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Ciudad al límite

ÁTICO

JUAN VILLORO

Sin un plan integral, el Cablebús en Milpa Alta puede desatar la especulación inmobiliaria en una alcaldía marcada por el ecocidio.

Milpa Alta ofrece un desafío para la democracia y la planeación urbana. Lo que suceda ahí en los próximos días determinará el futuro de una metrópoli que ha devastado la naturaleza.

El gobierno capitalino prepara la instalación de la línea 6 del Cablebús, la más larga de todas, con una extensión de 12.3 kilómetros, que irá de Tláhuac a Milpa Alta. El transporte público debe ser una prioridad de la vida urbana, pero también debe valorar su impacto social y ecológico.

Desde hace años, los nueve pueblos originarios de Milpa Alta protestan por la caótica y especulativa urbanización de su territorio. Juan Carlos Rulfo está por concluir un espléndido documental sobre el tema. Tuve oportunidad de ver un primer corte donde los pobladores ofrecen detallados testimonios de la forma en que el campo es sustituido por construcciones de monobloc. Esos precarios fraccionamientos son gran negocio para los desarrolladores. Rulfo registra la voz de un vendedor que ofrece lotes baratos sin servicios públicos (el cliente compra una esperanza: en algún momento, el gobierno convertirá ese arrabal en "ciudad").

La deforestación ha provocado que las sequías aumenten en Milpa Alta, pero si llueve, las partes urbanizadas se inundan porque las calles se asfaltaron sin drenaje apropiado; el agua, antes absorbida por la tierra, invade las viviendas.

Estamos ante uno de los grandes predicamentos de una ciudad donde el agua falta o sobra. Manuel Perló ha consagrado su vida académica al asunto. En su más reciente libro, La ciudad sumergida, comenta: "Lo que me parece catastrófico es que las inundaciones se 'normalicen'. Llama mucho la atención que durante los debates entre los candidatos al gobierno de la Ciudad de México existan escasas menciones al tema de las inundaciones. Como si eso no fuera un tema público o responsabilidad de los gobiernos". Milpa Alta forma parte de esta catástrofe crónica nunca atendida.

En lo que toca al Cablebús, las críticas no se refieren al transporte en sí mismo, sino a la especulación inmobiliaria que puede ocasionar en una alcaldía marcada por el ecocidio y la inescrupulosa venta de terrenos: "Si llegan esos transportes masivos, lo que tememos es que en unos años esto se vuelva una especie de Ecatepec, que todas nuestras zonas verdes se conviertan en concreto", comentó a El Sol de México uno de los pobladores, Alberto Cabrera, hijo de comuneros de San Pedro Atocpan.

El proyecto vial debería ir acompañado de un plan maestro que protegiera las zonas rurales y respetara las propuestas del Congreso Nacional Indígena y los nueve pueblos originarios. La solución está a la mano; sin embargo, en vez de atender las demandas de los distintos sectores de la zona, se ejercen prácticas unilaterales: el domingo 21 de diciembre se celebró una asamblea para avalar el Cablebús que excluyó a comuneros y agricultores; cuando quisieron participar, fueron recibidos con gas pimienta. Un simbólico grupo de asistentes aprobó a mano alzada un proyecto que afectará a 90 mil personas. Este simulacro de democracia aumentó las protestas y la decisión se pospuso para el 13 de enero. ¿La prórroga tiene como único fin "calmar las aguas" o servirá para incluir a todos los involucrados?

En sus célebres Principios de urbanismo, Le Corbusier observa que las "condiciones vitales" de una aglomeración urbana "están determinadas por las vías de comunicación", pero advierte que los medios de transporte tienen que ajustarse a "los elementos constitutivos de la región y principalmente a su geografía".

La ciudad que destruyó cinco lagos, entubó los ríos y contaminó el cielo ha llegado a un punto crítico. Milpa Alta no es el único foco rojo. En la última década, el 80 por ciento del territorio agrícola de Chalco fue absorbido por la mancha urbana. El maíz endémico de la región, con diez mil años de antigüedad, empieza a ser una reliquia. Los labriegos de San Pablo Atlazalpan han protestado por la venta de milpas en lotes de 120 metros cuadrados que han sido tomados en invasiones, por lo que se trata de un robo. Juan Rulfo vuelve a tener razón: en este país, la tierra se consigue por medio del despojo.

"No es posible emprender acción alguna si no se ajusta al destino armonioso de la región", señala Le Corbusier.

Lo que está en juego no es sólo la subsistencia de un modo de vida agrícola, sino el equilibrio ecológico de la ciudad.

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Escrito en: Ático Columnas Denise Dresser Editorial

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