ATRAPADO EN LOS 70’S: Cables retorcidos
En una plática, como siempre, después del ensayo y con unas cheves, surgen debates con grandes amigos músicos de quienes aprendo mucho. Entre cables retorcidos y hojas con letras tiradas en el piso, salen a relucir nuestros gustos e influencias; las diferencias de edades hacen que cada quien vea su tiempo desde una perspectiva distinta, respectivamente.
En medio de esas diferencias, y al estar escuchando de fondo una baladita de Phil Collins que yo considero plana, les dije a mis amigos como comentario: “Esa es la clásica canción ochentera sin batería humana”. Mi amigo joven me dijo:
“¿Pero cómo puedes decir semejante barbaridad si Phil Collins es de los mejores bateristas del mundo?”.
Yo prefiero el sonido de los setenta. Aunque los ochenta marcaron el gran éxito para muchas bandas, fue gracias a estribillos pegajosos y música pop más comercial, como baladas hechas para MTV y para triunfar en la radio y discotecas. Grupos como Genesis, por ejemplo, sufrieron la separación de su agrupación para dar lugar a un Phil Collins de baladas tipo Disney, tocando música con aparatos electrónicos como cajas de ritmo. Grupos grandes de los setenta como Queen se transformaron en los ochenta hacia un sonido pop, fresa, funkie y disco; incluso ellos, que presumían no usar sintetizadores, terminaron abusando de la electrónica hasta que el sello característico del grupo quedó en el olvido. Paul McCartney, tras tocar el cielo en los setenta con la crudeza artesanal de Band on the Run, se hundió en los ochenta en un mar de sintetizadores, secuenciadores y cajas de ritmo; desde la experimentación electrónica de McCartney II hasta el uso del Fairlight, cambió las guitarras honestas por producciones digitales que no envejecieron bien.
Grupos como Deep Purple, Led Zeppelin, Creedence, Scorpions, Black Sabbath, Pink Floyd o The Who dieron paso a la era de Tears for Fears, Pet Shop Boys, A-ha, Culture Club o Duran Duran. Los rockeros de cepa se volvieron baladistas pop, desplazando la batería tradicional por programaciones y usando pianos con sonidos sintéticos y ritmos secos. Casi nada de los ochenta siguió la tendencia anterior porque ponderaron lo comercial sobre lo artístico; llegó MTV y con ello se alinearon para fabricar productos en serie, algo a lo cual ningún grupo setentero pudo escapar.
Claro que en los ochenta hubo muchos grupos y artistas que apenas nacían y fueron auténticos porque ese sonido era su verdadera esencia. Bandas como Depeche Mode, The Cure, The Police, U2, REM o New Order no estaban fingiendo; ellos nacieron con ese estilo y fueron más honestos que aquellos que venían de los setenta y cambiaron por optar a lo comercial. En esa década bajó la calidad en pos de la mercadotecnia; por eso surgió el rock alternativo de grupos como Nirvana o Jane’s Addiction, y el regreso del hard rock crudo con los Guns N’ Roses, un nuevo concepto artístico que nació con todas las bases setenteras, pero con la furia de romper con los esquemas comerciales sin importar el riesgo, recuperando algo de lo que se perdió entre las cajas de ritmos y las baladitas hechas para ganar dinero.Cuando me preguntan por qué me quedé atrapado en los setenta, tengo muchas cosas que decir. Algunos me tachan de hablar nada más de lo que me gusta, pero es obvio que hay una gran diferencia entre el sonido de los setenta y el bache que se formó en los ochenta, comercialmente hablando. Una gran decepción surgió al escuchar un The Game, un Blackout o incluso un Give My Regards to Broad Street, con todo y David Gilmour.
No hablo solo de gustos personales; hablo desde una visión panorámica que abarca décadas vividas, infancia de barrio, escuchando la radio, los vinilos y los cassettes, pasando por todos los formatos hasta la actualidad digital.
Para quienes nacieron con MTV, el panorama cambia y dirán que estoy diciendo barbaridades, que solo hablo para mí.
No niego que los ochenta fueron una década maravillosa musicalmente hablando y que la música sigue evolucionando, pero no se puede ocultar que los grandes monstruos setenteros se tuvieron que alinear con la corriente comercial o peligraba su continuidad en algo que ellos llamaron evolución, pero que para algunos significó una plastificación comercial.
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