, y los paisajes con este color nos recuerdan la fugacidad de nuestros días. Además, el arrebol es luz melancólica que anuncia el fin del día. Es símbolo de juventud y de ocaso, de plenitud y de pérdida. Su musicalidad lo convierte en palabra que canta, que vibra, que se desliza con suavidad en el verso y en la prosa.

El arrebol es mejilla encarnada, labio granate, pétalo de noble flor, luz melancólica y sangre palpitante. Palabra que nos connota color y música.

Leer más de EDITORIAL

Escrito en: Palabralia Columnas Editorial

Comentar esta noticia -

Noticias relacionadas

Siglo Plus

+ Más leídas de EDITORIAL

LECTURAS ANTERIORES

Fotografías más vistas

Videos más vistos semana

Clasificados

ID: 2458631

elsiglo.mx