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Bestiario

Juan Villoro

Numerosas especies están en peligro de extinción; otras, en peligro de humanización. He aquí unos ejemplos.

El salmón drogado. Jack Brand, de la Academia Sueca de Ciencias Agrícolas, se sorprendió de la velocidad de nado y las nuevas rutas de los salmones salvajes. Analizó a los peces con criterio olímpico y no pasaron la prueba de antidoping, pues estaban forrados de cocaína.

Los salmones que se aburren en las granjas son menos sabrosos que los de río, cuya carne se tonifica al nadar contra corriente. Como los vicios humanos no tienen fin, es posible que, en vez de limitar la contaminación de los ríos, se ponga de moda comer salmón drogado.

La rata jazzista. Sabemos que las plantas crecen mejor si oyen a Mozart que a Led Zeppelin. En 2011, el Colegio Médico de Albany hizo un experimento parecido con ratas que fueron expuestas a dos variantes del sonido: "Para Elisa" de Beethoven y el jazz de Miles Davis. 36 animales optaron por la música clásica y cuatro por el jazz. Pero cuando probaron la cocaína, las preferencias se revirtieron. Lo interesante es que se trató de una conversión porque, una vez sobrias, siguieron adictas al jazz. La verdad, el experimento dice poco de las ratas y mucho de la especie que cambia de opinión con la mariguana, los ansiolíticos o el café con leche.

Lobos radiactivos. Desde hace cuarenta años la zona que rodea la planta nuclear de Chernóbil, en Ucrania, está prácticamente deshabitada. 4,200 kilómetros cuadrados se han convertido en un Jardín del Edén radiactivo. La ausencia de gente ha congregado a ciervos, bisontes y lobos grises. Estos últimos se han septuplicado a pesar de los niveles de radiación en el ambiente. Su genoma se ha vuelto resistente al cáncer. La tragedia los fortaleció. En un giro simbólico, resisten la contaminación que amenaza a sus depredadores.

El camello con bótox. Arabia Saudita celebra concursos de belleza en los que participan miles de camellos. En la edición de 2018, la bolsa de premios era de 57 millones de dólares, fortuna capaz de despertar iniciativas. Como la estética camella depende de la forma de los labios y el tamaño de las orejas, una nueva profesión ofreció sus servicios en el desierto: la cirugía plástica veterinaria. 12 camellos fueron descalificados por abusar del bótox y el bisturí, algo parecido a lo que podría suceder en la entrega de los Óscares.

El renunciante. El estado del planeta es tan crítico que hay animales que de plano se dan de baja. La ascidia o chorrito de mar encontró un remedio drástico para dejar de preocuparse. Su vida empieza bajo el agua en calidad de larva equipada con cola y sistema nervioso central, hasta que encuentra una roca donde establecerse; una vez ahí, se queda quieta, destruye su cerebro y sobrevive en un Nirvana inactivo. Su lema podría ser: "El que piensa pierde".

La mosca alcohólica. El ejemplo de la ascidia es demasiado radical para ser imitado. La mosca de fruta alivia sus cuitas de manera parecida a la nuestra: los machos que son rechazados por las hembras se entregan al alcohol. Galit Shohat-Ophir, del Instituto Médico Howard Hughes de Virginia, sostiene que la fruta fermentada ofrece una recompensa neuronal similar a la del sexo. En mi opinión, este científico tiene una visión demasiado simple de las moscas. El alcohol no sustituye al amor perdido, simplemente mitiga su despecho. Es posible que su tenue zumbido signifique: "Quien sepa de amores que calle y comprenda".

El orangután rencoroso. El ser humano ama tanto a los animales que quiere compartirles todos sus defectos. Pero algunas especies se nos adelantaron y explican lo que somos. El famoso orangután Ken Allen, que vivió en el zoológico de San Diego de 1971 a 2000, ofrece una clave al respecto. Encontró la manera de salir de su jaula con un solo objetivo: apedrear a Otis, su odiado rival. Una vez descargada la furia, se enjaulaba a sí mismo. Darwin volvió a tener razón: los primates son nuestro borrador.

El amigo búho. ¿En verdad entendemos a los animales? En 1997, un habitante de Devon, Inglaterra, se esforzó en imitar el canto del búho, con tal perfección que recibió respuesta. Durante numerosas noches "conversó" con la mascota de la sabiduría hasta que su esposa descubrió que quien respondía era otro hombre que, a su vez, estaba convencido de dialogar con un búho.

Suceda lo que suceda, en cada animal encontramos nuestro espejo.

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Escrito en: Mhoni Vidente Signo del zodiaco Horóscopo Astrología

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