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Berlín y Morena

Luis Rubio

La caída del Muro de Berlín en 1989 liberó a los países del este europeo que habían sido sometidos al bloque soviético desde el fin de la Segunda Guerra Mundial. Ese suceso creó una oportunidad única para comparar la forma en que cada una de esas "nuevas" naciones enfrentaba la necesidad de adecuarse a una nueva realidad tanto política y económica como geopolítica. Treinta y seis años después los contrastes son enormes. Algunas naciones se transformaron para avanzar con celeridad, en tanto que otras se estancaron o fueron menos exitosas. Por ejemplo, el PIB per cápita de Polonia pasó de 13 mil dólares en 1990 a precios constantes (PPP) a 44 mil en 2023, en tanto que el de Hungría pasó de 21 mil 400 a 40 mil 700 en ese mismo lapso, una sensible diferencia en ritmo de avance. ¿La diferencia? La combinación de un liderazgo preclaro y mejores políticas públicas.

Bajo ese rasero, México ha tenido una combinación terrible de pésimo liderazgo y malas políticas públicas y las consecuencias de esa diabólica conjugación no podrán ser más que patéticas.

Para el primer ministro polaco que lideró el proceso de reformas luego de la liberación de su país del régimen soviético, Leszek Balcerowicz, "La mayoría de los problemas son resultado de un mal arreglo político" pues "aun si fueran ángeles en el gobierno, que no es el caso, si no hay contrapesos en la forma de proponentes de gobierno limitado, la resultante será un giro hacia mayor estatismo y, en última instancia, hacia el estancamiento y crisis".

La experiencia de Francia en los últimos años es sugerente de la naturaleza del problema, aunque sus características sean muy distintas a las de México. Mientras que en nuestro país el poder se ha ido concentrando y el partido gobernante tiene capacidad de imponer su voluntad sin miramiento alguno en el Congreso, en Francia van cinco primeros ministros en sólo dos años, uno de los cuales acabó colapsándose en sólo catorce horas. Marc Le Chevallier, un experto en política francesa, reflexiona* sobre esta problemática así: en primer lugar, la Quinta República, fundada en 1958, fue creada para gobernar, no para deliberar, ergo, funciona sólo cuando un partido tiene mayoría parlamentaria. En segundo lugar, "en Francia negociar y ceder es considerado una debilidad". Finalmente, en tercer término, "el país se caracteriza por consideraciones ideológicas, donde se privilegian las ideas sobre la realidad". Consecuentemente, dice Chevallier, tiende a dominar el imperativo de satisfacer a la intelectualidad en lugar de atender las necesidades y demandas de la población. "De ahí que hable de la ausencia de sentido común".

Mucho de las características que describe Chevallier se pueden observar en la forma de conducirse y actuar de Morena. La ausencia de oposición funcional le ha permitido al partido gobernante imponer las preferencias del gobierno o de los intereses dominantes dentro del partido, pero la prospectiva no es benigna. En los meses pasados pudimos observar la forma en que se implementó la reforma judicial con acordeones para señalar el camino del bien, se modificó la ley de amparo y se aprobó la ley de ingresos, todo ello sin el menor debate o contemplación respecto a las potenciales consecuencias de ese actuar. Los objetivos e intenciones son evidentes y fueron presentados sin rubor, pero lo que importa al final del día no son las intenciones sino los resultados y esos están por verse.

El contraste entre la 4T en su segundo piso y el gobierno de Peña es interesante. Mientras que Peña ansiaba los reflectores y ya se imaginaba coronándose como el gran transformador de México, la presidenta Sheinbaum y su partido prefieren la penumbra y metas más bien modestas. Sin embargo, ambos lograron la aprobación de sus iniciativas sin debate ni resquemor alguno. Hoy es palpable el costo para el país de la estrategia de Peña Nieto, toda vez que prácticamente no ha sobrevivido ninguna de sus iniciativas señeras. La pregunta obvia es ¿por qué habrían de gozar un devenir distinto las iniciativas del gobierno actual? La ausencia de debate, producto tanto de nuestra cultura monopolista como de la desaparición de contrapesos tiene consecuencias y, tarde o temprano, inexorablemente se presentarán.

Parte del problema radica en la antinomia de objetivos que encarna Morena. Por una parte, su agenda político-ideológica le lleva a iniciativas como las de la reforma judicial y la virtual extinción del amparo; por otro lado, sus necesidades económicas exigen inversión privada para generar nuevas fuentes de recaudación fiscal. Estos objetivos quizá no eran contradictorios en la época de referencia para la mayoría de los morenistas (los setenta), pero hoy son absolutamente incongruentes. Quizá eso explique la voracidad de la estrategia implícita en la ley de ingresos para 2026, pues por más que se desearan mayores inversiones, de facto se reconoce que eso no va a ocurrir.

Al inicio de este nuevo año valdría la pena que el gobierno considere si es viable para sus propios objetivos proseguir con una estrategia que depende del apoyo popular pero que solo genera beneficios para su propia nomenklatura, los grandes beneficiarios de la obra pública y la burocracia. Parecería no ser un esquema conducente a un equilibrio estable.

* France's common sense vacuum.

ÁTICO

El inicio de un nuevo año obliga a reflexionar sobre lo observado y lo que viene, porque hay oportunidades pero falta capacidad de asirlas.

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