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Atrapado en los 70’s

El Dial de la Nostalgia: cuando la radio era el barrio 

Atrapado en los 70’s

Atrapado en los 70’s

SAÚL GARCÍA (PACHOLE)

Recuerdo vívidamente esas imágenes: amigos apostados en la esquina del barrio con el radio de pilas portátil colgando al hombro.

Eran los tiempos de la Amplitud Modulada (AM), de locutores con voces de terciopelo y programas que marcaban el ritmo de la vida. Navegábamos por el dial con una destreza casi quirúrgica, dándole vuelta a la perilla para saltar entre las doce estaciones que ya teníamos grabadas en la memoria, huyendo de los anuncios comerciales solo para regresar a la señal original en cuanto terminaba el corte. Éramos radioescuchas contumaces, casi de 24 horas, y, por supuesto, grandes consumidores de baterías.

Un Universo en 12 Estaciones

En aquellos setenta, la Frecuencia Modulada (FM) era todavía un mito lejano. Las opciones eran contadas, pero con una identidad inconfundible. Los jingles y las voces definían la personalidad de cada emisora. Los locutores manejaban una dinámica sencilla pero efectiva: complacencias, saludos, la hora exacta y el título de la canción traducido al español.

En el cuadrante lagunero, el menú era variado: Radio Ranchito, La Pantera, Radio Éxitos, Radio Felicidad, Radio Mayrán, Radio Variedades, Radio Laguna, La Divertida y Radio Sensación. Cada una con su propio universo de programadores y, sobre todo, con esos jingles de identidad que hoy parecen una especie en extinción. La radio no era solo un aparato; era el punto de reunión y el sonido ambiental que nos acompañaba en casa, en el taller o en la calle.

Los Personajes del Cuadrante 

En mi barrio, la González Ortega y Bravo, teníamos a nuestro propio gurú musical: Rosalío, el buen “Chalio”. Alto, de piel clara y figura espigada, Chalio siempre estaba en la esquina con su radio al hombro sintonizando Radio Éxitos. Era una enciclopedia caminante; identificaba cualquier canción al primer acorde. En ese entonces, escuchar música de los setenta no era nostalgia, era pura vanguardia. Por eso, las canciones del momento podían sonar cinco o seis veces al día.

Mientras armábamos la “pica” de fútbol o íbamos a la tienda por un Pop de manzana y un par de pilas nuevas, la radio era nuestro lenguaje común. Teníamos gustos compartidos, orbitando siempre entre La Pantera, Radio Éxitos y La Divertida.

Incluso mi padre tenía su propio ritual: Compraba El Siglo de Torreón y encendía un radio muy peculiar con forma de botella de whisky. Se sentaba temprano, afuera, bajo el sol, y la gente, al verlo de lejos, pensaba que estaba empinando el codo, cuando en realidad solo disfrutaba de su programación favorita. Los domingos no se perdía “Los Grandes del Rocanrol” en “La Divertida”. Eran tiempos donde la mayoría de las estaciones “dormían” a las diez o doce de la noche; Radio Éxitos fue de las pioneras en romper el silencio y transmitir las 24 horas, a veces con locutor grabado y otras en un místico silencio interrumpido solo por la música.

La Ventana al Mundo 

A través de programas como el “Hit Parade de los Estados Unidos”, en la XETAA, nos enterábamos de lo que el mundo escuchaba. Pero el verdadero viaje comenzaba al anochecer. Frente a la vieja radio de bulbos —esa que nunca se movía de su lugar—, jugábamos con el dial buscando señales lejanas.

Por alguna extraña magia atmosférica, durante la noche podíamos sintonizar estaciones estadounidenses. El sonido llegaba nítido, revelándonos otra forma de hacer radio: locutores más veloces, jingles electrizantes y un concepto que apenas empezaba a gestarse: el Classic Rock. Allí, en la oscuridad de la habitación, descubrimos que la radio ya estaba empezando a comercializar con la nostalgia, un fenómeno que tardaría algunos años más en desembarcar por completo en México.

Hoy, mientras conduzco, a veces cambio el selector a la banda de AM por puro instinto melancólico. Busco las viejas estaciones como si todavía estuvieran ahí, esperándome. Giro la perilla manual —aunque el cuadrante físico ya no exista y sea solo una pantalla digital— y recorro el 920 o el 1380 solo para encontrar el vacío de la estática.

Todas se mudaron. Es una sensación extraña, como ir a buscar a un viejo amigo a su casa de toda la vida, tocar la puerta y que te reciba un joven desconocido que te mira con extrañeza. Alguien que, por supuesto, no tiene idea de quién fue el que vivió ahí antes que él. 

Invitación 

Escuche todos los miércoles nuestro programa en Radio Torreón 96.3 FM donde desempolvamos los vinilos en una hora de 8 a 9 de la noche.

Contacto: saulgarciamtz@hotmail.com

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