Espectáculos FAMOSOS Ricardo de Pascual Conciertos películas DETENIDOS

Columnas

Atrapado en los 70s: El Mito del Instrumento, ¿se puede componer sin saber tocar? 

Parte I

Atrapado en los 70s: El Mito del Instrumento, ¿se puede componer sin saber tocar? 

Atrapado en los 70s: El Mito del Instrumento, ¿se puede componer sin saber tocar? 

SAÚL GARCÍA (PACHOLE)

Aprendo mucho de mis amigos guitarristas y músicos con los que me encuentro cada semana para ensayar algunas canciones setenteras y con quienes, al calor del momento y entre bebidas refrescantes, surge como siempre un debate intenso y de gran aprendizaje.

Al insistirles que, si tenemos la técnica y el talento para interpretar a los grandes de los sesentas, setentas y ochentas, ¿por qué no intentar hacer material original?, surge enseguida una serie de argumentos encontrados entre dos visiones distintas.

Por un lado están los técnicos, aquellos que aprendieron mecánicamente a ejecutar sonidos ya escritos a través de un instrumento; ellos llevan toda una vida puliendo el método, sabiéndose el nombre de cada nota o acorde basándose en reglas musicales, gramaticales y patrones predecibles; saben exactamente dónde colocar el dedo según la escala o el círculo de quintas. Mientras que, por el otro lado, está la visión de la creatividad por parte de quien, sin saber tocar instrumentos, inventa melodías con la mente, guiado por su oído interno y no por reglas.

Como alguien que imagina música sin ser instrumentista, considero que componer con la mente, con una orquestación interna y sin los límites físicos o ergonómicos de un piano o una guitarra, puede dar como resultado sonidos más complejos y menos “cuadrados”. Los músicos me dicen que para componer necesito saber tocar algún instrumento y sentir las vibraciones que emanan de él.

El debate se va acalorando cuando les digo que hablamos de conceptos distintos: cuando ellos dicen que para componer se necesita el oído musical que solo el instrumentista desarrolla, yo les respondo que ellos hablan de técnica y yo de sensaciones; ellos hablan de lógica y yo de emociones; ellos hablan de lo que el instrumento permite y yo de lo que la mente puede imaginar.

La plática se intensifica y seguimos dándole vueltas sin aterrizar. Aparentemente hablamos de lo mismo, pero no. Me explico: tener una “orquesta en la mente” no depende de la agilidad técnica de los dedos, sino de la capacidad de imaginar sonidos, texturas, ritmos y armonías. La música es un lenguaje, no solo una técnica. Saber tocar te da independencia, pero no saber tocar te da una libertad mental sin los límites de las cuerdas o las teclas, basándose en un oído interno muy distinto al oído musical que ellos dicen tener entrenado. Aquí creo que mis amigos músicos confunden la gimnasia de los dedos con la visión de la obra.

Para un músico que ha pasado su vida estudiando escalas, aceptar que alguien pueda imaginar una mejor melodía sin esfuerzo físico es un golpe a su ego. Sin embargo, hay muchas historias en los setentas donde la relación entre el visionario y el ejecutante creó algunas de las mejores piezas. Muchos grupos tuvieron esas fricciones donde un compositor, sin saber tocar bien, le daba instrucciones a un músico de técnica perfecta.

Generalmente, tenemos la percepción de que, en el rock de esa época, todos en el escenario tocaban algo, pero el compositor mental es más común de lo que parece; solo que se mantiene a la sombra o usa el instrumento apenas como apoyo visual. Es un mito popular creer que los grandes compositores deben saber escalas para poder crear. En la creatividad, lo que manda es la idea; el instrumento es solo un cable a tierra, pero la verdadera electricidad está en el cerebro.

Saber tocar un instrumento y saber componer una melodía son dos habilidades cerebrales distintas: una es ejecución y la otra es visión. Un músico puede domar su instrumento y lograr una técnica perfecta, puede tocar lo que sea y, al mismo tiempo, ser incapaz de crear algo desde cero por depender de la idea de otros; mientras que el compositor mental, sin dominar la técnica, puede tener toda una orquesta en su cabeza. Es muy raro encontrar a alguien con ambos dones —como Freddie Mercury o Prince, que fueron genios totales—, por eso las bandas deben complementarse: el que tenga la idea en la cabeza y el que la sepa aterrizar en el instrumento.

El don de la audición interna es escuchar la orquesta en tu mente, aprovechando el sonido del silencio como una hoja en blanco para oír esos sonidos. Su mente es un generador de audio con la capacidad de percibir sonidos que todavía no existen. Muchos músicos se convierten en bibliotecas de sonidos ajenos y confunden hacer música con interpretar códigos; tienen un oído entrenado para identificar notas, pero eso no significa que lo esté para la invención.

Debemos entender, finalmente, que el oído externo es una herramienta de análisis y reconocimiento, capaz de captar lo que ya vibra en el aire. Pero el don del oído musical interno es otra historia: es un órgano de creación pura que no necesita que el sonido exista afuera para poder escucharlo. Mientras el primero sirve para seguir el rastro de otros, el segundo es el que abre los caminos que todavía no han sido transitados.

Continuará...

Contacto: saulgarciamtz@hotmail.com

Leer más de Espectáculos

Escrito en: Atrapado en los 70's Columnas PACHOLE

Comentar esta noticia -

Noticias relacionadas

Siglo Plus

+ Más leídas de Espectáculos

LECTURAS ANTERIORES

Fotografías más vistas

Videos más vistos semana

Atrapado en los 70s: El Mito del Instrumento, ¿se puede componer sin saber tocar? 

Clasificados

ID: 2468771

elsiglo.mx