Casa del Niño
Recién he estado en la Casa de Beneficencia de Torreón, a la que cariñosamente llamamos Casa del Niño. La conozco desde hace muchos años, quizá tantos como los que llevo a cuestas, pues su historia se remonta a hace más de un siglo. Siempre he pensado que aquello que logra trascender el tiempo lo hace porque ha sabido ser sensible a las consecuencias de la naturaleza humana.
La Casa del Niño ha acompañado, desde su fundación, a la niñez vulnerable, enfrentando la dolorosa verdad de que las carencias materiales y emocionales parecen un ciclo sin fin que marca la vida de millones de pequeños en el mundo.
Para quienes no la conocen, llegar a la Casa del Niño puede resultar sorprendente. Sus instalaciones evocan la sencillez de las antiguas escuelas: un gran patio con canchas deportivas y juegos infantiles, aulas ordenadas por grados, un salón de actos donde se celebran diversas actividades, una cocina que prepara los alimentos y, en este caso particular, habitaciones que se convierten en hogar durante toda la semana para los niños que ahí permanecen.
Las razones por las que los niños llegan son distintas: algunos son canalizados por instancias de gobierno, otros porque los abuelos que se convierten en tutores requieren apoyo para cubrir sus necesidades. Lo cierto es que todos son atendidos con esmero por Miss Mayoya, quien encabeza un equipo de personas entregadas que no sólo transforman su presente, sino que siembran esperanza en su futuro.
Tuve la oportunidad de conversar con quien será el próximo presidente del consejo de la Casa, Luis Felipe Rodríguez Wolf, joven abogado que junto a su familia ofrece lo más valioso que posee: su tiempo y sus conocimientos. Reconforta saber que los relevos generacionales son posibles y que la bondad del corazón humano sigue presente. No puedo dejar de mencionar la entrega y el amor de consejeros que han trabajado incansablemente por años; no nombro a ninguno en particular para evitar omisiones, pero todos ellos saben del aprecio y reconocimiento que reciben de quienes conocemos su labor.
Estoy convencida de que el cuidado de las infancias no corresponde únicamente a los padres. En el mejor de los casos, todos deberíamos cuidarlos: observar sus gestos, sus miradas, sus necesidades de afecto. Recordar lo que sentíamos en esa etapa que tendría que ser la más luminosa de la vida, porque ahí se sueña, se aprende, se reconoce la identidad en proceso. Es el tiempo de equivocarse y corregir, de jugar para descubrir triunfos y derrotas, de sorprenderse día tras día.
Luis Eduardo, un pequeño de siete años, tiene a su mamá enferma de cáncer. Sus tenis ya no le quedaban, porque los niños crecen todos los días. Escribió su carta al Niño Dios, como muchos de nosotros aprendimos a hacerlo, y pidió un uniforme y unos tenis. Así, cada uno de sus compañeros escribió con fe, esperanza y gratitud, y cada carta tuvo respuesta, incluso más de lo que pedían.Me maravilla constatar que la verdadera magia de la Navidad está en abrir el corazón, en mirar con cariño y consideración a los demás, en construir relaciones humanas empáticas y afectivas; no tanto en lo que se compra, sino en lo que se comparte.
Habrá quienes tengan recursos para apoyar, pero también hay quienes dan a pesar de sus propias carencias, quienes ofrecen lo que les sería útil para pasar el día. No se trata de comparar, sino de aceptar que cada quien da lo que puede y lo que quiere con lo que tiene.
Lo importante es subrayar los actos bondadosos, porque solemos enfocarnos en las malas acciones, en lamentarnos de lo “descompuesto” del ambiente social, en lugar de reconocer y resignificar el lado luminoso de tanta gente: desde la persona que al conducir te cedió el paso, la vecina que sin conocerte te llevó algo dulce, quien te ayudó a cargar una bolsa pesada, quien te llamó preocupado por tu salud, o quien confió en ti para ser el conducto de una obra buena. Es en todos esos momentos donde se encuentra la esperanza y el aliento para dejar este mundo un poco mejor de como lo recibimos. Ese, en esencia, es el gran compromiso de la Casa del Niño.
X: @mpamanes