EDITORIAL Columnas editorial Caricatura editorial

Columnas

Civitas

Guerra Cristera a la distancia

CARLOS CASTAÑÓN CUADROS

“Señores tengan presente lo que les voy a cantar, se levantaron en armas los de la Unión Popular”. Así empieza un famoso corrido sobre los duros años de la Guerra Cristera en México (1926 a 1929). Por estos días se cumplen 100 años del inicio de la Cristiada, el conflicto religioso que dividió a los mexicanos. En esos años la relación entre el estado y la iglesia terminó en violencia. En un afán de imponer el nuevo orden posrevolucionario, el gobierno al mando del presidente Plutarco Elías Calles confrontó a la Iglesia Católica y sus fieles (hasta la actualidad son mayoría en el país).

En pocas palabras generó un problema mayúsculo ahí donde no lo había. Si bien, la promulgación de la Constitución de 1917 tuvo un carácter marcadamente anticlerical en los artículos 3, 5, 27 y 130, a fin de limitar e imponerse a la iglesia, en los hechos su aplicación fue ambigua.

Calles, gran constructor de instituciones, materializó los artículos a través de reformas y reglamentaciones. Al conjunto jurídico se le conoció como “Ley Calles”y fue la gota que derramó el vaso.

Entró en vigor el 31 de julio de 1926 y en protesta la iglesia dejó de oficiar misa en los templos. Lo que siguió fue el levantamiento en armas de los cristeros bajo la forma de guerra de guerrillas. La Liga Nacional Defensora de la Libertad Religiosa asumió la guerra armada el 3 de agosto de ese mismo año.

No obstante, el conflicto entre el Estado y la Iglesia venía de tiempo atrás. El ambiente previo a la Cristiada lo dice todo. El 14 de diciembre de 1921 a las 10:30 de la mañana, la Basílica de Guadalupe sufrió un atentado bomba en el altar, justo al pie de la imagen de la Virgen, icono por excelencia de los mexicanos. La dinamita dañó el altar de mármol, destruyó cristales del templo, dobló un Cristo de bronce, mismo que se exhibe actualmente, pero milagrosamente la imagen de la Virgen de Guadalupe quedó intacta. Ante el temor de otro atentado, la iglesia mandó hacer una copia de la pintura y la original fue celosamente guardada en una casa a fin de proteger la imagen.

Hagamos un pausa y pensemos por un momento lo que significó para la iglesia y los fieles aquella afrenta del estado.

¿Se imaginan ser perseguidos por sus creencias religiosas, o peor aún, ser asesinado por ir a misa? Eso pasó en el México de los veintes. Acá no tuvimos una “Revolución Gloriosa”, ni una Ley de Tolerancia religiosa como en la Inglaterra de 1689. Tampoco se aplicó la célebre “Carta sobre la tolerancia” escrita por el filósofo John Locke en el mismo año en que la Corona protegió la libertad de creencia. En cambio el gobierno desató una persecución religiosa que terminó en 250 mil muertos. Calles fue el político brillante que construyó instituciones como el Banco de México y el Banco de Crédito Agrario. Al mismo tiempo resolvió la transmisión pacífica del poder a través de la creación de Partido Nacional Revolucionario, abuelo (aunque se enoje Javier García Diego), del PRI. Sin embargo, calculó mal su intransigencia hacia los católicos que en respuesta se levantaron en armas. Pensó que en poco tiempo se aplacaría el conflicto, mas la guerra se prolongó a lo largo de tres años y cimbró al estado mexicano.

El 13 de noviembre de 1927, el automóvil en que viajaba el general y candidato presidencial Álvaro Obregón por el bosque de Chapultepec, fue objeto de un atentado a balazos y dinamita. Ni una ni otra acabaron con la vida del militar. Los dos agresores fueron aprehendidos e inculparon al sacerdote jesuita Miguel Agustín Pro. A los diez días, sin probar las acusaciones ni mediar juicio, Calles mandó fusilar al padre Pro. Al siguiente año 1928, en el restaurante la Bombilla, el miembro de la Liga de la Defensa Religiosa, José de León Toral, asesinó al presidente electo Álvaro Obregón. Tras una estela de muerte e intolerancia, el presidente Emilio Portes Gil firmó los acuerdos de paz con la iglesia el 21 de junio de 1929. Sin embargo la infamia no terminó ahí, pues ese año asesinaron a los principales líderes cristeros. Hay más que decir pero se acaba el espacio, no sin antes recordar un par de corridos cristeros.

Valentín de la sierra canta: “Madre mía de Guadalupe por tu religión me van a matar”. Por su parte, en Zacatecas agarraron al caudillo cristero: “1928 presente por la ocasión, agarraron prisionero a Perfecto Castañón… les contestó con todo su corazón, sin duda que moriremos peleando la religión”.

Nos vemos en @uncuadros

Leer más de EDITORIAL

Escrito en: Civitas columnas editorial Carlos Castañón Cuadros

Comentar esta noticia -

Noticias relacionadas

Siglo Plus

+ Más leídas de EDITORIAL

LECTURAS ANTERIORES

Fotografías más vistas

Videos más vistos semana

Clasificados

ID: 2495219

elsiglo.mx