“I steal for the Crown” o Robo para la corona es una expresión atribuida a Sir Francis Drake, el pirata, corsario, navegante, verdugo de la Gran Armada es- pañola de Felipe II y súbdito leal y estor- boso de Isabel I de Inglaterra. Si no la dijo Drake, la pensó: asaltaba galeones y bu- ques de todos los pabellones en casi todos los mares, y sostenía que él no se enrique- cía en lo personal, sino que entregaba la totalidad de sus botines a su soberana. La confesión volvió a cobrar notoriedad en la Argentina de Carlos Ménem, cuando uno de sus ministros, explicando las acusacio- nes de corrupción en su contra, se justifi- có de esa manera.
En México, no existía ni la expresión ni la práctica. Los gobernantes, desde los años veinte hasta hace poco, o no robaban -y fueron muchos en esa situación- o roba- ban para sí mismos. No aspiraban a dar- le un arropamiento digno, altruista, noble a sus excesos. Cuando mucho inventaban eufemismos: “No pido que me den, sólo que me pongan donde hay”, o “Fulano no roba, solo se le pega el dinero”.
López Obrador y Claudia Sheinbaum han traído a México las costumbres clási- cas de la era isabelina, seguramente para bien del país. No se han atrevido todavía a afirmarlo abiertamente, pero casi. Los gobernadores del 2021, los secretarios amigos de Carmona, los Almirantes del huachicol, los tabasqueños venidos a bien, no saquean las arcas públicas, ni reciben dinero del narco, para enriquecimiento personal (salvo algunos: volveremos al ca- so). Roban para la transformación, es de- cir, roban para financiar las campañas propias y ajenas.
Gracias al mito de un López Obrador austero —no nos consta a quienes ignora- mos cómo vive hoy en Palenque— la 4T agregó una variante a la humildad y al desprendimiento asociados al robo para la corona. AMLO gastó de más, se tardó demasiado, construyó obras inservibles, su costo de oportunidad fue exorbitante, el daño patrimonial al Estado fue gigan- tesco y perenne, pero al fin allí están: Dos Bocas, Tren Maya, Tren Transístmico, AI- FA, Megafarmacia, Mexicana de Avia- ción. Muchos robaron a través de estas obras, pero AMLO el frugal no, y esa era la única manera de proceder.
Lo mismo sucede con Sheinbaum.
Ella, nos insisten, es austera; nunca roba- ría para su consumo o enriquecimiento personal. Supongamos. Y entonces todo el dinero que otros robaron o pactaron para su campaña en las primarias de Morena en 2023 —según denuncias de morenis- tas— fueron para la corona, o en mexica- no, para la causa. Ella no roba, otros ro- ban por y para ella. Sólo en la mente de ex- tranjeros ingenuos y de mexicanos cóm- plices cabe la idea de que eso no es corrup- ción.
Pero esta innovación nacional —que insisto: no nació ayer— siempre va acom- pañada de otras formas. La nueva varie- dad mexicana en otro capítulo consiste en el recurso a una defensa delirante: es con recursos personales. En otras palabras, se adquieren bienes o servicios caros, por parte de personalidades sin trayectoria fi- nanciera para acceder a esos lujos, no con dinero del erario, sino propio. O de terce- ros, amigochos. Son los viajes y los resto- ranes de López Beltrán, los vuelos de Ma- ra Lezama, los relojes de Adán Augusto y otros, los accesorios de muchos y muchas.
Nunca se aclara de dónde provinieron los “recursos personales” de unos y otros que permitieron un consumo suntuario que sus ingresos públicos no justifican.
Y luego viene la burla a la ley. Todos los integrantes de gobiernos democráticos del mundo, y muchos del ámbito autocrático también, se ven obligados a declarar y de- volver o entregar a un fondo los regalos a funcionarios que superen un monto deter- minado. Muchos presidentes y ministros de otros países han ido a la cárcel, o por lo menos han sido investigados, por violar es- tas normas. En México, todo es más opaco, o engañoso. Hasta 2017 la Ley General de Responsabilidades Administrativas de los Servidores Públicos preveía un monto má- ximo; a partir de ese año la nueva ley no lo menciona, pero igual prohíbe recibir rega- los. La ley de Quintana Roo prohíbe “bus- car o aceptar compensaciones, prestacio- nes, dádivas, obsequios o regalos de cual- quier persona u organización”.
La gobernadora de Quintana Roo ¿tie- ne recibos y facturas de los vuelos que “pagó” con “recursos personales”? ¿O la empresa Seguritech en realidad le “dispa- ró” sus paseos de madre abnegada? En el primer caso, será bueno que los hiciera públicos; en el segundo, cometió un delito al aceptar el “regalo” de sus amigos y con- tratistas.
Junto con la incompetencia, la corrup- ción es la marca de agua de la 4T. La vir- tud en apoyo a la corona no lo es menos que los viajes y los vinos. En México no se castiga a los corruptos, sólo a los chivos expiatorios —con algunas excepciones de los gobernadores del PRI bajo Peña Nieto.
Dudo que algo haya cambiado. A los que padecen insomnio, los invito a acom- pañarnos nuevamente en la pantalla, hoy a las 1110 de la noche en Azteca Uno: Tole- rancia cero.