Ayde Roldán y Abdeel Fabela: Dos mujeres que imponen orden en el futbol amateur de La Laguna
Mientras millones de personas siguen el Mundial 2026 desde las pantallas y los grandes estadios de Norteamérica acaparan los reflectores, en los ejidos de La Laguna de Coahuila el futbol se juega sobre canchas de tierra, entre gritos, apuestas y rivalidades que chocan para salvar el honor de todo un poblado.
Allí, donde el polvo se levanta con cada barrida y una final puede encender los ánimos de toda una comunidad, dos mujeres desafían una tradición reservada durante décadas sólo para los hombres. Con silbato en mano, las laguneras Ayde Roldán y Abdeel Fabela cruzan cada fin de semana la línea de cal para imponer orden en uno de los territorios más ásperos del deporte amateur en la región.
Entre insultos machistas, decisiones polémicas y partidos que pueden terminar en bronca comunal, ambas han aprendido que arbitrar en el llano no sólo exige conocer las reglas del juego: también requiere carácter para sostenerse solas en medio de una cancha donde casi todos creen que las mujeres deberían de estar realizando labores en la cocina.
Sin embargo, ellas desdibujan los estereotipos para plantarse en los campos empolvados del desierto lagunero para demostrar que tomar buenas decisiones dentro el rectángulo no depende del género.
Más de una década silbando en el llano
Hace once años, Ayde Roldán llegó al arbitraje por accidente. Había acudido a jugar un partido de futbol siete cuando el organizador del torneo le pidió ayuda para dirigir un encuentro infantil.
“No sabía nada de reglas arbitraje. Me dijeron: ‘arbitra lo que tú crees, como jugadora, que no te gustaría que te hicieran’”.
Aceptó el reto sin imaginar que aquel improvisado debut terminaría convirtiéndose en una pasión que a la fecha la mantiene al borde del silbato. Ese día la lanzaron al ruedo, cobró por el trabajo realizado y descubrió una nueva manera de vivir el futbol.
“Las perspectivas cambian cuando eres árbitro a cuando eres jugador”, expresa. Actualmente Ayde sólo dirige partidos.
Con el tiempo decidió formarse profesionalmente. Fue una de las primeras mujeres en La Laguna en abrirse paso en ligas dominadas por hombres y comenzó a dirigir partidos cada vez más importantes. Hoy ha participado en torneos donde compiten hasta exfutbolistas profesionales y es la primera mujer en arbitrar una Liga de Campeones local y partidos de la Copa Chilchota en futbol siete, entre otras.
“Jamás imaginé estar donde estoy ahorita”.
Aunque tuvo la oportunidad de acercarse al arbitraje profesional, las limitaciones de edad y las exigencias del sistema le cerraron esa posibilidad. Desde entonces, su carrera se ha desarrollado completamente en el futbol llanero, donde se ha ganado un lugar en los encuentros más exigentes de la región.
Para Ayde, cada partido comienza con una sensación difícil de describir: “Dar el primer silbatazo es adrenalina porque nunca sabes qué te espera”.
Esa incertidumbre va más allá de lo deportivo. En una cancha llanera, expresa, un árbitro lidia con frustraciones, egos y conflictos que los jugadores cargan fuera del terreno de juego.
“Nosotros, aparte de ser árbitros, somos como un tipo de psicólogos. No sabes qué problemas trae un jugador y va y te grita o te exhibe. Tú tienes que controlarte porque si respondes pierdes autoridad”.
Los fines de semana, Ayde deja temporalmente su trabajo en el área deportiva del Ayuntamiento de Gómez Palacio para recorrer ejidos y comunidades donde el futbol se vive con intensidad y pasión. Ahí ha comprobado que el machismo sigue siendo uno de los rivales más difíciles.
“Hay equipos que te cobijan por ser mujer, pero hay otros que dicen que no tenemos la capacidad y que no servimos para pitar un partido”.
Cuando las decisiones arbitrales afectan al equipo local, los comentarios suelen escalar rápidamente: “Vienen los insultos, los comentarios de que deberíamos estar en la casa, que no sabemos cocinar, lavar o planchar”.
Reconoce que esas palabras lastiman, pero también entiende que responder sólo alimentaría una discusión interminable.
“Nos tenemos que preparar el triple. La gente cree que porque somos mujeres no leemos las reglas, cuando en realidad tenemos que estudiarlas más que nadie”.
Ese esfuerzo constante es una de las razones por las que ha logrado mantenerse en partidos que muchos árbitros rechazan por temor. Las finales del futbol llanero, explica, representan uno de los mayores desafíos.
“Por algo pitamos finales y por algo nos dan los partidos más fuertes. No cualquiera se avienta el tiro”.
Aunque asegura que cualquier encuentro puede complicarse por una decisión polémica, sabe que en el arbitraje la culpa casi siempre recae sobre quien porta el silbato.
“Tú puedes marcar correctamente, pero si un equipo pierde siempre piensa que fue por una decisión que tomaste tú”.
Aun así, Ayde no contempla alejarse de las canchas. Define el arbitraje con una sola palabra: sacrificio.
“Somos dos mujeres contra todo”. La frase resume la realidad que comparte con Abdeel Fabela. En una región donde ellas son las únicas mujeres que dirigen partidos del futbol amateur, ambas cargan con la responsabilidad de abrir camino para quienes vienen detrás.
El panorama del arbitraje femenino
En un contexto más nacional, como dato, de acuerdo con cifras oficiales difundidas por la Comisión de Árbitros de la Federación Mexicana de Futbol (FMF) en marzo de 2026, México registraba 105 árbitras profesionales, lo que representa 13.8 por ciento del padrón arbitral nacional, integrado por 758 árbitros y árbitras.

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La silbante mexicana hará historia este jueves en Kansas City al comandar la terna arbitral para el duelo de fase de grupos entre Túnez y Países Bajos.En ese sentido, para Ayde, ser arbitra le ha representado invisibilidad, falta de reconocimiento o que simplemente no se promueva que más niñas o jóvenes accedan a prepararse para al final dirigir los partidos.
“Son muy pocas las personas que nos voltean a ver y este reportaje nos puede ayudar a que más mujeres vean que sí se puede. Ojalá que más niñas o adolescentes quieran ser árbitras, porque somos muy poquitas en el amateur. Ya de perdido, que se complete la tercia aquí en La Laguna”.
Pasión por dirigir juegos
Si Ayde Roldán llegó al arbitraje por accidente, Abdeel Fabela encontró el silbato después de años siendo jugadora,
Tiene 26 años y desde los 11 juega futbol en las ligas municipales de La Laguna. Creció entre torneos escolares y partidos impulsada por el apoyo de su padre. Hombre que la animó a mantenerse en un deporte donde las mujeres todavía buscaban abrirse espacio. Más tarde, cuando ya era futbolista, recibió una invitación que cambiaría el rumbo de su relación con el deporte más popular del mundo.
Su cuñado, árbitro profesional, estaba por retirarse y le propuso que tomará la estafeta.
Abdeel aceptó y desde hace cuatro años forma parte del arbitraje amateur. Hoy combina esa actividad con su trabajo como maestra de preescolar, una rutina que comienza antes del amanecer.
Como integrante de la delegación de árbitros afiliada a la Federación Mexicana de Futbol, entrena diariamente en la Deportiva de Torreón. Las jornadas arrancan desde las seis de la mañana con preparación física, trabajo técnico y sesiones de aula. Después tiene que darse prisa para llegar a tiempo a impartir clases.
Originaria de Francisco I. Madero, asegura que durante su primer año apenas conseguía partidos. En un municipio donde el futbol mueve importantes cantidades de dinero y despierta pasiones intensas, ser mujer representaba una barrera adicional.
“No había trabajo, no me contrataban”, recuerda.
Con el tiempo también descubrió que la desigualdad se reflejaba en el pago. Mientras a algunos compañeros les ofrecían hasta 550 pesos por encuentro, a ella le propusieron 350 por realizar la misma labor. La diferencia fue desapareciendo conforme acumuló experiencia y ganó prestigio dentro de las ligas.
“Ahora soy la que más gana”, dice entre risas. Sin embargo, el mayor reto nunca ha sido económico.
Como una de las pocas árbitras activas en el futbol amateur en toda La Laguna, Abdeel sabe que cada partido implica demostrar constantemente que tiene la capacidad para estar ahí.
“Una mujer siempre se tiene que esforzar más”, afirma.
Durante años percibió que algunos organizadores la contrataban más por la novedad de tener una mujer en la cancha que por sus conocimientos. Por eso convirtió la preparación en una herramienta para ganar respeto.
La exigencia física es uno de los prejuicios que escucha con mayor frecuencia. “Siempre creen que no tenemos la condición física de un hombre”.
A eso se suman los comentarios que se repiten en muchas canchas rurales de la región: “¿Por qué no te vas mejor a la cocina?”.
Paradójicamente, asegura que muchas de las críticas más duras provienen de otras mujeres. Aun así, aprendió a convivir con la presión. Considera que la concentración es la principal herramienta de un árbitro.
“Si tú estás seguro de lo que estás marcando, aunque vengan y me griten, yo no cambió de parecer”.
La experiencia también le enseñó que el árbitro suele convertirse en el responsable favorito de cualquier derrota.
“Los errores del árbitro siempre se van a ver. Un jugador puede fallar diez goles, pero la culpa siempre será del que trae el silbato”.
Entre los partidos más complicados que ha dirigido recuerda una semifinal máster en el ejido La Joya, una cancha con fama de albergar encuentros especialmente tensos. Aunque asegura que nunca ha sido agredida físicamente por jugadores, sí ha vivido momentos de alto riesgo.
A pesar de todo, no se imagina lejos del arbitraje. Aunque sigue jugando futbol con un equipo de Francisco I. Madero, disfruta más dirigir que participar como futbolista.
Para ella, ser árbitra significa pasión, entrega, dedicación y esfuerzo. Una definición que coincide con la realidad que comparte junto a Ayde Roldán.
Las dos saben que todavía son una excepción en las canchas de tierra de La Laguna. Y que, a pesar de que tienen que trotar los terrenos más ásperos, con su profesionalidad y dedicación, tratan de derribar las barreras de género.

