Son diametralmente opuestos. Por lo mismo, el contraste no puede ser mayor. Diariamente los estilos y el liderazgo entre Estados Unidos y China muestran las diferencias. El primero se impone a través de la guerra, propicia hacia los demás temor. Amenaza y no duda con mandar a las tropas. Es impaciente y a punta de golpes hace política. El segundo alienta el comercio y las inversiones a nivel mundial. La tecnología es su divisa. No tiene prisa y cultiva poco a poco sus objetivos. Cuida las palabras y el tono hacia las otras naciones.
Para el caso vale comparar las visiones del país milenario hacia América Latina y el Caribe. En sus documentos oficiales de política exterior se refiere a esta parte de mundo como una
"Maravillosa tierra llena de vitalidad y esperanza". Esa expresión contrasta con la visión estadounidense que desprecia a la región bajo una retahíla de palabras peyorativas y adjetivos denigrantes.
La política de China hacia América Latina reconoce la soberanía de los países y su "gloriosa tradición de independencia". Al mismo tiempo, ven en la región "perspectivas de desarrollo promisorias", además de ser una fuerza indispensable en el proceso multipolar mundial y la globalización económica. Su empeño internacional no está en los aranceles y las imposiciones, sino en su apertura a la economía global.
El tono hacia la región se expresa claramente en su documento sobre América Latina y el Caribe (ALC): "China está dispuesta a impulsar junto con ALC los cinco programas de la solidaridad, el desarrollo, las civilizaciones, la paz y los pueblos, planificar juntos para el desarrollo y la revitalización, y escribir juntos un nuevo capítulo de la construcción de la comunidad de futuro compartido China-ALC".
El propósito del gigante asiático hacia la región es llevar relaciones y cooperación en diversos campos para llevarlos a una nueva altura. La contraparte en el programa estadounidense habla abiertamente de intervenciones militares en caso de no convenir a sus intereses estratégicos. Panamá y Venezuela lo saben bien.
Pero vayamos más al norte. El Primer Ministro de Canadá, Mark Carney, realizó una visita oficial a China los días 14 al 17 de enero de 2026. Lo recibió Xi Jinping, Presidente de la República Popular China. Después de comprobar a puntapiés que Canadá no es igual y mucho menos relevante para Estados Unidos, en ese país tuvieron que atreverse a contradecir al vecino y buscar a China. Tras el encuentro, Canadá y China se comprometieron a impulsar la nueva Asociación Estratégica "con un espíritu de respeto mutuo, igualdad y beneficio mutuo para generar resultados más positivos para ambos pueblos". Como verán, el uso de las palabras cuenta. Dice un sabio de la política: cuida el tono.
Resulta irónico que tras la Segunda Guerra Mundial el país que impulsó el multilateralismo, es el mismo que ahora lo abandona para asumir de manera unilateral el poder. En palabras del magnate, se trata de una visión limitada solo por "mi propia moralidad". De esa forma Estados Unidos dejó 66 organizaciones multilaterales incluso, la Convención Marco de la ONU para el Cambio Climático, por considerarlas "inútiles" o "contrarias a los intereses de Estados Unidos". Sin embargo, los líderes europeos que se hincaron en la Oficina Oval, hoy se confrontan ante las amenazas de invasión hacia Groenlandia. En venganza, el mandatario gringo castigó con aranceles a ocho países europeos (Dinamarca, Noruega, Suecia, Francia, Alemania, Reino Unido, Países Bajos y Finlandia), que se atrevieron a levantar la voz. Quizá esa situación dé pie a una rebelión europea, o como en otras ocasiones, sólo terminen arrodillados ante el magnate. Al tiempo.
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