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Atrapado en los 70’s: El arte de escarbar en el subsuelo musical de 2026

Lo comercial vs el verdadero talento

Atrapado en los 70’s: El arte de escarbar en el subsuelo musical de 2026

Atrapado en los 70’s: El arte de escarbar en el subsuelo musical de 2026

SAÚL GARCÍA (PACHOLE)
SAÚL GARCÍA (PACHOLE)

Siempre hemos pensado que el rock ya se murió, que ya no hay grupos o artistas que sigan creando música al nivel que se hacía en los setenta. Se decía que ya se había clavado el último clavo en el ataúd del rock desde los noventa.

Como todas las cosas en la actualidad y en el pasado reciente, el dinero es el que manda. Si se trata de vender discos en los setenta o reproducciones en la actualidad, siempre se impone el que vende más, el que produce más ganancias, y no siempre el que aporta más al arte.

Hay muchas preguntas que surgen respecto al tiempo, las modas o los gustos del público. ¿Cómo ha ido evolucionando la música comercial, la que se toca en la radio y se consume ahora en el mundo digital y ya no en el físico? El negocio digital vino a distorsionar las cosas de manera drástica, volviendo la creación de discos algo totalmente obsoleto y reemplazándolo por canciones sueltas pensadas para retos de redes sociales de moda. Ya no importa la narrativa completa de un álbum conceptual; ahora lo único relevante es capturar la atención en los primeros cinco segundos de reproducción.

Pero dándole una revisada exhaustiva al catálogo musical década por década, nos podemos dar cuenta de que siempre, sea la década que sea, hay música de gran calidad. La historia nos dice que los Beatles o que Pink Floyd, Led Zeppelin o Queen son genios irrepetibles. Pero usando la lógica, si nos ponemos a pensar, qué raro que todos esos genios musicales surgieran en la misma época. ¿Por qué en esos años surgieron a la fama mundial esos grandes genios musicales y poco a poco sentimos los melómanos que vamos en decadencia? Qué raro, ¿no? ¿De pronto se acabó la genialidad y el virtuosismo?

Lo que sucede en realidad, lamentablemente, es que el dinero manda, y las grandes corporaciones van sobre lo que les deje ganancias, sin importar si es un artista virtuoso o un analfabeto musical que solo balbucea vulgarmente letras pobres. Lo importante es vender. Hoy los directivos ya no buscan talento en los bares subterráneos ni en los garajes de los jóvenes; ahora buscan números de seguidores en internet, moldeando figuras vacías que repitan fórmulas sin alma para asegurar ganancias rápidas a los inversionistas. Es un proceso de clonación masiva donde los instrumentos reales han sido sustituidos por computadoras.

Recientemente, desmenuzando en décadas anteriores los precursores del rock alternativo, sobresale algo como cuando las gráficas dicen más que mil palabras. La buena música, los genios, los virtuosos, están ahí, en cualquier década que busquemos. Una cosa es la inventiva, la calidad, la genialidad, la originalidad que uno como radioescucha o consumidor de discos siempre buscó, y otra cosa es lo que las corporaciones quieren que escuches y consumas. Lo que les deje más ganancias es lo que vas a escuchar, no lo que tú escojas. El consumidor promedio ha sido domesticado de tal manera que acepta pasivamente los ritmos monótonos sin cuestionar la alarmante carencia de ideas.

La calidad existe ahora al igual que en los cincuenta, sesenta o setenta, y se supone que debería ir en evolución, pero una cosa es lo que ellos nos dicen que escuchemos y otra es lo que realmente pasa. Existen, entonces, dos mundos distintos: el de lo comercial y el del arte. El primero es el que deja ganancias, así sea un tipo balbuceando soezmente vulgaridades, ofensas, vanagloriando delitos, homofobia, machismo, clasismo, racismo; si eso vende, es moda. Pero otra vez, como en los setenta, en los ochenta y noventa, hay un mundo subterráneo donde están esos músicos, compositores y virtuosos que hacen arte, pero no venden. Recientemente me puse a revisar en Spotify algunos grupos que suenan a los setenta y me encontré con gratas sorpresas. Existen de verdad en la actualidad músicos independientes que puedo considerar semejantes a los mismos genios musicales que existieron en los setenta. Lo que ha cambiado en realidad es la forma de comercializarlos; los valores van en franca decadencia y, lamentablemente, el mundo actual consume basura porque eso deja ganancias inmediatas a la industria. Afortunadamente, en la clandestinidad digital sobreviven esos reductos de genialidad donde todavía se suda la camiseta tocando instrumentos reales en vivo.

Para alguien que está atrapado en los setenta porque en esa década el arte es lo que dejaba ganancias y era moda, vivir en esta decadencia actual es tener que buscar para encontrar. Hay grupos actuales que ponderan el arte sobre lo económico; si antes el arte generaba ganancias y ahora no, de todas maneras el arte se manifiesta, no se puede callar. La cosa es buscarle, encontrar ese submundo musical donde la buena música vive, aun dentro de las plataformas actuales. Estamos en tiempos decadentes, musicalmente hablando; el mainstream manda. ¿Volverá el underground a surgir como el alternativo? Tenga el nombre que tenga, ya es justo. Las viejas generaciones y los jóvenes con oídos finos tenemos la obligación moral de rechazar el plástico que nos avientan diariamente y ponernos a escarbar en los rincones más profundos del internet para rescatar a los verdaderos herederos de las viejas glorias rockeras de antaño. El arte no morirá jamás por más dinero que le avienten encima.

Contacto: saulgarciamtz@hotmail.com         

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