El más notable (y estridente) deslinde de Claudia Sheinbaum respecto a políticas de Andrés Manuel López Obrador se ha dado en el terreno interno del combate al crimen organizado y, en lo externo, en la obligada cooperación cedente con agencias y gobierno de Estados Unidos.
La reversión del lema original es innegable: ahora son balazos y no abrazos, entendiendo que seguirán los programas asistenciales abrazadores pero sin pretender que inhiban la emisión de balazos en cada vez más ocasiones, la más reciente en Tapalpa, Jalisco, contra el último de los grandes jefes del narcotráfico mexicano, Nemesio Oseguera, alias el Mencho.
El operador plenipotenciario de este giro trascendente ha sido Omar García Harfuch, personaje receptor de sostenida malquerencia durante el gobierno federal de López Obrador, quien no pudo ser candidato a la jefatura de gobierno de la Ciudad de México por la oposición de quienes sin filia grupal rechazaron su historial policiaco, pero también por la oposición interna de la corriente más fiel al tabasqueño.
A fin de cuentas, García Harfuch ha sido marcadamente eficaz en el cumplimiento del rol policiaco en el gabinete federal (uno de los pocos claudistas auténticos), desplegando estrategias de detenciones y decomisos, con amplia difusión mediática, más cercanos a los lucimientos de Genaro García Luna durante el calderonismo.
Al igual que el ahora preso en Estados Unidos, el actual jefe policiaco 4T es objeto de muy buenas referencias en el ámbito de sus contrapartes estadunidenses y desde ahora hay una facción en México que trata de impulsarlo, desde ámbitos mediáticos y académicos, hacia la candidatura presidencial morenista de 2030. Su esfuerzo por mostrarse aliado de agencias y mandos del país vecino le darían, además, una especie de visto bueno.
Por lo pronto, la presidenta Sheinbaum ha dado, con el caso de Nemesio Oseguera, un viraje notable. Las fuerzas armadas mexicanas perdieron en Tapalpa un alto número de elementos, y calles, carreteras, ciudades y poblaciones rurales sufrieron la dura reacción de miembros del Cártel Jalisco Nueva Generación, pero se satisfizo la exigencia del gobierno trumpista de acciones contundentes contra peces gordos del narcotráfico (el poder gringo ya tiene al Chapo, el Mayo y decenas de mandos de grado menor), aunque sin la posibilidad de extradición y posterior testimonio alguno, pues el famoso Mencho murió en condiciones que siguen moviendo a especulación.
El insaciable Trump seguirá presionando y chantajeando, y es probable que el gobierno mexicano seguirá atendiendo los imperiosos paquetes de "información complementaria" proveniente del norte, para detener a más mandos del crimen organizado y arremeter contra sedes de cárteles.
No se pierda de vista lo mencionado aquí en columna anterior (el estadunidense Grupo de Trabajo Interinstitucional Conjunto contra los Cárteles). The New York Times señaló ayer: "En enero, el ejército estadounidense estableció un grupo de trabajo para el intercambio de inteligencia en Arizona, a unos 24 kilómetros de la frontera con México. Este grupo cuenta con aproximadamente 300 militares y civiles que estudian los cárteles -su liderazgo, logística y operaciones financieras- para proporcionar información de inteligencia a las autoridades mexicanas. El grupo de trabajo colaboró ??en la redada contra Oseguera, según informó The Times" ("México está atrapado entre Trump y los cárteles": https://goo.su/tuU12).
En el plano interno, el inusual golpe de balazos y no abrazos en Tapalpa, Jalisco, la renuencia de la presidenta a asumir personalmente la responsabilidad inequívoca de la decisión tomada, y la probable continuidad de esta nueva fase, guinda, de la guerra contra el narcotráfico, pueden servir, como en el judo, para que la fuerza exterior ayude a la científica gobernante a deslindes solo retóricamente negados y a una búsqueda de consolidación del mando personal, sin entrampamientos heredados. ¡Hasta mañana!