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CARLOS ELIZONDO
CARLOS ELIZONDO

Con AMLO parte de la corrupción se organizó desde arriba y desde ahí se ha protegido; los escándalos de Taddei son sintomáticos.

ÁTICO

La corrupción se barre de arriba abajo, repetía AMLO. Durante su gobierno sucedió lo opuesto. Buena parte de la corrupción se organizó desde arriba y desde ahí se ha protegido. ¿En serio los sobrinos políticos de su secretario de Marina tejieron las gigantescas redes del huachicol fiscal sin apoyo superior? Hoy prevalece el principio de que a los de casa se les protege y de que sancionar a los “machuchones” es admitir que existe la corrupción. Por eso estamos peor que antes. En el factor “ausencia de corrupción” del Índice de Estado de Derecho 2026 del World Justice Project, México ocupa el lugar 135 de 143 países, con 0.26 puntos en escala de 0 a 1. En 2018 teníamos 0.31.

Arriba puede ser cualquiera que encabece una institución, como el alcalde de Tequila. Cayó cuando las denuncias de cómo extorsionaba llegaron al gabinete de seguridad de Sheinbaum. Si no, los afectados habrían tenido que pagar, o cerrar.

Los escándalos de la presidenta del INE son sintomáticos. Desde la autonomía del IFE en 1996, se entendió que, para ser confiable, debía encabezarlo gente experta, honesta y de buena reputación. Cuidaron bien los dineros del INE.

Elegir a los consejeros con el voto de una coalición amplia con todos los partidos, en casi todos los casos, descartaba por diseño a quienes tuvieran historias turbias. Además, el régimen colegiado, con consejeros independientes, imponía contrapesos.

En la elección de Taddei, en marzo de 2023, la mayoría morenista, que no tenía los dos tercios de la Cámara de Diputados, prefirió la tómbola a negociar con la oposición. Las cinco finalistas salieron, por voto dividido, de un comité técnico con mayoría afín al gobierno. Maite Azuela, integrante del comité, advirtió que cuatro, Taddei incluida, “no cumplen con el perfil de imparcialidad y autonomía que prevé la convocatoria”.

Ya como presidenta, no pudo convencer a sus pares de aceptar a antiguos colaboradores del Instituto Electoral de Sonora en altos cargos del INE. En 2024, Morena le cambió la ley para que nombrara directores sin aval del Consejo General, aunque el nombramiento del secretario ejecutivo aún requiere el voto favorable de ocho consejeros. No lo ha logrado. Desde septiembre está como encargado de despacho Roberto Félix, quien fuera su cercano colaborador en Sonora.

No cabe en esta columna todo lo publicado en los medios. Destaco algunos ejemplos: un proveedor del INE que habría organizado su cumpleaños; dos choferes bien pagados, uno de ellos apoderado de una empresa proveedora del propio INE que ya lo era del Instituto de Sonora que ella presidió, y un exrepresentante de esa empresa nombrado administrador del INE. Está también una red de parientes a lo largo de la administración pública de Sonora y hasta federal.

En México, el poder suele verse como acceso a beneficios jugosos e inmediatos. No había sucedido en el INE.

Ahora un proveedor viaja, con un hijo de Taddei a París (¿se lo paga?) y ella utiliza una camioneta blindada BMW “prestada”. Sólo esto debería bastar para cuestionar su permanencia en el cargo. La lógica de que un puesto es una oportunidad para hacerse de un patrimonio ha colonizado nuevos territorios.

Desde 2023, la UIF investiga a siete de los proveedores consentidos del INE, ligados a quien habría organizado la fiesta de Taddei, por presunta simulación de competencia y uso de factureras. Siguieron recibiendo contratos del INE.

Hoy, barrer a los de arriba sólo puede ocurrir por instrucción expresa desde la cabeza. Para blindar la credibilidad del INE el gobierno debería actuar con contundencia.

Taddei no es empleada de Sheinbaum, sino presidenta de un órgano autónomo. Destituirla exige un juicio político, conmayoría absoluta en Diputados y dos tercios en el Senado. Tienen los votos. La vía corta sería la renuncia. Poco importa que Taddei la haya descartado, basta que las instituciones hagan su trabajo. Espero que el gobierno no vea en el escándalo una oportunidad. Un árbitro herido es más fácil de manipular.

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