Golpes letales. Los presuntos cargos —administrativos, civiles y penales— asignables a Guadalupe Taddei van más allá de los anticipados hasta ahora. Hay otros que tienen mayor trascendencia que, por ejemplo, los contratos al margen de la ley, las operaciones financieras simuladas y el “lavado” de dinero. Su paso por la presidencia del INE la involucra directamente, además, y con peores efectos, en los golpes letales de los últimos tres años de ese régimen a la Constitución liberal democrática que se dio la nación cien años antes.
Nuevos cargos. El inventario de faltas se extendería, así, a nuevos cargos: a su participación en el abatimiento de la república, establecida en 1824; la liquidación del estado democrático de derecho, en el que se avanzó en los 30 años anteriores a la llegada de AMLO a la presidencia; la farsa de la “elección” de los acordeones en el sistema judicial y su sometimiento poder político, ya con Sheinbaum, y la servidumbre perversa, esa sí, en la cuenta de Taddei, del otrora árbitro electoral autónomo. Éste podría ser el preludio de su aniquilamiento final, anunciado, de hecho, por el presidente del partido de López Obrador, en la campaña que — todavía manipuló, desde palacio— de la pasada elección federal.
Por algo se empieza. Es cierto que en casi todos estos hechos actuó bajo instrucciones, pero por algo se empieza. Porque también es cierto que ninguno de estos estropicios se corregiría con la sola remoción de Taddei. Ni siquiera, incluso, con su eventual prisión y remota vinculación a proceso.
Aturdimiento presidencial. Sin mayores elementos de juicio —y en espera del nombramiento definitivo por los diputados—, el hecho de que quien tomó su lugar provisionalmente haya ingresado al servicio público electoral todavía presidido por Lorenzo Córdova, podría haber sido visto como una buena señal. Pero enseguida la echó abajo la reacción presidencial de este martes. Frente al muladar que deja Taddei a la vista del país y del mundo, la Presidenta se muestra aturdida, jaloneada otra vez entre su primer impulso: dejar correr las investigaciones contra Taddei, y un nuevo jalón a las barrancas, probablemente de Palenque. Ella le “ordenó”, dijo, a la Auditoría Superior de la Federación —órgano técnico de la Cámara de Diputados— que revise la década de la gestión de ¡Lorenzo Córdova! Casi casi como preguntar cuánto gana Loret cada vez que Latinus da con otro blanco informativo.
Paradoja cruel. Más precisamente, la ya expresidenta del INE encabezó la fuerza de tarea del régimen para imponer en 2024 la actual sobrerrepresentación inconstitucional del oficialismo en la Cámara de Diputados: ese atraco que le dio a este régimen casi 20 por ciento más de los diputados que le correspondían. Decenas y decenas de votos parlamentarios —despojados a las oposiciones— para abrirle las contrarreformas encaminadas a configurar una dictadura. Y aquí una paradoja cruel. Esta misma mayoría camaral, inflada sin misericordia, por ella, procesa ahora su renuncia y arma su cadalso para proceder a la designación de la pieza de repuesto que la reemplazará.
Gato montés. Modesta versión de El Gatopardo de Lampedusa, la célebre novela de la transición del poder de la aristocracia a la burguesía y de su aún más célebre frase del príncipe Salina en el sentido de “cambiarlo todo para que nada cambie”. Cambiar a Taddei por una pieza de repuesto, sin modificar el resto del engranaje, seguro garantizará que nada cambie. Acaso un Gato Montés de sus serranías sonorenses.