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ARQUITECTURA

At-Turaif, un referente arquitectónico en el desierto árabe

Distrito en Diriyah —Patrimonio de la Humanidad desde 2010— un ejemplo magistral de arquitectura najdi, que mediante muros de adobe, gran espesor, patios centrales y mínimas aberturas logra un equilibrio funcional entre protección climática y belleza.

Palacio de Salwa, uno de los mayores patrimonios arquitectónicos de At-Turaif. Imagen: Wikimedia Commons

Palacio de Salwa, uno de los mayores patrimonios arquitectónicos de At-Turaif. Imagen: Wikimedia Commons

JESÚS TOVAR

En este mundo convulso y cada día más caótico, lo malo pareciera abarcarlo todo. Se han normalizado graves problemas como el calentamiento global y la desertificación generalizada. Como sociedad “civilizada’’, hemos ido matando los ecosistemas que habitamos.

Después de tantos siglos en que nuestra especie ha intervenido la selva, el pastizal, la tundra o el bosque, pareciera que el desierto se ha convertido en el ganador de esta triste carrera de destrucción humana. Ahora debemos adaptarnos a esta realidad.

Algunos países han surgido de los desiertos naturales, aquellos que no han nacido de la mano humana. Es el caso de Arabia Saudita, cuyos habitantes se han integrado sabiamente a su entorno y, hoy por hoy, conforman una gran nación. Para los mexicanos, la cultura árabe debería ser más frecuentemente una fuente de conocimiento y amistad, pero las distancias geográficas a veces nos mantienen alejados.

En sus manifestaciones urbanas y de construcción, esta cultura tiene un valor incalculable: la arquitectura del desierto, que por desgracia es poco estudiada en nuestro país, por lo que deberá ser redescubierta por los arquitectos mexicanos.

Entre los ejemplos árabes dignos de análisis se encuentra At-Turaif, en Diriyah.

Fortaleza en Diriyah. Imagen: Shutterstock/ Fedor Selivanov
Fortaleza en Diriyah. Imagen: Shutterstock/ Fedor Selivanov

SU VALOR PATRIMONIAL

El distrito de At-Turaif es un sitio histórico de gran importancia que ha sido reconocido como Patrimonio de la Humanidad por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) desde el año 2010 y es considerado la cuna del reino de Arabia Saudí. Se encuentra en el noroeste de Riad, en el valle de Wadi Hanifah, dentro de la que fue la capital del Gran Emirato de Diriyah (Primer Estado saudita) de 1744 a 1818. Siempre destacó por ser el centro del poder temporal y de la reforma islámica (salafismo) en la región.

At-Turaif alberga los restos de varios palacios y mezquitas, como el Palacio de Salwa (sede de gobierno), la Casa de Invitados y la mezquita del Imam Muhámmad bin Saúd.

El estilo tradicional que caracteriza a este conjunto urbano es la arquitectura najdi, originaria de la región central de Arabia Saudita. Es una de las ex presiones más representativas de la arquitectura vernácula árabe y refleja la adaptabilidad a las condiciones del desierto, el aprovechamiento de materiales locales y una intensa vida social en estas comunidades oasis.

Vista aérea de At-Turaif, donde se percibe la distribución de los edificios Najdi en torno a patios centrales. Imagen: greenprophet.com
Vista aérea de At-Turaif, donde se percibe la distribución de los edificios Najdi en torno a patios centrales. Imagen: greenprophet.com

Utiliza adobe (barro mezclado con paja) como material estructural principal, madera de palma y tamarisco en vigas y soportes, así como piedras en zócalos o cimentación. Son componentes que ofrecen un aislamiento térmico excelente y esencial para climas extremadamente cálidos.

Los edificios najdi se construyen con muros de 60 a 80 centímetros de espesor para mantener frescos los interiores, y los acabados se realizan con capas de yeso o barro pulido, a menudo teñido de tonos ocres. Sus aberturas son mínimas para evitar la entrada de calor y las ventanas están colocadas a una altura considerable para mantener la privacidad. La apariencia exterior es sobria, casi monolítica.

Las viviendas de este tipo están organizadas en torno a un patio central, el cual proporciona luz, ventilación y un espacio doméstico protegido. Esto refleja la importancia de la privacidad y la vida familiar en la cultura najdi.

Esta arquitectura posee detalles decorativos únicos, como los mafrūg, que son relieves geométricos en yeso, realizados especialmente en interiores; los nafidhah, ventanas enmarcadas con molduras blancas, o las molduras dentadas en las cornisas, típicas de las zonas rurales.

En pueblos como Diriyah o Shaqra era común incluir torres de vigía y estructuras fortificadas. Los palacios y casas nobles tenían, además, murallas, puertas pesadas de madera y torreones esquineros.

Es una cultura que logró, de forma magistral e incluso poética, un equilibrio entre funcionalidad, privacidad y ornamentación geométrica. Su legado ha influido en la arquitectura contemporánea saudí, que busca siempre evocar o reinterpretar lo vernáculo de su país.

Cuando hemos analizado esta forma de proyectar y construir dentro de la escuela najdi, no queda duda de que las soluciones para el clima extremo del desierto pueden ser muy similares en todo el mundo, incluido México.

MÉXICO Y ARABIA SAUDITA VINCULADOS POR EL DESIERTO

Entre dos países siempre es interesante conocer, más que sus diferencias, sus similitudes. Las afinidades culturales entre México y Arabia Saudita están a flor de piel, especialmente en el campo de la arquitectura y el urbanismo. Ambos tienen grandes desiertos que invitan a sus arquitectos a resolver la vida en climas inhóspitos, pero cada vez más extendidos por el mundo. 

Calle con viviendas estilo Najdi en At-Turaif. Imagen: Arab News/ Abdullah AlJabr
Calle con viviendas estilo Najdi en At-Turaif. Imagen: Arab News/ Abdullah AlJabr

En México tenemos dos grandes desiertos, el de Sonora y el de Chihuahua. También hay otras zonas áridas notables, como el Gran Desierto de Altar y el desierto de Baja California, cada uno con características geográficas y biológicas únicas. En Arabia Saudita, los principales son el Rub al-Jali, que está considerado el desierto de arena más grande del planeta; el Nafud, famoso por sus dunas en forma de medialuna, y el Ad-Dahna, que es una banda de dunas rojas (llamadas “venas”) que conecta a los dos desiertos anteriores.

Aunque muy lejanos geográficamente, en temas culturales, arquitectónicos y urbanos ambos países comparten lazos de hermandad y similitudes que sorprenden. La presencia del desierto nos une, y las soluciones árabes y mexicanas son asombrosamente parecidas en muchos casos, de ahí que debamos intercambiar y compartir nuestro conocimiento.

La arquitectura del desierto fundamentada en el uso de la tierra o el barro representa para ambos territorios nuestra realidad, la esencia de nuestro hogar, un hogar de calidez y de familia. El sol, en su papel ambivalente de ser enemigo o amigo, nos acompaña siempre en nuestro diario andar por la vida.

Podríamos decir, por lo tanto, que la arquitectura vernácula mexicana y la árabe son miembros de una misma familia. Una familia de poetas que con el barro, la piedra, la madera, la cal, el verde de sus palmeras y el azul del cielo escriben sus más hermosos versos. Hoy muchos de nosotros nos deleitamos con ellos al escucharlos.

A Luis Barragán, gran arquitecto mexicano ganador del premio Pritzker, le fascinaba el mundo musulmán y todas sus expresiones culturales. Barragán nos legó, a través de sus viajes, sus charlas y sus lecturas, un camino de encuentro con diversas civilizaciones que hoy todos los arquitectos deberíamos estudiar.

Las realidades del futuro incluyen desiertos cada vez más extensos. Debemos prepararnos como sociedad para proyectar y construir en estos ecosistemas. Si como humanidad seguimos destruyendo nuestro mundo, tenemos que hacernos expertos en construir la mejor arquitectura del desierto posible. Toda la arquitectura histórica y contemporánea de Arabia Saudita representa una lección invaluable de cómo realizarla con un nivel de excelencia global. Para todos los arquitectos de México sería una experiencia significativa visitar esta región.

Hoy el desierto árabe es un museo al aire libre donde el pasado y presente coexisten, ofreciendo una experiencia inmersiva en los orígenes de esta gran nación amiga de México.

jatovarendon@yahoo.com

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Palacio de Salwa, uno de los mayores patrimonios arquitectónicos de At-Turaif. Imagen: Wikimedia Commons

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