Artemis II: ¿Qué le pasa al cuerpo tras 10 días en el espacio?
La misión Artemis II de la NASA se acerca a su final, con el regreso de la nave Orion a la Tierra el viernes 10 de abril de 2026.
Más allá del logro tecnológico que representa completar una órbita alrededor de la Luna, el retorno marca un momento crucial para la ciencia. Tras 10 días en el espacio, los astronautas serán evaluados para comprender cómo las condiciones extremas afectan el cuerpo humano. La microgravedad, la exposición a radiación y el aislamiento prolongado provocan alteraciones que pueden impactar tanto el estado físico como el mental.
De acuerdo con la NASA, entre los principales efectos se encuentran la pérdida de masa muscular y ósea, cambios en la visión y alteraciones en el equilibrio. Además, el proceso de readaptación a la gravedad terrestre puede resultar desafiante, por lo que los tripulantes deberán someterse a programas de rehabilitación para recuperar su condición normal.
Así cambia el cuerpo humano en el espacio
El cuerpo humano experimenta transformaciones importantes en el espacio debido a la microgravedad, una condición que altera el funcionamiento normal de diversos sistemas fisiológicos durante la estancia orbital.
Uno de los efectos más notorios es el desplazamiento de líquidos hacia la parte superior del cuerpo, lo que puede provocar hinchazón facial y presión en los ojos. Este fenómeno también está relacionado con problemas de visión, sensación de congestión nasal y cambios en la percepción del gusto, lo que afecta la experiencia cotidiana de los astronautas.
Además, el sistema del equilibrio se ve comprometido, ya que depende de la gravedad para funcionar correctamente. Al regresar a la Tierra, es común que los astronautas presenten mareos, desorientación y dificultad para caminar, por lo que requieren un periodo de adaptación para recuperar la estabilidad y coordinación normales.
Riesgos físicos y mentales en el espacio
La vida en el espacio provoca efectos significativos en el cuerpo humano, especialmente en músculos y huesos, debido a la ausencia de gravedad que reduce su uso y resistencia.
Sin la gravedad terrestre, los huesos pierden entre 1% y 1.5% de su densidad mineral cada mes, mientras que los músculos se debilitan rápidamente si no se ejercitan. Por ello, la NASA exige rutinas estrictas de ejercicio durante las misiones. Además, la falta de atmósfera protectora expone a los astronautas a altos niveles de radiación, lo que incrementa el riesgo de cáncer, enfermedades cardiovasculares y daños neurológicos, así como un debilitamiento del sistema inmunológico.
A nivel mental, el aislamiento, el confinamiento y la distancia de la Tierra también generan impactos. La NASA advierte que estas condiciones pueden alterar el sueño, provocar estrés y afectar el rendimiento cognitivo, por lo que se brinda apoyo psicológico constante a las tripulaciones.