El patrón se repite una y otra vez a lo largo de la historia: la lógica interna domina, al punto de cegar la vista hacia lo importante, a un costo devastador. Barbara Tuchman describe una historia tras otra en la que un gobernante acaba tan ensimismado en asuntos internos -de poder, de ambición o de agenda- que acaba ignorando el contexto en el que opera, llevándolo a perderlo todo. Los papas del Renacimiento se aferraron tanto a la política clientelar de Roma que provocaron el cisma de la Reforma protestante. El rey Jorge III de Inglaterra, sumido en sus batallas provincianas por el control del Parlamento, perdió de vista el potencial impacto de los impuestos sobre su imperio, provocando la independencia de las Trece Colonias. Lyndon Johnson, un político excepcional pero ignorante del mundo internacional, se concentró en su estrategia de bienestar, pero acabó hundido en Vietnam, nación que desconocía y donde encontró su tumba política. En cada caso, dice Tuchman, no faltaron llamadas de alerta para todos evidentes, pero los líderes no pudieron o no quisieron reconocer su trascendencia, acabando colapsados ante un contexto internacional que les era ajeno o al que no comprendían. Parece que México se enfila por esa misma senda.
Las señales de alarma están en todas partes y nadie las puede ignorar. El gobierno americano está en pie de guerra y considera que México está controlado por el crimen organizado y que prácticamente todo el aparato político está sometido a las organizaciones criminales. Su diagnóstico -correcto o no- ha sido publicado en textos y repetido hasta el cansancio por diversas autoridades, comenzando por el presidente Trump. No querer verlo y entenderlo traerá gravísimas consecuencias.
Argumentar soberanía puede resultar glorioso, pero la geografía y la realidad económica imponen evidentes límites a la retórica. Las exportaciones y las remesas son clave para la estabilidad social y económica y su importancia crece en la medida en que se deteriora la economía interna. Quizá más importante, resulta paradójico reclamar soberanía cuando se está protegiendo a delincuentes de acusaciones que provienen del exterior, lo que tiende a confirmar la veracidad de los cargos y la autenticidad del diagnóstico.
¿A quién se protege y con qué objetivo? Más al punto, ¿qué tan riesgoso es el camino emprendido? La estructura del poder dentro del partido gobernante es transparente y la defensa de la soberanía lo ratifica de manera cabal, pero a un costo que no puede ser más que excesivo no solo para el país, sino especialmente para el propio gobierno. Por más que el contexto político interno haya dominado la "estrategia" de comunicación desde que fallecieron los dos funcionarios de la CIA en Chihuahua, a ningún mexicano se le escapa que es el contexto político externo, el de la relación con Estados Unidos, el que entraña una trascendencia infinitamente superior. Seguir sumido en las grillas de Morena puede acabar desestabilizando al gobierno y al país. En términos prácticos, el gobierno americano tiene una infinita capacidad de disrupción legal, política y económica dentro de México. ¿Estamos retando al tigre?
La andanada retórica ha sido constante y sistemática desde el Poder Ejecutivo hasta todos los reductos partidistas, comenzando por el Legislativo. Se ataca a los estadounidenses, se les desprecia y califica como moralmente inferiores y se pretende construir una barrera a su actuar con palabras, insultos y ofensas. Además de ser ésta una pobre estrategia de comunicación, no hay forma de engañar a los mexicanos, desde el más modesto hasta el más encumbrado, ni mucho menos a los norteamericanos.
Todo mundo puede ver y leer el trasfondo porque éste es transparente: hay poderosos intereses en el partido gobernante que se sienten vulnerables frente a las recientes acusaciones y han optado por una escalada retórica para protegerse al amparo de una población a la que se recurre como coraza, pero no se le respeta como ciudadanía. ¿Alguien de verdad puede creer que una muralla retórica como ésta es susceptible de detener al presidente estadounidense en su cruzada por "limpiar" a la política mexicana?
Mucho más útil sería comenzar de nuevo. Hacer tabla rasa de la retórica reciente y enfocarse en la salida de esta crisis totalmente doméstica y autoinfligida. Una cosa es eliminar, neutralizar o hacer irrelevantes a las instituciones y organismos diseñados para conferirles certeza a los mexicanos como han venido haciendo los gobiernos morenistas y otra muy distinta es violar tratados internacionales como el de extradición que norma la relación en esta materia. Esconderse tras una retórica pueril que abusa de la población entraña rendimientos decrecientes en lo interno, pero riesgos crecientes frente al gobierno norteamericano, particularmente uno que no se intimida fácilmente y que sabe bien que México no es Irán.
Es tiempo de comenzar a reparar sobre costos y consecuencias y a definir prioridades con gran claridad porque el camino seguido en las últimas semanas conduce al cadalso. No es necesario ceder ante todo lo que demanden los americanos, pero la noción de superioridad y condescendencia que pulula la retórica inexorablemente llevará a concederlo todo.
ÁTICO
La escalada retórica frente a EU no conducirá a nada bueno: retar a Trump entraña el riesgo de que actúe exactamente como teme México.