Bansky en persecución
Una investigación publicada recientemente por Reuters vuelve a poner en debate la identidad del polémico artista británico, cuyo anonimato ha sido capaz de abordar temas políticos de suma sensibilidad a través de una mirada crítica.
Banksy, el artista urbano más famoso de la historia, aparece cada cierto tiempo en diferentes momentos de la cultura popular como un jugador astuto y enigmático. Su relevancia radica en lo accesible que es su obra y lo pertinente de sus mensajes, pero también en el hecho de que, por décadas, ha permanecido oculto, sin revelar quién es, creando un aura de misterio difícil de ignorar y que se presta a infinitas especulaciones.
Coqueteando siempre con lo cómico y lo aparentemente inocente, tanto su obra como su identidad han sido motivo de una discusión que suele fundirse, más temprano que tarde, en la banalidad. Hoy el artista británico ha vuelto a ser centro de atención porque su “persecución”, ese juego del gato y el ratón, presuntamente ha finalizado al responder a la eterna pregunta: ¿quién es Banksy?
DE TEORÍAS CONSPIRATIVAS Y UNAS CUANTAS VERDADES
Según las últimas noticias, la identidad de Banksy ha sido descubierta con pruebas calificadas como “irrefutables”, confirmando las pistas arrojadas por algunas investigaciones realizadas en el pasado.
La evidencia indica que se trata de Robin Gunningham, un hombre de mediana edad originario de Bristol, Inglaterra, quien ya había sido señalado anteriormente como el artista y quien ha cambiado su nombre a David Jones para pasar desapercibido. Banksy, antes incógnito, por fin tiene un rostro.
El investigador español Francisco Marco es el artífice del descubrimiento y la agencia periodística Reuters la plataforma que lo ha dado a conocer de forma masiva. Y es que dicha investigación ya había aparecido en el diario El Mundo sin que tuviera un alcance mediático tan amplio. De hecho, 16 años atrás, el periódico británico The Mail on Sunday también había vinculado a Banksy con el oriundo de Bristol, pero fue Reuters el medio que retomó el caso, logrando alcanzar una mayor viralidad a nivel internacional.
En un extenso artículo del 13 de marzo de 2026, la agencia reaviva el debate sobre la identidad del susodicho, señalando de nueva cuenta a Gunningham después de reconstruir su trayectoria como creador incógnito a través de registros judiciales, documentos policiales y testimonios.
El abogado y detective español realizó esta investigación como respuesta a un capricho de sus hijos, quienes lo retaron a descubrir al artista, según narra una publicación reciente de La otra crónica. La primera prueba surgió de un dominio web llamado L3ANK SY.com, que estaba a nombre de Gunningham. ¿Acaso Banksy siempre ha sido así de descuidado?
El “aguafiestas” encontró, además, una confesión que la policía hizo hacer a Banksy tras un arresto por vandalizar una valla publicitaria, así como algunos registros sobre la identidad legal de Gunningham.
Durante 2022, Reuters indagó la presencia de individuos en zonas de guerra en Ucrania, usando testimonios, registros de viaje y coincidencias en cuanto a fechas y paraderos. Una persona identificada como “David Jones”, el nombre más común en Inglaterra, y cuya fecha de nacimiento coincidía con la de Gunningham, viajó a esta región en el mismo periodo en que aparecieron en ella murales atribuidos a Banksy.
En esta pesquisa aparece, además, Robert del Naja, vocalista de la agrupación de trip-hop Massive Attack, colocándolo como colaborador cercano en algunos proyectos del artista urbano. De esta relación se hablará más adelante.
Como ya se mencionó, en 2008 The Mail on Sunday había publicado una investigación que llegaba a la misma conclusión sobre la identidad de Banksy, pero sin un éxito tan tajante. En aquel momento el entorno del artista esquivó dichas afirmaciones con cierta facilidad, ya que no estaban sustentadas por la rigurosidad periodística necesaria ni por una reconstrucción tan minuciosa de la trayectoria del “prófugo”.
Sin embargo, a pesar de los nuevos y más contundentes hallazgos, la identidad de Banksy no ha sido confirmada oficialmente. Por el contrario, se han señalado posibles fallas en el reportaje de Reuters.
Esto quiere decir que Gunningham no aparecerá públicamente como una celebridad a tomarse fotos con sus fanáticos, al menos no hasta que el círculo cercano de Banksy y su web oficial lo reconozcan como tal.
De hecho, es un proyecto artístico que podría incluir a varias personas; incluso podría tratarse de un colectivo. Es una historia que sigue guardando un gran atractivo porque la identidad de Banksy permanece como el Moby Dick de algunos periodistas y como la fantasía de su público.
LAS MÚLTIPLES CARAS DE BANKSY
Una de las hipótesis más fuertes sobre la identidad del artista tiene que ver con el antes mencionado Robert del Naja, conocido en el mundo del grafiti como 3D y considerado un pionero en el uso del esténcil.
El periodista Craig Williams popularizó en 2016 la sospecha de que Banksy es en realidad un proyecto alterno de 3D o que, por lo menos, el incógnito está afiliado a la banda Massive Attack, ya que las fechas de sus presentaciones en vivo coinciden con apariciones de obras atribuidas al británico.
La misma suposición existía en torno a Jamie Hewlett, cofundador de la banda virtual Gorillaz y creador del afamado cómic Tank Girl, cuyo estilo visual y sus vínculos con la cultura británica han hecho que algunos fanáticos lleguen a la conclusión de que se trata de Banksy. Esto, sin embargo, es más bien una hipótesis bastante escueta, algo que le gustaría creer a los ávidos consumidores de la cultura popular.

Tan estimulable es la imaginación de la gente que en determinado momento se llegó a creer que el artista era Neil Buchanan, conductor del programa infantil Art Attack, donde creaba piezas de grandes dimensiones con telas y otros objetos, y que por su tamaño sólo podían ser vistas desde las alturas. La suposición, hecha en 2020, se sostenía sólo en el hecho de que Buchanan coincidió en tiempo y lugar con el avistamiento de una obra de Banksy —y, claro, por sus habilidades creativas—, pero él mismo lo desmintió oficialmente.
Una posibilidad más cercana era la del protagonista del documental Exit Through the Gift Shop (2010), Thierry Guetta, conocido en el mundo del grafiti como Mr. Brainwash. Este personaje destacó por fingir ser un cineasta que documentaba a artistas urbanos y después se convertiría en uno de ellos, fascinado por el peligro y la emoción de esta actividad. Lo pintoresco del Imagen: Very Nearly Almost Magazine sujeto hizo que se pensara que era una construcción hecha por Banksy para la película o que incluso podría ser él, pero esta aseveración también fue desmentida.
El pseudónimo Robin Banksy es parte de otra especulación, ya que, según la Enciclopedia Britannica, Gunningham utilizó este apodo en sus inicios como grafitero. Un adolescente afirmó en 2015 que había ayudado a un hombre que se presentó ante él como Robin Banks —homófono en inglés de lo que se traduce como “robando bancos”— a recoger algunas pinturas que se le habían caído de su mochila. En agradecimiento, el sujeto le regaló una impresión firmada como Banksy.
Luego están los casos en que la opinión popular y la viralidad se salen de control. El político de un pequeño pueblo de Gales, William Gannon, decidió iniciar en 2022 una campaña para decir abiertamente que no era Banksy, pues alguien había esparcido el rumor de que se trataba de él, todo a partir de sus antecedentes haciendo esténcil y de la aparición de un grafiti amateur cerca de su residencia. Estos rumores, aparentemente iniciados por un rival político, estaban perjudicando su carrera, por lo que decidió salir a la calle con un pin con la frase “no soy Banksy”.
Por otra parte, George Georgiou, un constructor del norte de Londres cuyo retrato se está compartiendo erróneamente como uno de Robin Gunningham tras la investigación de Marco, ha dicho que está harto de ser confundido con Banksy. Su fotografía ha sido comparada con una de Gunningham tomada en 2008, presuntamente la única donde aparece. Al hallar parecido entre los dos hombres, que además usan un modelo muy parecido de anteojos —tal vez el mismo—, se ha especulado que el trabajador es en realidad el artista.
Desde que el constructor fue captado instalando una valla alrededor de una intervención de Banksy en un muro adyacente a un árbol podado de Hornsey Road en 2024, ha sido confundido con el famoso creador de esténciles, razón por la que está cansado y furioso. “Última hora: el valor de las obras de Banksy se está desplomando tras revelarse que es un viejo gordo”, dicta una publicación sin importancia de la red social X. “Maduren y búsquense una vida”, responde Georgiou. Tal vez todos los que estamos conjeturando sobre el tema deberíamos seguir su consejo.
A muchos les gustaría creer que el artista es en realidad una celebridad encubierta, sobre todo alguien a quien ya admiran, o bien, que es alguien totalmente improbable, una persona común con una segunda vida como si fuera un héroe de cómic. Tal vez la diversión está en continuar indefinidamente con el juego de generar teorías.
Sin embargo, muy a pesar de los necios que no dejan morir las especulaciones, las que parecen más aceptables son dos: la de Gunningham y la de Banksy como colectivo. La velocidad con la que se realizan sus obras en distintos países, la complejidad logística de las mismas, su consistencia estilística y la diversidad temática parecen indicar que no se trata de una sola persona de mediana edad.
Las diferentes hipótesis ya son parte del imaginario de Banksy, de su performance que nos abstrae de la realidad y nos lleva a un mundo caricaturesco. En el artículo The Media May Have Unmasked Banksy, Again, de AP, se agrega que incluso tras las investigaciones el debate continúa abierto, lo que le da a todo el asunto el aspecto de una nueva broma, un nuevo misterio que se convierte en otra obra cómica más. Con pruebas o no, la sola posibilidad de mantener el anonimato potencia un impacto simbólico y forma parte del fenómeno cultural que rodea al artista.
Lo cierto es que aunque haya evidencias irrefutables, mientras los medios oficiales de Banksy no se pronuncien, las teorías no se detendrán. Incluso es posible imaginar, por improbable que parezca, que la figura de Gunningham sea un señuelo. Si a nosotros se nos ocurre esto, ¿por qué Banksy no lo pudo haber pensado? Cada cierto tiempo hay un nuevo movimiento que mantiene al artista vigente en los medios, así que por qué no continuar explorando la pregunta: ¿quién es Banksy?
ESCAPE POR LA TIENDA DE REGALOS
Pero, ¿cómo comienza esta historia? Se estima que Banksy —o “Bansky”, como le suelen llamar erróneamente en los noticieros—, habría nacido en los años setenta, comenzando su trayectoria en la década de los noventa en Bristol. La escena underground de la ciudad industrial llevó a varios jóvenes a realizar arte urbano a mano alzada, pero Banksy llegó a su característico estilo basado en esténcil en 1994 y pronto comenzó a pintar obras ilegalmente en Londres y otros países.
Según la web banksyexplained.com, sería casi imposible seguir la pista de todo lo que ha realizado durante su carrera dado su ritmo de producción tan prolífico. Es posible que siempre haya cabos sueltos y curiosidades que se sigan descubriendo al respecto.
Se cree, además, que Banksy nació en Yate, un pueblo situado al suroeste de Bristol, y sus primeras obras, realizadas a mano alzada, posiblemente formaron parte del grupo llamado DryBreadZ, junto a los grafiteros Kato y Tes.
Los siguientes pasos para que se convirtiera en el artista urbano más conocido del mundo se dieron cuando hizo sus primeras piezas hechas con plantillas (esténcil). La leyenda urbana cuenta que mientras se escondía bajo un camión, vio el número de serie del vehículo pintado con plantilla, lo que le dio la idea de realizar su obra de esta manera para intervenir el espacio citadino lo más rápido posible sin ser visto.

En 1998 montó la que se presume fue su primera exposición interior, es decir, era la primera vez que no utilizaba la ciudad como lienzo. Ahí presentó mayormente acrílicos sobre tela. Según el muralista español Aleix Gordo, varias personas invitadas a este evento conocieron el rostro de Banksy, puesto que aún no se tomaba el anonimato como parte crucial de su proyecto.
En esta muestra se pudo ver una versión temprana de Love Is in the Air, misma que luego sería realizada en esténcil a principios de los 2000 y que se convertiría en una de las obras más conocidas del artista. Fue entonces cuando el enorme potencial del Banksy de hoy comenzó a asomarse.
Probablemente uno de los pasos más importantes en su carrera se dio cuando, todavía en los noventa, formó equipo con el fotógrafo y publicista Steve Lazarides, quien lo contactó con esferas más altas del mercado del arte al convertirse en su agente.
Conforme fue adquiriendo fama, Banksy decidió llevar el anonimato que guarda cualquier grafitero a un extremo poco imaginable. Mientras que los artistas urbanos usan pseudónimos para pintar de forma ilegal, el británico no sólo ocultó su identidad para evadir multas y poder expresarse libremente, sino que convirtió esta incógnita en parte de su performance. Al llegar a la cultura popular, este férreo anonimato fue visto por el mundo como una de sus características principales; se leyó como una extravagancia total. Es así como comenzaría la búsqueda por descubrir su identidad y nacerían las hipótesis que todavía engrandecen su mito.
El fenómeno Banksy se sitúa en una lógica enfocada en lo lúdico, en lo caricaturesco y lo simple, siempre entre el mensaje político y la cultura popular o, como lo llama él, “la tienda de regalos”, haciendo referencia a que los museos hacen que los visitantes tengan que salir justo pasando por la tienda de souvenirs. Ahí, la simplificación y la infantilización son maneras en que el arte y su mensaje político pueden ser más digeribles.
La identidad del esquivo artista es parte de su performance, como si una caricatura se filtrara en la realidad; un fenómeno que sólo el arte es capaz de provocar.
LA IMPORTANCIA DE LLAMARSE BANKSY
El nombre del autor incógnito es muy reconocido en la cultura popular, incluso entre aquellos que son ajenos al mundo del arte o del arte urbano. Y es que Banksy reúne la síntesis necesaria de mensajes y una legibilidad que es calificada por entendidos y periodistas culturales como “fácil”, “demasiado simple” o “banal”, como lo hacen las críticas de Alexander Adams o Jonathan Jones. Aun así, a estas alturas la aparente cursilería de obras como Niños y estrellas se ha apropiado del imaginario popular.
Es innegable que la propuesta de Banksy llega a la comprensión de muchos y es precisamente esa simplicidad la que lo hace ser acreedor de una popularidad comparable a la de los nombres más mundialmente célebres del arte, alejándose incluso del contexto urbano que lo vio nacer.
Otros artistas que intervienen la ciudad de Bristol se quejan de que exista una doble moral respecto a cómo se trata su obra comparada con la de Banksy, es decir, que se criminalicen sus acciones mientras que los esténciles del famoso británico son celebrados e incluso haya quien robe sus piezas con todo y muro donde las plasmó. Pero, ¿no es la ilegalidad la que le da un significado contestatario a la intervención urbana?
Según el periodista Max Foster, existe algo que él mismo denominó el “efecto Banksy”, mediante el cual la valoración del arte urbano, en general, ha ido en ascenso, gozando de un nicho de mercado y una mejor supervivencia gracias a la popularidad del artista incógnito.
El suyo es un caso inusual. Una especie de “error en la Matrix” lo hizo mundialmente reconocido entre un ecosistema artístico y sus influencias, un contexto musical y visual determinados, un momento y lugar que guardan elementos que ahora conforman su mito. Banksy fue quien dijo el chiste más fuerte y el mundo ríe con él.
La cultura hip-hop de Bristol, así como la música alternativa y el trip-hop, rodean la figura de Banksy, cuyos valores culturales se construyeron desde el underground, aunque ahora se hayan vuelto prácticamente masivos en un sistema que tiende a absorber cualquier acto contracultural.
La desprolijidad y la sublevación del grafiti neoyorquino son una referencia directa para su arte. La web de la galería Guy Hepner señala a Blek le Rat como un antecesor del británico, quien ha reconocido públicamente esta influencia. Del francés, Banksy no sólo tomó la técnica, sino el motivo de las ratas, que ha utilizado en algunas obras como la realizada en el metro de Londres durante la pandemia por covid-19, donde aparecen varios roedores: uno estornudando, dos intentando tocarse las manos, otro envuelto en un cubrebocas, etcétera. Las ratas, como los humanos, están presas en el entorno urbano, pero también tienen necesidad de jugar y liberarse del ambiente hostil que las rodea.
“Cada vez que pienso que pinté algo un poco original, recuerdo que Blek le Rat lo hizo, sólo que veinte años antes”, admitió Banksy en el DVD Original Stencil Pioneer, dirigido por el escritor King Adz. Quizá la línea que hay que tender entre ambos autores es una que cataloga a Banksy como un Blek le Rat, con su característico comentario político y su técnica, pasado por un filtro un tanto menos sobrio y bastante más accesible.
Citar personalidades del grafiti y del arte pop como influencias de Banksy es una obviedad que, sin embargo, es necesaria. El trabajo de Keith Haring o JeanMichel Basquiat llevó el tag —las firmas de grafiteros en el espacio público— a una narrativa visual poderosa.
El terreno que pavimentaron estos artistas fue crucial para que Banksy caminara, mientras que Blek le Rat y el caricaturista político Honoré Daumier, quien realizaba fotomontajes satíricos, formaron la mezcla que cimentó la identidad visual y el impacto inmediato de lo que sería, indudablemente, un Banksy.
Al mismo tiempo, el artista británico se inspiró de una corriente de la que hereda más bien un modus operandi conceptual: el situacionismo y las prácticas del happening y el performance. Su presencia incógnita, la sorpresa de los avistamientos de sus obras e incluso acciones como la obra que se autodestruyó en la casa de subastas de Sotheby’s —duplicando su valor ante el inesperado acto— son situaciones construidas con un propósito artístico. Banksy es, entonces, una mezcla de ingredientes producto de un momento en el que el arte se comporta de múltiples maneras.
EL OTRO FENÓMENO BANKSY
El anonimato es algo que no tenemos hoy en día. La posibilidad de que alguien actúe de forma oculta es, en sí, un comentario sobre la hipervigilancia dentro de la que vivimos. Si bien es algo que puede ser muy común en el ámbito del arte callejero, es una anomalía en la cultura popular. Banksy se ha convertido, de este modo, en una figura que rompe paradigmas en el arte contemporáneo, una resistencia simbólica ante un mundo donde se pugna por ser vistos en todo momento.
La autoría nos ayuda a explicar la obra de un artista, analizándola a través de su historia personal y, en general, dándole coherencia. Es un signo de la actualidad el buscar fundir la producción artística con aspectos de la vida del creador mismo.
El culto a la personalidad se ve reflejado en noticias y reacciones públicas que han expresado preocupación por una posible baja en los precios de las obras de Banksy luego de la revelación de su identidad, poniendo incluso énfasis en la apariencia mundana de Gunningham o, más bien, en la imagen difundida erróneamente de Georgiou, el trabajador de la construcción. Pero han pasado varias semanas desde que se publicó la investigación de Francisco Marco en Reuters y esto no ha ocurrido.
Se asume que la obra de Banksy es efectista en el sentido de que el anonimato forma gran parte de su impacto y del interés que despierta. Si bien esto es debatible, lo cierto es que cualquier creativo está en su derecho de separar su vida personal de su producción artística.
Una de las razones de Banksy para mantenerse oculto es la libertad de hacer comentarios políticos. Al separar la persona de su obra, además, podemos valorar mejor su mensaje, por simple que sea, y no minimizarlo mediante la falacia ad hominem, algo muy común en la tan extendida cultura de la cancelación. Es necesario que los mensajes críticos se gesten en la misma sociedad, en las calles, y no a través de intereses personales de ningún tipo.
Tal vez no es factible que un personaje irreal salte hacia este mundo aburrido. Tal vez, después de todo, no necesitamos conocer la identidad de Banksy para darle sentido a su arte.

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